
En el centro-este de Paraguay se extiende uno de los cuerpos de agua más emblemáticos de Sudamérica y, a la vez, uno de los grandes enigmas ambientales del Cono Sur. El Lago Ypacaraí, famoso mundialmente por la canción que lleva su nombre y por su valor paisajístico, se ha convertido también en un misterio que desafía tanto a la ciencia moderna como a los saberes ancestrales guaraníes. Desde hace décadas, el lago exhibe comportamientos atípicos: cambios abruptos en la coloración del agua sin causas aparentes, mortandad repentina de peces en grandes cantidades, proliferación cíclica de algas tóxicas y variaciones inexplicables en su equilibrio ecológico. Múltiples estudios técnicos han intentado ofrecer respuestas, pero el comportamiento del lago continúa mostrando patrones irregulares que desafían los modelos científicos aplicados.
Los testimonios de pobladores y turistas añaden una capa adicional al enigma. Muchos afirman haber presenciado cambios repentinos de color y olor en el agua en cuestión de horas, sin que mediaran lluvias ni vertidos visibles que los explicaran. Otros describen silencios inusuales en la fauna o reapariciones masivas de peces tras períodos prolongados de ausencia. Aunque estos relatos no sustituyen datos científicos, su recurrencia ha sido registrada por investigadores sociales como parte de la memoria colectiva asociada al lago. Incluso los especialistas más críticos reconocen que el Ypacaraí presenta comportamientos atípicos en comparación con otros lagos de características similares en la región, lo que convierte al lugar en una especie de laboratorio natural involuntario donde la ciencia aún no ha logrado dar respuestas definitivas.
Desde tiempos precolombinos, el Lago Ypacaraí ocupa un lugar central en la cosmovisión guaraní. Relatos ancestrales lo describen como un «agua viva», habitada por espíritus protectores y entidades que regulan su equilibrio. Según estas narraciones, cuando el lago «enferma» es señal de un desequilibrio entre la comunidad humana y la naturaleza, un mensaje que los chamanes interpretaban como llamado a la reconcialiación y al respeto. De hecho, la mitología guaraní señala que el Lago Ypacaraí era conocido antiguamente como Lago Tapaycua —fuente divina— y que en sus orillas Tũpã, el Dios supremo, modeló la arcilla de la que nacieron los primeros seres humanos guaraníes. Esta dimensión sagrada convive hoy con el turismo recreativo y los planes estatales de saneamiento ambiental.
El turismo cultural ha incorporado estos relatos como parte de la experiencia de visita, con guías que integran historia, ciencia y mito en recorridos que atraen a viajeros interesados en la dimensión más profunda del paisaje. Para Paraguay, el Ypacaraí representa una oportunidad de desarrollar un turismo de naturaleza y espiritualidad que lo diferencie dentro del MERCOSUR, siempre que logre mantener el equilibrio entre la explotación turística y la protección ecológica y cultural de un espacio que, para las comunidades guaraníes, jamás ha sido simplemente un recurso.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
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