
El 42,7% de la población padece algún trastorno del sueño, según datos oficiales del Ministerio de Salud Pública (MSP). El insomnio crónico, la automedicación y el uso de pantallas hasta tarde son las principales causas de una crisis que impacta en la salud física y mental. Los especialistas advierten que normalizar la fatiga es un error con consecuencias graves.
Son las dos de la madrugada y, una vez más, la cabeza no para. El cuerpo está agotado pero la mente sigue dando vueltas: el trabajo pendiente, los mensajes sin responder, las cuentas por pagar. La escena se repite noche tras noche en miles de hogares uruguayos, donde el sueño reparador se ha convertido en un bien cada vez más escaso. Lo que muchos consideran un mal menor o una simple consecuencia del estrés moderno es, en realidad, una epidemia silenciosa con consecuencias profundas para la salud física y mental.
El dato no es una percepción. En 2020, el Hospital Maciel junto a la Facultad de Medicina de la Universidad de la República realizaron una encuesta que fue actualizada post pandemia por el Ministerio de Salud Pública (MSP). El resultado fue contundente: el 42,7% de la población uruguaya presenta algún trastorno del sueño según informó la cartera en marzo de 2025.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya había encendido las alarmas a nivel global: al menos el 40% de la población mundial tiene dificultades para descansar adecuadamente. Uruguay, lejos de ser una excepción, se ubica en el pelotón de cabeza de esta epidemia silenciosa.
Por qué Uruguay se ubica a la cabeza de esta epidemia silenciosa
Que nuestro país lidere esta crisis no es fruto de la casualidad. Existe una combinación de factores biológicos, conductuales y socioeconómicos que empujan el reloj biológico de los uruguayos hacia la noche y lo chocan de frente con las exigencias de la vida moderna.
El primer factor es biológico y tiene que ver con el cronotipo, es decir, la preferencia innata de cada persona a estar activa o a descansar en determinados horarios. Los uruguayos, al igual que los argentinos, compartimos una predisposición genética a ser “búhos”: tenemos un pico de energía y alerta en la noche y una tendencia natural a acostarnos y levantarnos más tarde. La investigadora Bettina Tassino, bióloga e integrante del equipo de Cronobiología de la Facultad de Ciencias de la Udelar, ha documentado esta característica en un estudio publicado junto a la investigadora argentina María Juliana Leone. Su trabajo confirma que los uruguayos presentan un cronotipo marcadamente tardío en todos los grupos etarios, desde la infancia hasta la adultez. El problema surge cuando ese reloj biológico “atrasado” choca con las rígidas exigencias sociales, como los horarios escolares tempranos o las jornadas laborales que comienzan a las 8 de la mañana. La misma investigación detectó que esta lucha afecta al 21% de los estudiantes, que literalmente viven con privación crónica de sueño.
El segundo factor es el abuso de las pantallas, que amplifica esa predisposición biológica. La evidencia científica es clara: un estudio publicado en 2023 en la revista Frontiers in Psychiatry reveló que usar una pantalla durante una hora después de acostarse eleva el riesgo de insomnio en un 59% y reduce el tiempo total de sueño en 24 minutos. La luz azul que emiten celulares, tablets y computadoras inhibe la producción de melatonina, la hormona que induce el sueño, retrasando aún más el inicio del descanso. Este hábito, profundamente arraigado en la cultura local, convierte una leve tendencia biológica en un problema de salud masivo.
El tercer factor es estructural y económico. Un metaanálisis publicado en 2023 que abarcó 11 países latinoamericanos, liderado por investigadores de la Universidad de San Martín de Porres (Perú), demostró una asociación directa entre el bajo nivel socioeconómico y los trastornos del sueño. Factores como los bajos ingresos (con un odds ratio de 1,26) y, especialmente, el desempleo (con un odds ratio de 2,84) fueron identificados como los más determinantes. La inestabilidad laboral y la preocupación por llegar a fin de mes son potentes enemigos del sueño reparador.
Por último, Uruguay no es una isla, sino que comparte hábitos culturales con sus vecinos, donde el mal dormir es endémico. Un análisis de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) mostró que la carga de enfermedad atribuible al sueño es altísima en toda la región. En Brasil, esa cifra asciende a 1.380 años de vida saludable perdidos por cada 100.000 habitantes. En Chile, el 66% de la población reporta ronquido habitual y el 38% sufre de insomnio, los índices más altos en una comparación de cuatro ciudades latinoamericanas.
El insomnio crónico y la tentación de la pastilla
Dentro de ese 42,7%, hay un grupo que sufre la forma más severa del mal. Según el relevamiento del MSP, el 27,7% de quienes tienen trastornos del sueño padecen insomnio crónico, lo que significa dificultad para iniciar o mantener el sueño, o despertarse temprano cuando aún hay oportunidad de dormir.
Frente a esa angustia nocturna, muchos uruguayos toman un camino riesgoso: la automedicación. El estudio oficial reveló que el 12,5% de los encuestados reconoció consumir psicofármacos por cuenta propia para poder dormir, utilizando ansiolíticos o hipnóticos sin prescripción médica. Un porcentaje que los especialistas consideran subregistrado, porque no todos admiten esta práctica.
La brecha de género que se cuela en la cama
El descanso no es igual para hombres y mujeres. El mismo estudio del MSP detectó una diferencia significativa en las horas de sueño: los varones duermen en promedio 7 horas y 50 minutos, mientras que las mujeres apenas alcanzan las 7 horas y 35 minutos. Esos quince minutos de diferencia no son casuales.
El informe oficial atribuye esta brecha a que las mujeres suelen asumir mayores responsabilidades de cuidado de otros y tareas del hogar, lo que reduce su tiempo de descanso y fragmenta la calidad del sueño.
Pantallas que roban el sueño de los más chicos
Si la situación es preocupante en adultos, en niños alcanza niveles alarmantes. Un estudio realizado en 2022 en tres centros de salud de Montevideo, a cargo de los investigadores Carámbula, Formoso, Gómez Barreiro, Guttds Costa y Ros, arrojó que el 53,9% de los niños encuestados presentaba algún trastorno del sueño. Los más frecuentes fueron la excesiva somnolencia diurna y la alteración del ciclo vigilia-sueño.
La investigación, desarrollada por el Departamento de Neuropediatría de la Facultad de Medicina de la Udelar, encontró una fuerte asociación entre esta realidad y el uso de pantallas luego de las 20:00 horas.
Apnea obstructiva: el trastorno que va más allá del ronquido
Entre los trastornos del sueño más frecuentes, ocupa un lugar destacado el síndrome de apneas e hipopneas obstructivas del sueño (SAHOS). Una investigación publicada en 2023 en la Revista Uruguaya de Medicina Interna, a cargo de Andrea Vaucher, Gustavo Bruno, Eugenia Thomas y otros especialistas, estudió la prevalencia de este síndrome en pacientes con obesidad pertenecientes a un hospital público de Montevideo. Los resultados fueron contundentes: se evidenció una prevalencia de SAHOS del 69%, distribuida en 43,3% leve, 23,9% moderada y 32,8% severa. El estudio también demostró la asociación de este síndrome con hipertensión arterial, diabetes tipo 2 y otros factores de riesgo cardiovascular.
La apnea obstructiva del sueño, que se caracteriza por pausas en la respiración durante la noche, también fue señalada por la Clínica Mayo como una causa frecuente de falta de sueño reparador y un factor que puede aumentar el riesgo de hipertensión y otras afecciones cardíacas.
Los riesgos de dormir mal: una lista concreta de lo que el cuerpo paga cada noche
Los especialistas coinciden en que normalizar la falta de sueño es un error con consecuencias acumulativas. Los trastornos del sueño no solo afectan el descanso nocturno, sino que impactan en prácticamente todos los sistemas del organismo. La evidencia científica, recogida por instituciones como la Clínica Mayo y la American Heart Association, permite enumerar los problemas de salud directamente asociados a la privación crónica de sueño:
- Enfermedades cardiovasculares: la falta de sueño regular aumenta el riesgo de presión arterial alta, enfermedad coronaria y accidente cerebrovascular. Dormir menos de seis horas diarias eleva significativamente la probabilidad de sufrir un evento cardíaco.
- Trastornos metabólicos: la privación del sueño altera las hormonas que regulan el apetito y el metabolismo, lo que se traduce en mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y colesterol elevado.
- Debilitamiento del sistema inmunológico: durante el sueño profundo el cuerpo produce citoquinas, proteínas que combaten infecciones e inflamaciones. Dormir mal reduce las defensas y aumenta la susceptibilidad a resfriados y otras enfermedades.
- Deterioro cognitivo y de la memoria: el sueño es fundamental para la consolidación de la memoria y el aprendizaje. La falta de descanso afecta la concentración, la toma de decisiones y la capacidad de retener información.
- Trastornos del estado de ánimo: el insomnio crónico duplica el riesgo de desarrollar depresión y ansiedad. La irritabilidad, los cambios de humor y la falta de energía son consecuencias directas.
- Reducción de la esperanza de vida: un estudio publicado en diciembre de 2025 por investigadores de la Universidad de Ciencias y Salud de Oregón concluyó que la falta de sueño afecta más a la longevidad que la dieta o el ejercicio, y solo el tabaquismo muestra una relación más estrecha con la mortalidad.
Recomendaciones para recuperar el sueño perdido
Frente a esta epidemia silenciosa, el Ministerio de Salud Pública emitió en marzo de 2025 un comunicado con pautas claras para mejorar la calidad del descanso. Los especialistas en medicina del sueño coinciden en que pequeñas modificaciones en la rutina diaria pueden marcar una gran diferencia. Estas son las recomendaciones principales:
- Establecer un horario fijo para acostarse y levantarse, incluso los fines de semana. La regularidad ayuda a sincronizar el reloj biológico interno.
- Crear un ambiente propicio para dormir: la habitación debe ser oscura, silenciosa y mantenerse a una temperatura agradable. Utilizar cortinas blackout y tapones para los oídos si es necesario.
- Reservar la cama solo para dormir y para las relaciones sexuales. No comer, trabajar o ver televisión en la cama. El cerebro debe asociar la cama exclusivamente con el descanso.
- Apagar las pantallas al menos una hora antes de acostarse. La luz azul de celulares, tablets y computadoras inhibe la producción de melatonina, la hormona que induce el sueño.
- Evitar comidas pesadas, cafeína y alcohol en las horas previas a dormir. La cafeína puede permanecer en el organismo hasta seis horas, y aunque el alcohol ayuda a conciliar el sueño inicialmente, fragmenta las fases profundas del descanso.
- Realizar actividad física regularmente, pero no intensa justo antes de acostarse. El ejercicio mejora la calidad del sueño, siempre que se realice al menos tres horas antes de ir a la cama.
- Limitar las siestas a 20 o 30 minutos durante la tarde. Las siestas largas o cercanas a la noche pueden dificultar el sueño nocturno.
- Exponerse a la luz natural durante el día, especialmente en la mañana. Esto ayuda a regular el ritmo circadiano y a mantener alerta durante las horas de actividad.
Las horas de sueño recomendadas varían según la edad, según el MSP: niños de 6 a 12 años necesitan entre 9 y 12 horas; adolescentes de 13 a 18 años, entre 8 y 10 horas; adultos menores de 65 años, entre 7 y 9 horas; y mayores de 65 años, entre 7 y 8 horas.
La doctora Ana Mieres, médica y directora técnica de UCM Falck, lo explicó en una entrevista publicada por El País en julio de 2025: “Dormir bien es como recargar el sistema operativo del cuerpo. Sin eso, todo empieza a fallar”. Sus palabras resuenan como una advertencia en medio de la epidemia silenciosa que ya afecta a cuatro de cada diez uruguayos. La evidencia está sobre la mesa; ahora resta saber si la sociedad y las autoridades están dispuestas a priorizar el descanso como un pilar fundamental de la salud pública.
Fuente de esta noticia: https://www.xn--lamaana-7za.uy/actualidad/la-epidemia-silenciosa-el-40-de-los-uruguayos-sufre-trastornos-del-sueno/
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