
La agenda de ciencia y tecnología en el Mercosur está mostrando una reactivación visible, con movimientos recientes en cooperación regional, innovación aplicada y fortalecimiento institucional que permiten leer una tendencia clara: la región quiere dejar de mirar la tecnología solo como consumo y empezar a tratarla como política estratégica. Brasil abrió esta semana consultas públicas sobre los acuerdos del Mercosur con Vietnam y Corea del Sur, un paso relevante porque esos procesos no solo afectan comercio, sino también transferencia tecnológica, cadenas de valor y capacidad de inserción internacional. En paralelo, el CNPq mantiene activa la convocatoria del Programa de Cooperación Latino-Americana y Caribeña en Ciencia, Tecnología e Innovación – PROSUL Pepe Mujica, actualizada el 25 de marzo, mientras sigue en marcha la edición 2025 del Premio Mercosur de Ciencia y Tecnología, que refuerza la idea de una agenda regional que intenta ordenar incentivos, cooperación y reconocimiento a la investigación.
Brasil aparece hoy como uno de los países más activos en la dimensión regional de esta agenda, y no solamente por tamaño. La consulta pública lanzada por el MDIC sobre los acuerdos del Mercosur con Vietnam y Corea del Sur muestra que la política comercial brasileña está pensando en dos modelos distintos de inserción internacional, uno más amplio y otro preferencial, según el socio. Eso es importante para ciencia y tecnología porque la inserción externa ya no se define solo por aranceles o exportaciones tradicionales, sino también por qué tipo de industria, innovación y conocimiento puede circular con esos acuerdos. Al mismo tiempo, la continuidad del PROSUL Pepe Mujica bajo coordinación del MCTI/CNPq reafirma una apuesta brasileña por cooperación científica latinoamericana y caribeña, algo que tiene valor político en una región donde muchas veces la integración avanza más rápido en el discurso que en los laboratorios, universidades y centros de investigación.
Argentina, por su parte, está dejando señales más vinculadas a prioridades tecnológicas concretas y a reorganización institucional. La convocatoria ECOS-Sud 2026, publicada hace dos semanas por el área oficial de Ciencia, incluye entre sus prioridades sectores como agroindustria, energía y minería, economía del conocimiento, salud e innovación, además de tecnologías transversales como inteligencia artificial, biotecnología, nanotecnología, tecnología espacial y satelital, y tecnologías de la información y la comunicación. Ese recorte es relevante porque deja ver qué entiende hoy el Estado argentino por sectores estratégicos. A la vez, la Resolución 50/2026 formalizó una designación dentro de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, y aunque sea una medida administrativa, confirma que la estructura institucional sigue en movimiento. La noticia de fondo en Argentina no es una sola invención puntual, sino la tentativa de alinear ciencia, digitalización e innovación con sectores productivos de alto impacto.
Uruguay está mostrando una línea distinta, más apoyada en cooperación académica y en construcción de ecosistema innovador. El Ministerio de Educación y Cultura difundió a fines de enero una actividad de cooperación científica entre países hermanos, en la que se presentó el nuevo Programa de Cooperación Latinoamericana y Caribeña de Ciencia y Tecnología Pepe Mujica a través de la AUGM, con financiamiento para proyectos científicos orientados a investigación e innovación. Además, el portal oficial Uruguay Innova sigue funcionando como vitrina de actividades y conmemoraciones vinculadas a creatividad, innovación y desarrollo sostenible. El caso uruguayo importa porque muestra una estrategia menos basada en escala industrial y más en redes, conocimiento y articulación institucional, una fórmula consistente con el tamaño del país y con su perfil de servicios, educación y economía del conocimiento.
Si se observa el mapa completo, aparece una conclusión bastante clara: la región todavía está lejos de una verdadera política tecnológica integrada, pero hay señales de convergencia que no conviene subestimar. Brasil empuja cooperación regional y acuerdos externos que pueden influir en tecnología e industria; Argentina identifica sectores estratégicos y tecnologías prioritarias; Uruguay insiste en redes científicas e innovación como política pública. Lo que falta sigue siendo lo más difícil: convertir esos movimientos dispersos en una agenda del Mercosur con escala suficiente para competir, producir conocimiento propio y reducir dependencia tecnológica. La existencia del Premio Mercosur de Ciencia y Tecnología y de programas regionales de cooperación es valiosa, pero también recuerda una carencia: todavía hay más instrumentos de articulación que resultados visibles para el ciudadano común.
La lectura crítica, entonces, es doble. Por un lado, sí hay movimiento, y sería erróneo decir que el Mercosur está quieto en ciencia y tecnología. Por otro, la región sigue comunicando mejor sus convocatorias, premios y estructuras que sus impactos concretos sobre empleo tecnológico, patentes, innovación aplicada o mejora cotidiana de la vida de la gente. Para que esta agenda gane densidad política real, necesita menos fragmentación, más continuidad y una narrativa más clara sobre para qué sirve la inversión científica regional. Porque en un mundo atravesado por IA, semiconductores, biotecnología, transición energética y plataformas digitales, la ciencia y la tecnología dejaron de ser un lujo académico: son parte del núcleo del poder económico y estratégico.
Fuentes: MDIC y CNPq de Brasil, portal oficial de Ciencia de Argentina, y MEC/Uruguay Innova de Uruguay.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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