En Paraguay, una de las historias más duras y más relevantes para entender la relación entre turismo, herencia ancestral y memoria territorial sigue siendo la de los Maká. Una crónica reciente de Associated Press documentó que esta comunidad continúa disputando la propiedad de un territorio prometido por decreto en 1944 y nunca delimitado con claridad. El conflicto no es sólo legal: afecta un espacio considerado sagrado por los Maká y ligado a sus muertos, a sus trayectorias históricas y a un modo de recordar el territorio que choca con las exigencias administrativas del Estado moderno. Aquí surge un hecho verdaderamente inquietante, no por sobrenatural sino por su fuerza simbólica: las autoridades han puesto en duda la legitimidad de antiguos enterramientos porque no presentan marcas funerarias en el formato occidental esperado. Es decir, una cultura entera puede ver cuestionada su memoria material porque sus muertos no encajan en el diseño burocrático del cementerio reconocible. Para cualquier proyecto de turismo cultural serio en Paraguay, esta noticia debería ser central. El Chaco, el Pantanal paraguayo y otros espacios de fuerte densidad indígena aparecen cada vez más en discursos de conservación y turismo de naturaleza, incluso dentro de marcos patrimoniales de UNESCO; pero la disputa Maká recuerda que no existe turismo patrimonial legítimo donde la relación ancestral con la tierra sigue jurídicamente irresuelta. Antes de vender “autenticidad”, el país tiene pendiente reconocer que esa autenticidad también es reclamo, pérdida y duelo.
Lo más notable de la historia Maká es que concentra, en una sola trama, casi todos los dilemas contemporáneos del Mercosur cultural. Por un lado, la comunidad desea preservar lengua, cantos, relatos y una relación no museificada con su espacio; por otro, la urbanización, las inundaciones, la infraestructura y los usos estatales del suelo han ido deshilachando ese vínculo. AP recogió además el dolor de los mayores por la pérdida de acceso a lugares de entierro y la sensación de que ciertos aspectos de la tradición se están borrando en la transmisión intergeneracional. Ese testimonio tiene un valor enorme porque desmonta una idea cómoda del turismo étnico: no toda cultura ancestral está en condiciones de “ofrecer experiencias” cuando aún lucha por probar que su memoria territorial existe. Y aquí aparece otro elemento que alimenta dudas y relatos: entre los Maká persiste la convicción de que el territorio conserva señales de presencia aun cuando el ojo externo no las reconoce. Para el visitante foráneo, un campo sin lápidas puede parecer vacío; para la comunidad, puede ser un archivo sagrado completo. Esa diferencia perceptiva es uno de los grandes enigmas del patrimonio en Sudamérica: lo que no se ve no necesariamente está ausente. En términos periodísticos, esta es una noticia de actualidad porque no habla sólo del pasado indígena paraguayo, sino de una disputa viva que condiciona cómo el país podrá narrar su turismo cultural en adelante.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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