
El papa León XIV lamentó este lunes el “dolor colectivo” de los pueblos afectados por la guerra e instó a los gobernantes a escuchar “el grito de tantos niños inocentes”, durante una vigilia por el Jubileo de la Consolación.
“Queridos amigos, así como existe el dolor personal, también en nuestros días existe el dolor colectivo de pueblos enteros que, aplastados por el peso de la violencia, del hambre y de la guerra, imploran paz. Es un grito inmenso, que nos compromete a rezar y actuar para que cese toda violencia y para que quienes sufren puedan recuperar serenidad”, defendió el pontífice estadounidense.
Acto seguido, sostuvo la necesidad de demostrar o transmitir que “la paz es posible” y que puede “brotar” de cada persona.
“Que los responsables de las naciones escuchen particularmente el grito de tantos niños inocentes, para garantizarles un futuro que los proteja y los consuele”, imploró.
El papa presidió este lunes en la basílica de San Pedro la vigilia de oración por el Jubileo de la Consolación, un acto enmarcado en este Año Santo dedicado al dolor y al perdón.
“En medio de tanta prepotencia, estamos seguros, Dios no dejará que falten corazones y manos que lleven ayuda y consolación, constructores de paz capaces de animar a quienes están en el dolor y la tristeza”, auguró.
En este sentido, León XIV defendió el perdón como “un fruto de la acción de Dios” que pone “fin al mal y establece la justicia”.
“El dolor no debe generar violencia; la violencia no es la última palabra, porque es vencida por el amor que sabe perdonar. ¿Qué mayor liberación podemos esperar alcanzar sino la que proviene del perdón, que por gracia puede abrir el corazón a pesar de haber sufrido toda clase de brutalidades?”, se preguntó.
Y respondió: “La violencia padecida no puede ser borrada, pero el perdón concedido a quienes la generaron es una anticipación en la tierra del Reino de Dios”.
En esta celebración jubilar se escucharon las experiencias de dos mujeres que han perdonado o, al menos, han tendido la mano a los agresores que cambiaron sus vidas para siempre.
Una fue Diane Foley, la madre de James Foley, el reportero estadounidense secuestrado y decapitado por los yihadistas de Estado Islámico en la Siria de 2014; la otra fue Lucia Di Mauro, viuda de un guardia jurado al que un grupo de muchachos mataron en Nápoles en 2009.
Fuente: EFE
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