
POR CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
El pasado 27 de febrero se cumplió un aniversario más de la violenta partida del abogado penalista JESUS MARIA VALLE, brillante,comprometido, valiente e íntegro defensor de los derechos humanos, un hombre apacible y bueno al decir de quienes lo conocieron de cerca, natural del municipio de Ituango, vereda La Granja en Antioquia, donde nació el 1 de febrero de 1943, y, como lo anoté al comienzo, asesinado el 27 de febrero de 1998 en Medellín.
Jesús María se hizo incómodo, demasiado incómodo para algunas figuras de poder, quienes fueron a la postre las que lo condenaron a muerte. Sin que le temblara la voz denunció públicamente la existencia de vínculos espurios entre los grupos paramilitares y las fuerzas armadas, complicidades asesinas que llevaron a masacres como las de El Aro y La Granja. Lamentablemente sus denuncias llevaron a que el por entonces gobernador de Antioquia , un sujeto con cara de seminarista, pero alma tenebrosa, sobre el que recaen hoy más que nunca las sospechas de ser uno, cuando menos, si no el principal, de los determinadores de su asesinato: El hoy expresidente, exsenador y expresidiario ALVARO URIBE VELEZ, se convirtiera en uno de sus principales y más temibles detractores
La historia dice que lo asesinaron los paramilitares, pero recientemente en una entrevista difundida a través del sistema de radio y televisión colombiana RTVC, el señor CARLOS JARAMILLO, testigo presencial del asesinato del defensor de derechos humanos y amigo personal del occiso, declaró ante Hollman Morris, brillante periodista, director de RTVC, que el asesino del abogado antioqueño no fue otro que el coronel JORGE ELIECER PLAZAS ACEVEDO, oficial de inteligencia del ejército, cuyo rostro, grabado en su cerebro con el terror y el dolor que lo embargaron ese luctuoso día, vino a reconocer cuando por el año 2014 su fotografía salió en el diario El Espectador como uno de los responsables de la muerte del humorista JAIME GARZÓN.
Todo un montaje de falsos testimonios se urdió con el fin de ocultar la identidad del asesino y obstaculizar el camino hacia la revelación de los autores intelectuales del crimen que conmocionó al país en una época aciaga en la que muchas valiosas personas fueron asesinadas para acallarlos e intimidar a quienes defendían, como Valle lo hizo, los derechos humanos en este país, por entonces convertido en un repugnante lodazal de sangre.
Como Jesús María Valle fueron muchos los colombianos que fueron ultimados en esos tiempos tormentosos, gente valiente y valiosa, lo reitero, pero que, por fortuna para este país, parece que nuestra tierra produce con mucha frecuencia.
A cargo de la investigación por el homicidio de Jesús María estuvo el prestigioso abogado Dr. Iván Velásquez Gómez quien también fuera víctima de persecución, seguimientos, amenazas y chuzadas durante el peligroso mandato del arriba señalado ALVARO URIBE VELEZ. No obstante, las cualidades innegables, el compromiso y dedicación del fiscal Velásquez y pese a que logró involucrar a cerca de 10 sospechosos, la investigación se enredó y se fue quedando en la impunidad, pese a que el crimen fue marcado como de lesa humanidad por la Fiscalía.
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La Historia detrás del hombre
Hombre recio, nacido como uno de los diez hijos de una familia campesina conformada por Jesús Valle y María Jaramillo, pasó parte de su infancia en el municipio de La Granja, posteriormente su familia acosada por la pobreza migró en busca de mejores oportunidades a Medellín, donde estudió en el Liceo Antioqueño distinguiéndose como un activo y comprometido líder estudiantil y culminando sus estudios de derecho en la Universidad de Antioquia, después ejerció como concejal de Ituango, diputado en la Asamblea departamental y profesor de Ética Profesional, de Derecho Procesal y Probatorio Penal y de Oratoria Forense en su alma mater y en las otras tres facultades más importantes de Derecho de Antioquia y en 1979 fue uno de los fundadores del Comité Permanente de Derechos Humanos de Antioquia, en cuya presidencia sucedió en 1987 ni más ni menos que al inmolado médico Héctor Abad Gómez. Jesús maría fue también miembro del Consejo Directivo y presidente del Colegio Antioqueño de Abogados y fundador y presidente del Colegio de Abogados Penalistas de Antioquia.
Desde esa tribuna, entre los años 1989 y 1992 Jesús María Valle, se convirtió en una poderosa voz de denuncia en contra del paramilitarismo y de las masacres y asesinatos de líderes sociales, sindicales y campesinos y dirigentes de la Unión Patriótica, así como de los abusos de la fuerza pública en contra de muchachos de barrios marginales de Medellín.
Y tristemente sus actividades empezaron a llamar la atención de sectores radicales y oscuros de la sociedad antioqueña, ya, por entonces, marcada por el narcotráfico., al punto de que lo declararon “objetivo militar”.
Sus denuncias lo llevaron a interactuar en 1994 con el entonces gobernador ALVARO URIBE VELEZ, quien desde esa época se encontraba involucrado en una narrativa donde primaba la lucha por recuperar la “seguridad” que pretendía alcanzar con apoyo de unas empresas de seguridad privada que dio en llamar las CONVIVIR y que fueron el acta de nacimiento de las criminales Autodefensas.
URIBE VELEZ se convirtió, ya lo veremos, en uno de los principales detractores del abogado Valle.
Entre 1996 y 1998 Jesús María desarrolló una intensa actividad buscando se investigaran las masacres de El Aro y La Granja, entre otros hechos criminales que llenaron de dolor a las comunidades más vulnerables del departamento, volviéndose incómodo a los ojos de los determinadores de dichas acciones violentas, hasta que el día 27 de Febrero de 1998 un grupo de tres sicarios lo acribilló en su oficina, hecho del cual se culpó por muchos años a la banda la Terraza y se condenó a Álvaro Gómez Mesa y Jorge Eliécer Rodríguez Guzmán como autores materiales, señalándose como autor intelectual al funesto CARLOS CASTAÑO, comandante general de las autodefensas campesinas de Colombia (AUC).
Habiendo denunciado a comienzos de 1996 el sucio maridaje entre las autodefensas de Carlos Castaño y las fuerzas armadas ante el señor Uribe Vélez y los indicios de que se preparaba una masacre en su pueblo natal (La Granja- Ituango), lo único que consiguió fue que Uribe lo expusiera públicamente ante los medios, lo señalara y lo etiquetara como un crítico acerbo de las “heroicas” Fuerzas Militares, Seis meses después las Autodefensas perpetraron la masacre anunciada asesinando a cinco humildes campesinos y provocando un desplazamiento masivo de ciudadanos aterrorizados.
El asunto volvió a repetirse en El Aro, pese a las advertencias de Jesús María al inicuo y negligente gobernador. El 27 de agosto de 1997 en un acto de conmemoración del asesinato de su amigo Héctor Abad, declaró: «Yo siempre vi y así lo reflexioné que había como un acuerdo tácito o como un ostensible comportamiento omisivo, hábilmente urdido entre el comandante de la IV Brigada, el comandante de la Policía de Antioquia, el Gobernador Álvaro Uribe Vélez, el doctor Pedro Juan Moreno y Carlos Castaño. Todo el poder de los grupos de autodefensa se ha consolidado por el apoyo que ese grupo ha tenido con personas vinculadas al gobierno, al estamento castrense, al estamento policivo y a prestantes ganaderos y banqueros del departamento de Antioquia y del país”.
En ese mismo discurso se refirió a las autodefensas: «Esas fuerzas se fueron ubicando en los perímetros urbanos y generaban un estado de terror y de zozobra, y los campesinos caían asesinados; mientras que en las veredas y los corregimientos mataban a los dueños de las tiendas comunitarias. Eso ocurrió en el Norte, en el Oriente, en el Occidente… Aquellos maestros que protestaron por esos asesinatos y masacres, fueron perseguidos, desaparecidos y asesinados…. Y los médicos que iban a las veredas y a los corregimientos a atender a los enfermos con mucho esfuerzo, también fueron perseguidos, amenazados, asesinados y desaparecidos (…). Aparecían fuerzas oscuras que reemplazaban al alcalde… los comandantes. Los militares, los paramilitares y las Convivir se confunden en los uniformes, en las sedes y en los vehículos que utilizan. Eran paramilitares, Convivir, autodefensas…”
«…y se fue tornando ambiguo el concepto de autoridad pública: unos eran amigos o enemigos de las Convivir, amigos o enemigos de los paramilitares, amigos o enemigos de la guerrilla… Hoy puedo decir que el meridiano de la violencia para por Antioquia. Estamos exportando, a través de una concepción equivocada del orden público, violencia para departamentos pacíficos como los de la Costa y el Chocó. Estamos exportando violencia a través de las Convivir parta todo el país… Esa es la situación hoy. La han visto mis ojos, lo he presenciado con gentes de mi pueblo, de mis veredas, de mis corregimientos. Esas personas que yo vi nacer, personas con quienes escuché silbidos de miseria en las montañas, han sido asesinadas. Y yo he ido a todas partes invocando el Derecho de Petición para la población campesina y no he recibido una respuesta positiva… Esa es la situación dramática que presenta hoy Antioquia y es el informe que puedo rendir con honestidad en este recinto, sin odios contra nadie, pero con una infinita tristeza de cómo se van perdiendo las vidas y golpeando a las personas (…)”.
Estas declaraciones marcaron su destino y, al final de ese año, en octubre, ya no fueron cinco sino quince los campesinos asesinados por las AUC en El Aro, cuatro meses después el que moriría sería él.
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El Asesinato de un hombre valiente, íntegro y recio
Jesús María ejercía desde una modesta oficina en el cuatro piso de un edificio en el barrio Colón en Medellín, era un hombre austero, comprometido y dedicado de lleno a gestionar sus denuncias así como anteriormente lo habían hecho el médico Héctor Abad Gómez, Leonardo Betancur, Luis Felipe Vélez desde el Comité de Dere3chos Humanos de Antioquia, Jesús María sabía lo que su lucha podría provocarle, por el antecedente de lo acontecido con los arriba mencionados sabía que su cabeza tenía precio, por eso no se sorprendió ese 27 de Febrero cuando su secretaria Nelly Moncada le dijo con un dejo de preocupación que habían llegado dos hombres y una mujer a visitarlo. Con entereza y reciedumbre la tranquilizó diciéndole “Tranquila que ya nada podemos hacer. Deje que las cosas pasen”. Eso le salvó la vida a Nelly y a su amigo CARLOS JARAMILLO.
Desde su asesinato y luego de la condena de los dos sujetos arriba señalados, en 2008 la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos vinculó a SALVATORE MANCUSO, y en 2019, luego de que en 2018 se declarara su asesinato como crimen de lesa humanidad, el Tribunal Superior de Antioquia condeno a JAIME Y A FRANCISCO ANGULO OSORIO quienes pidieron su ingreso a la Jurisdicción Especial para la Paz
Por su muerte la JEP ordenó vincular a ALVARO URIBE VELEZ y a los generales JORGE ENRIQUE MORA Y HAROLD BEDOYA. También se les relacionó con el asesinato de l humorista JAIME GARZÓN en 1999, el activista político Miller Garzón, el senador de la UP Manuel José Cepeda, padre del actual candidato a la presidencia Iván Cepeda Castro, el defensor de DDHH Eduardo Umaña Mendoza, los investigadores Elsa Alvarado y Mario Calderón
En un extenso y bello documento producido por el Grupo Interdisciplinario por los Derechos Humanos, intitulado “¡Digan mi nombre para que no me olviden!” y del cual tomé la cita del discurso del 27 de agosto de 1997, se dice: “A Jesús María lo asesinaron los paramilitares y el Estado de Colombia, por ser quien era. Por su vital compromiso con la defensa de los Derechos Humanos y la Justicia, por su solidaridad con los desplazados y por su opción por los humildes. Pero los asesinos que ordenaron y ejecutaron su sacrificio, hombres intolerantes y violentos condenados al olvido, aunque causaron un gran vacío entre los luchadores por la defensa de los derechos humanos y de las víctimas que acompañaba, sólo lograron su desaparición física, porque su espíritu, sus ideales y su ejemplo de lucha y de compromiso permanecen en la memoria de esos luchadores y de esas víctimas, en la memoria de pueblo antioqueño y colombiano.
Las múltiples actividades que él realizó, como defensor de los Derechos Humanos sin ninguna exclusión ni discriminación, tenían un objetivo y un propósito únicos: La dignificación de la persona humana, de los hombres, de las mujeres y de los niños, en especial de los más humildes. El parecía llenar todos los espacios y los tiempos: Así fue de vital, intensa, fructífera y consecuente su existencia.”
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Concluyendo…
Jesús María Valle fue un hombre excepcional, una persona buena que vio la pobreza de frente desde su infancia en la vereda La Granja, un hombre empático, un jurista formidable que puso al alcance de los humildes su vasto conocimiento y su talento para defender las causas de los más vulnerables. Un hombre elocuente, íntegro y valiente. El tipo de personas que gente de oscuro talante considera peligrosas para sus planes, incomodos para sus confabulaciones.
Jesús María murió en su ley, defendiendo la vida, poniéndose de escudo de su gente. En su mente prodigiosa cosechó los frutos de su esfuerzo, de su solidaridad, de su experiencia de vida y de sus estudios y los puso al servicio de su pueblo. Jesús María dejo una huella imborrable y se erige como un ejemplo de vida. Y en este escrito queremos rendirle homenaje y, a través suyo, a tantos otros que hicieron de su vida un apostolado.
No nos queda sino la esperanzas de que la justicia retome su curso y llegue hasta los más cínicos, oscuros y abyectos determinadores de la muerte de Jesús María y de tantos otros que nos fueron arrebatados por seres infames que jamás les podrían haber llegado ni a los talones como seres humanos, como profesionales y como ciudadanos
