
“Mucho dolor se esconde en estas tierras, mucho odio insepulto aún cabalga. El silencio se llena de lamentos y voces quedas, las sombras se vierten sobre las carnes torturadas, es el horror indescriptible de esa Colombia que nos ocultan y cuya proximidad puede pagarse con la vida”.
Colombia, esa esquina dinámica, verde y problemática de América del Sur, país de desigualdades, violencias, creatividad y emprendimiento, una de las zonas más inequitativas del mundo, país segregado y dividido, de ricos muy ricos y pobres muy pobres, país manipulado, adocenado, engañado, pero también rebelde, agudo, crítico.
Un país que se ríe de sí mismo, un país que se une en la banalidad y se fragmenta y divide en temas cruciales como el de su modelo de desarrollo, un país donde es la clase media la que soporta la mayor carga impositiva, en tanto que los humildes sostienen con su trabajo y su esfuerzo la producción y la economía, en beneficio de unas pocas familias de ese 4% que concentra el mayor porcentaje de la riqueza nacional.
De tiempo en tiempo la tierra calcinada por la canícula deja escapar un rastro, un fragmento irreconocible de hueso de alguien que anduvo entre nosotros y al que otros se arrogaron el derecho de aniquilar. ¿Cuánta gente hemos perdido así? ¿Hasta cuánto la masacre?
Colombia, un caleidoscopio de razas y culturas, un crisol donde se funde todo lo bueno y lo malo de nuestros orígenes, país de contrastes, de gente amable y generosa de iras asesinas, de gente honesta que vota por criminales nauseabundos y corruptos, país que se desangra a cada paso, donde la violencia, de tanta y tan variada, se ha vuelto paisaje. País entrañable de gente entrañable, de montañas inmensas, de verdor omnipresente, de ríos caudalosos, de climas variados, ricas fauna y flora, tierras feraces y dilatadas llanuras.
Colombia país ventana con mirada al océano por dos de sus lados, asentada sobre la selva espesa de la Amazonía y que mira al oriente a través de la llanura infinita, salpicada de asentamientos de todos los tamaños, cuna de ritmos frenéticos, pero también pausados, país polifacético que, pese a sus problemas, mira al futuro de frente, con decisión y con esperanza.
La muerte cambia veleidosa de escenario, la muerte en Colombia es vanidosa, sus oscuros ropajes, no logran ocultar su descarnada sonrisa… Sus acólitos se mueven ágilmente, impunes, a veces en las sombras, POR LO GENERAL abiertamente, sabedores DE SU IMPUNIDAD, los grandes capos de la muerte vociferan a diario SU DIGNIDAD Y HONESTIDAD EN LAS QUE NI SIQUIERA ELLOS CREEN.
COLOMBIA UN PAÍS QUE EN MEDIO DEL DOLOR Y DE LA INCERTIDUMBRE MIRA, SIN EMBARGO, AL FUTURO, PLENO DE ESPERANZA; UN PAÍS QUE OSA SOÑAR EN MEDIO DE LÁGRIMAS Y RISAS, EL PAÍS DE LA BELLEZA EN MEDIO DE LA BELLEZA QUE LO CIRCUNDA, UN PAÍS QUE SE DESGARRA Y LUCHA en especial contra sigo mismo. Colombia, la caja de Pandora, en cuyo interior brilla pertinaz la esperanza.
En el país de la desigualdad, la injusticia, la corrupción y la violencia, a quien lucha contra la corriente por equidad, justicia, honestidad y paz lo miran con desdén, le cuestionan su rectitud, su salud; lo señalan de delirante, adicto, loco, talvez porque “volar es imposible” como decía el juglar en su cántico.
País de gente que se atreve y que pese a todo sueña, país donde vivir ya es una osadía y llegar al fin del día casi que un milagro,
Quizá porque atreverse a soñar es una temeridad, compartir un sueño es una indiscreción y buscar la manera de perpetrarlo en una comarca de fatalistas, resignados y escépticos es de una osadía intolerable.
Vuela alto Colombia, sueña sin pausa y vive intensamente: La vida, como cantaba otro juglar, ES UN RATICO…
Apuntan entonces sus CAÑONES para truncar el vuelo del que sueña. “Es un loco, un impostor” señalan unos, “es un falsario, un criminal” le gritan otros, “un subversivo” dice la prensa faldera, “un adicto”, concluyen.
Ser colombiano es un acto de fe, también un desafío, una aventura, se vive en medio de la polémica, en el trabajo, en las sillas de los bares y las tiendas, en las casas se discute sin reato, el colombiano se queja y al parecer se resigna, pero no hay resignación en su mirada, tampoco en su rutina. Me viene a la cabeza el cuento del buey manso, su furia poderosa que no se compadece de su habitual mansedumbre,
Colombia, un país territorio de la muerte, donde nadie es profeta y se desdeña al que defiende la vida, una nación anclada en el pasado que se ríe del que camina hacia el futuro…Y si por alguna razón el soñador tropieza, caen en jauría a destrozarlo, desmembrarlo, zaherirlo: Clavan sus colmillos con furia en el caído, se refocilan con su sangre, se disputan sus entrañas. Los que antes callaban recuperan el habla: «Si ve lo que les pasa?», «Se lo dije»
CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.
- ★COLOMBIA- SEGUNDA VUELTA- ¿EL REGRESO DEL AUTORITARISMO Y LA GUERRA?
- ★EL MENSAJE DE UN APÓSTOL DE LA PAZ
- ★ELECCIONES EN COLOMBIA- PRIMERA VUELTA- EL PAÍS MIRA AL PASADO
- ★CIUDADANOS DE LA CALERA, EN CERCANÍAS A BOGOTÁ, LE SACARON LA CHISPA A LA CHISPA DE LA VIDA
- ★EL JAGUAR, EL FELINO QUE CORRE EL RIESGO DE LLEGAR A SER SOLO UNA LUJOSA MARCA DE AUTOS
