En una intervención que puso bajo la lupa a un Uruguay rico en recursos pero atravesado por brechas dolorosas, el papa León XIV lanzó una fuerte denuncia sobre los contrastes del país vecino durante su visita a uno de los barrios más peligrosos de Montevideo.
En vísperas de su viaje a la Argentina, donde no visitará ninguna villa, León, definido como el primer papa misionero, llegó por la tarde al barrio de Casavalle, a la Cuenca de Casavalle y al barrio Borro, uno de los más carenciados de esta capital y de los más peligrosos por el mix explosivo de pobreza, falta de oportunidades, droga y violencia.
Desde este lugar simbólico, en el que la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe constituye una ayuda esencial, el papa denunció la indiferencia ante esta dramática realidad social, en un país rico de recursos como Uruguay.
“No podemos pasar de largo cuando sabemos que hay niños en Uruguay que no van a la escuela por miedo a no volver. No podemos acallar nuestra conciencia cuando constatamos que una madre no tiene los medios para alimentar a sus hijos”, clamó, al hablar en un escenario montado en la parroquia.
“Un hijo de este país, tan rico en recursos, no debería irse a dormir sin comer, ni debería renunciar a recibir una educación y un futuro dignos debido a la inseguridad que reina en las calles”, enfatizó. “Mucho menos debería sufrir violencia hasta el extremo de llegar a perder la vida”, añadió, después de haber escuchado testimonios conmovedores en una ceremonia organizada en el la parroquia.
Esta brinda refugio a jóvenes afectados por el narcotráfico y la violencia, y lleva a cabo proyectos como la construcción de viviendas, la creación de empleo y la rehabilitación de personas con adicciones. Según datos oficiales, más del 46% de los 98 homicidios registrados en Montevideo hasta septiembre de 2026 ocurrieron en Borro y sus barrios aledaños. La gente lleva a los heridos a la iglesia parroquial, ya que las ambulancias solo llegan hasta allí.
“Tenemos que trabajar unidos: la Iglesia, la comunidad civil y el Estado. Necesitamos despertar de nuestras inercias y abogar por el bien común”, exhortó el Papa. “En nosotros está la decisión de construir una nueva ciudad, en la que nadie sea excluido, o de seguir cómodamente sumido cada uno en sus propios asuntos”, advirtió.
Y, una vez más, recordó palabras del papa Francisco, que decía que “la inclusión o la exclusión de la persona que sufre al costado del camino define todos los proyectos económicos, políticos, sociales y religiosos”. “Enfrentamos cada día la opción de ser buenos samaritanos o indiferentes viajantes que pasan de largo”, enfatizó, citando la encíclica Fratelli Tutti de su predecesor argentino.

Un recorrido marcado por gestos y símbolos en Casavalle
El papa llegó a Casavalle a las 17, después de haberse reunido con hermanos agustinos en la nunciatura, tras regresar de Paysandú, donde celebró por la mañana su primera misa. Pasó antes por el Hogar Sacerdotal Jacinto Vera, donde saludó, uno por uno, a unos 20 sacerdotes mayores que allí residen, con quienes rezó un Padre Nuestro.
Luego, nuevamente con un sobre todo blanco para protegerse del frío y en medio de la alegría de centenares de jóvenes que lo esperaban con banderitas, acompañado por el cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, recorrió doce viviendas recién construidas para familias carenciadas gracias a benefactores vinculados con la Iglesia católica. Y las bendijo, en medio de vivas.

“Que estas viviendas sean mucho más que un techo: un verdadero hogar donde puedan crecer en dignidad, paz y esperanza, sintiendo siempre la cercanía y el amor de Dios”, pidió más tarde.
El Papa –que se unió a los coros que le prepararon en un pequeño acto con el que lo agasajaron–, también se mostró contento por visitar este barrio y conocer las obras realizadas porque le hizo acordar sus tiempos de joven agustino en Perú. “Viéndolos, me siento como en casa, recordando las visitas a distintas comunidades como misionero”, evocó.
Antes, al recibirlo en Casavalle, el cardenal Sturla, que es salesiano, si bien definió este lugar una “tierra de dolor, donde la pobreza, la falta de oportunidades y la violencia manifiestan la fragmentación de nuestra sociedad uruguaya”, también subrayó que “es una Tierra de amor, de entrega cristiana”.

“Aquí, en pocas cuadras a la redonda, la Iglesia Católica refleja de un modo patente el amor de Dios. Las viviendas que se están construyendo y que usted recién visitó, el merendero de la cancha del Rosario, la escuela de Fundación Sophia, los salesianos con su escuela de oficios Don Bosco y la obra Tacurú, los focolares y su obra Nueva Vida, las Misioneras de la Caridad y su cuidado a los ancianos, las obras del Opus Dei de Los Pinos y el CADI y Los Rosales, las Hnas Vicentinas, las Hijas de la Natividad y su escuela Banneux, la obra del padre Cacho, los dehonianos en la Gruta de Lourdes en su parroquia, las Casas de la Palabra, el Liceo Jubilar… Santidad, me quedo corto”, enumeró.
“Aquí sacerdotes, religiosas, laicos, dejan su vida para amar y servir … aquí muchos jóvenes voluntarios donan su tiempo por los hermanos que sufren. Aquí hay una comunidad cristiana viva, no se trata de planes teóricos sino de entrega amorosa y cotidiana, que lleva decenas de años”, subrayó, ante un papa misionero evidentemente satisfecho y sonriente.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
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