
Una prisión donde los presos morían en condiciones terribles, un hospital que conserva las huellas de sus pacientes y un rascacielos escenario de numerosas muertes forman parte de la geografía más inquietante de Guayaquil, en Ecuador. Tres lugares donde la historia, las desgracias y los relatos paranormales se entremezclan.
Guayaquil tiene una cara menos conocida que permanece escondida entre edificios deteriorados, corredores vacíos y construcciones que parecen haberse detenido en el tiempo. Son lugares que tuvieron una importancia considerable en la vida de la ciudad ecuatoriana, pero que hoy despiertan interés por motivos muy diferentes: las tragedias que ocurrieron entre sus paredes y las historias sobrenaturales que han ido creciendo a su alrededor.
Entre ellos destacan la antigua cárcel municipal, el Hospital Neumológico Alfredo J. Valenzuela y el edificio El Fórum. Tres escenarios distintos, unidos por un pasado difícil y por una atmósfera que ha alimentado relatos de apariciones, sombras y acontecimientos difíciles de explicar para quienes aseguran haberlos vivido.
La antigua cárcel de Guayaquil: el infiernillo, los fusilamientos y las sombras de los presos
La antigua prisión municipal de Guayaquil se encuentra en la calle Julián Coronel, una zona que durante el siglo XIX llegó a conocerse como la calle de los Lamentos o del Dolor. No era una denominación casual. En sus inmediaciones se concentraban el cementerio municipal, la morgue y el hospital Luis Vernaza.
La primera cárcel fue construida en 1886 siguiendo los planos del arquitecto italiano Rocco Queirolo. El gran incendio que devastó parte de Guayaquil en 1896 también destruyó sus instalaciones. En 1902, el Ayuntamiento encargó al ingeniero Francisco Manrique una nueva construcción, esta vez realizada completamente en hormigón.
El historiador Melvin Hoyos considera este inmueble una de las construcciones de hormigón más antiguas de la ciudad. La prisión permaneció operativa hasta la década de 1960 y posteriormente quedó vinculada al patrimonio histórico guayaquileño.
Pero lo verdaderamente perturbador se encuentra en su pasado penitenciario.
El recinto tenía menos de cincuenta celdas y contaba con una zona destinada a fusilamientos. Existía también un espacio conocido como el infiernillo, donde algunos presos eran encerrados en condiciones especialmente crueles.
Las dimensiones y características de aquellas celdas obligaban a los reclusos a permanecer continuamente de pie. Según los testimonios históricos recogidos por Hoyos, algunos terminaron perdiendo la razón y otros murieron durante su cautiverio.
Este pasado ha convertido la cárcel en uno de los escenarios más inquietantes del imaginario paranormal de Guayaquil.
Entre las historias que circulan sobre el edificio destacan las relacionadas con antiguos trabajadores municipales. Durante la alcaldía de León Febres-Cordero se habría intentado rehabilitar la prisión, pero las cuadrillas encargadas de las obras comenzaron, según esos relatos, a experimentar situaciones extrañas.
Los operarios aseguraban escuchar voces cuando no había nadie cerca. También hablaban de sombras que parecían desplazarse por las instalaciones y de herramientas que desaparecían misteriosamente mientras trabajaban.
Aquellas experiencias terminaron formando parte de las leyendas del inmueble. La tradición popular relaciona esas supuestas manifestaciones con los presos que sufrieron y murieron en sus dependencias, especialmente en el temido infiernillo.
El abandono posterior contribuyó a mantener esa reputación. En julio de 2024, la prisión presentaba una imagen desoladora, con vegetación descontrolada, puertas cerradas y numerosos gatos instalados en el recinto.
La antigua cárcel continúa siendo recordada tanto por su valor arquitectónico como por los relatos de presencias invisibles que acompañan a sus muros desde hace décadas.
El hospital Alfredo J. Valenzuela: habitaciones vacías y recuerdos de la enfermedad
A los pies del Cerro del Carmen se encuentra otro de los escenarios asociados al misterio guayaquileño: el antiguo Hospital Neumológico Alfredo J. Valenzuela.
Inaugurado en 1946, estaba especializado en tuberculosis y enfermedades respiratorias. Ocupaba más de 50.000 metros cuadrados, distribuidos entre pabellones, quirófanos, laboratorios, salas de radiología, comedores y espacios religiosos.
Su actividad terminó en 2017 y el cierre definitivo llegó en 2018, después de los problemas relacionados con las condiciones higiénico-sanitarias y el tratamiento de residuos.
Desde entonces, el deterioro ha transformado profundamente sus instalaciones.
El hospital conserva elementos que recuerdan su actividad asistencial. En sus dependencias quedaron documentos de pacientes, materiales abandonados y restos de instalaciones sanitarias. También permanecen una imagen de la Virgen y las ruinas de una antigua capilla.
Son precisamente estos espacios los que han favorecido su incorporación a los relatos sobre lugares inquietantes de Guayaquil.
La imagen de las habitaciones desiertas, donde durante décadas estuvieron ingresadas personas con graves enfermedades respiratorias, constituye uno de los elementos más perturbadores del complejo.
Los corredores oscuros, los techos parcialmente derrumbados y las dependencias invadidas por la vegetación componen un escenario que parece conservar las huellas de quienes pasaron por allí.
La antigua capilla añade otra dimensión a esa atmósfera. Fue un lugar destinado al recogimiento de enfermos y familiares, pero ahora permanece deteriorada, rodeada por el silencio del hospital.
A diferencia de la cárcel municipal, las informaciones consultadas no identifican testimonios concretos y contrastables de apariciones en este sanatorio. Su vinculación con el misterio procede principalmente del abandono, de su pasado hospitalario y de la impresión que producen sus instalaciones.
El complejo continúa siendo uno de los ejemplos más llamativos de cómo un edificio dedicado durante décadas a combatir la enfermedad puede convertirse, tras su cierre, en un escenario asociado al miedo.
El Fórum: muertes, apariciones y la leyenda del rascacielos maldito
Pocos edificios de Guayaquil arrastran una historia tan accidentada como El Fórum. Situado frente al Parque Centenario, comenzó a utilizarse en 1981 y durante años fue uno de los grandes símbolos arquitectónicos de la ciudad.
Su altura y su proximidad a los tribunales favorecieron la instalación de despachos profesionales. Sin embargo, las sucesivas tragedias terminaron otorgándole una reputación completamente diferente.
Uno de los primeros episodios conocidos ocurrió en junio de 1993, cuando un hombre intentó arrojarse desde la parte superior llevando a su hijo de diez meses. Ambos sobrevivieron.
En 1994, un niño de seis años murió al recibir el impacto de un cristal desprendido del sexto piso.
En noviembre de 2002 falleció una mujer tras precipitarse desde la planta 19. En 2008, otra joven perdió la vida después de caer por las escaleras.
Durante 2014 se registraron dos nuevas tragedias: una caída mortal desde la planta 12 y el fallecimiento de un anciano en el hueco de un ascensor.
En diciembre de 2021, un joven de aproximadamente veinte años murió tras precipitarse desde el inmueble. Su cuerpo cayó sobre una vivienda contigua.
Esta sucesión de acontecimientos alimentó la denominación popular de edificio maldito.
Las historias paranormales tampoco tardaron en aparecer. En redes sociales comenzaron a difundirse relatos sobre supuestas presencias en las plantas menos frecuentadas, ruidos extraños y sensaciones inquietantes.
La arquitectura interior contribuyó a esa fama. Durante años hubo zonas deficientemente iluminadas, escaleras estrechas y un ascensor inutilizado cuyo hueco constituía una imagen especialmente perturbadora.
Algunos testimonios difundidos en internet hablan de figuras humanas en ventanas y sonidos nocturnos procedentes de determinadas plantas. Son relatos que forman parte del folclore urbano construido alrededor del inmueble.
No todos sus ocupantes comparten esas experiencias. Residentes entrevistados en marzo de 2026 rechazaron las historias de apariciones y explicaron que ciertos ruidos y corrientes de aire están relacionados con las características del edificio.
Mientras tanto, El Fórum ha iniciado una transformación. En 2025 fue retirada su característica torre metálica y en 2026 se conocieron proyectos para mejorar las instalaciones y aprovechar su terraza como espacio turístico.
La renovación puede cambiar su aspecto, pero difícilmente borrará las historias que acompañan a este rascacielos. Como sucede con la antigua cárcel y el hospital del Cerro del Carmen, sus muros conservan una memoria que continúa despertando la curiosidad de quienes buscan el Guayaquil más misterioso.
*Si ha tenido alguna experiencia paranormal, de cualquier tipo, no dude en comunicarse conmigo. Investigaré gratis su caso (como siempre lo hago) y trataré de ofrecerle respuestas: [email protected]
ACERCA DEL CORRESPONSAL
JOSé MANUEL GARCíA BAUTISTA
José Manuel García Bautista es corresponsal de Prensa Mercosur en Sevilla, España. Periodista, escritor y comunicador, cuenta con una amplia trayectoria en sucesos, actualidad, información general y periodismo de misterio. Su formación en Comunicación, Electrónica Industrial, Ingeniería Técnica Industrial y Relaciones Laborales, junto con su especialización en comunicación institucional y redes sociales, aporta una perspectiva multidisciplinaria al trabajo periodístico y fortalece la presencia de Prensa Mercosur en España.
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