
Juan Idiarte Borda mandó levantar una imponente residencia en Colón, pero fue asesinado antes de habitarla. Después llegaron los relatos de su viuda sobre una presencia en la torre, historias de ruidos inexplicables y una boda que habría terminado abruptamente tras la aterradora experiencia de la novia.
Hay casas que adquieren su leyenda después de décadas. La del Castillo Idiarte Borda comenzó prácticamente antes de ser habitada. La mansión que Juan Idiarte Borda, presidente de Uruguay entre 1894 y 1897, proyectó como residencia en Montevideo quedó ligada a su muerte antes incluso de que pudiera instalarse en ella.
Su esposa, Matilde Baños, sí terminó viviendo entre aquellos salones y fue precisamente ella quien, según los relatos recopilados por el investigador Néstor Ganduglia, comenzó a asegurar que su marido seguía recorriendo los pisos superiores. Especialmente la torre. Con los años, esa historia dejó de ser una anécdota familiar: otras experiencias atribuidas al edificio alimentaron una de las leyendas paranormales más persistentes de la capital uruguaya.
La historia comienza a finales del siglo XIX, cuando Colón era una zona elegida por familias acomodadas para levantar sus quintas de descanso. Los planos de la residencia datan de 1896 y se atribuyen al arquitecto Alfred Massüe.
El conjunto fue concebido con una monumentalidad poco corriente: una casa palaciega de más de mil metros cuadrados construidos, levantada dentro de un predio de unas dos hectáreas y media y rodeada por jardines cuyo diseño se atribuye al paisajista francés Carlos Thays. Elementos arquitectónicos y decorativos fueron traídos de Europa.
Pero el hombre asociado para siempre al edificio no llegó a disfrutarlo.
El 25 de agosto de 1897, durante las celebraciones por la Independencia uruguaya, Idiarte Borda participó en el Te Deum celebrado en la Iglesia Matriz. Después salió en comitiva por la calle Sarandí rumbo a la Casa de Gobierno. Allí apareció Avelino Arredondo y disparó contra el presidente. Idiarte Borda murió y aquel crimen quedó registrado como el único magnicidio de un presidente uruguayo en ejercicio. La residencia que había proyectado quedó así vinculada desde sus orígenes a una muerte violenta.
Matilde Baños decía que su marido seguía caminando por la torre
La muerte de Idiarte Borda no puso fin a su relación con la mansión, al menos dentro del relato que comenzó a circular alrededor de la familia.
Matilde Baños ocupó posteriormente la residencia. Y es en esos años cuando aparece el episodio que sostiene buena parte de la fama paranormal del castillo.
Ganduglia, psicólogo social e investigador de culturas populares y leyendas urbanas, recogió que la propia viuda afirmaba ver a su esposo recorriendo las plantas superiores de la casa. La torre aparecía de manera recurrente en esas experiencias. No se trataba, según la tradición transmitida sobre Matilde, de una presencia que ella describiera únicamente como una sensación: aseguraba que su marido continuaba allí.
La imagen resulta difícil de separar de la historia del edificio: un presidente manda construir una enorme residencia, muere asesinado antes de estrenarla y su viuda se instala después en ella para acabar diciendo que lo ve caminar precisamente por aquellos espacios que él nunca llegó a ocupar en vida.
Ese relato sobrevivió a Matilde.
Durante buena parte del siglo XX la propiedad atravesó largos periodos de abandono. Las habitaciones, escaleras y dependencias familiares quedaron sin el uso para el que habían sido diseñadas. La casa tenía además una capilla, una gran cocina octogonal, dormitorios en la planta superior y construcciones auxiliares destinadas originalmente a establos, cochera y dependencias del personal.
El deterioro fue proporcionando un escenario todavía más poderoso para la tradición oral. Ganduglia ha relatado que durante los años de abandono se produjeron hechos violentos en circunstancias confusas relacionados con personas que entraban en el inmueble o lo utilizaban como escondite. Sobre esa historia documentada de abandono fueron acumulándose nuevos relatos.
Entre vecinos llegaron a circular historias sobre sonidos semejantes al arrastre de cadenas y sobre posibles usos clandestinos de determinadas dependencias durante la dictadura uruguaya. Este último extremo, sin embargo, pertenece a la memoria oral vinculada al lugar y no debe confundirse con un hecho histórico acreditado.
La leyenda ya no dependía únicamente de la figura del presidente muerto. El propio edificio comenzaba a convertirse en protagonista.
Una novia entró en el baño y salió gritando que había visto a un hombre ensangrentado
Décadas después de las historias atribuidas a Matilde Baños, el castillo volvió a llenarse de gente.
Una empresa vinculada a la organización de eventos utilizó la antigua residencia para celebraciones. Los grandes salones, la arquitectura palaciega y los jardines parecían reunir condiciones muy distintas a las de aquella mansión abandonada que durante años había alimentado rumores.
Entonces ocurrió el episodio que se convertiría en una de las historias más repetidas del Castillo Idiarte Borda.
Durante una boda, según los testimonios recopilados posteriormente por Ganduglia, la novia se apartó de la celebración y fue al baño para retocarse. Poco después se escuchó un grito.
La mujer salió llorando y profundamente alterada. Según el relato transmitido al investigador, decía haber encontrado dentro del baño la figura de un hombre cubierto de sangre que la estaba mirando.
Cuando otras personas acudieron al lugar, aquel hombre no estaba allí.
Ganduglia relató años después que esa fue la última boda celebrada en el castillo. El episodio terminó incorporándose a la memoria paranormal de la propiedad y añadió una figura nueva a la historia: ya no eran solamente los supuestos pasos de Idiarte Borda por las plantas superiores ni las apariciones que su viuda decía haber presenciado. Ahora existía el relato de una persona ensangrentada vista en plena celebración.
La escena ha contribuido especialmente a la fama de la mansión porque sucedía, según el relato, en unas circunstancias completamente cotidianas. No era una incursión nocturna en un edificio vacío ni una visita organizada para buscar fenómenos extraños. Era una boda.
Precisamente esa combinación entre actividad cotidiana y aparición inesperada es uno de los elementos que ha mantenido vivo el episodio en la tradición del lugar.
El castillo acabó acumulando así varias capas de relatos: la viuda que decía encontrarse con su marido fallecido, los ruidos atribuidos a las habitaciones vacías, los años de abandono, historias violentas vinculadas a intrusos y, finalmente, la novia que aseguraba haber visto a un desconocido cubierto de sangre.
Todo ello alrededor de un edificio cuyo origen ya estaba marcado por un asesinato.
Del magnicidio a una mansión convertida en patrimonio de Montevideo
La leyenda paranormal convive con un edificio de considerable valor arquitectónico.
El Castillo Idiarte Borda se encuentra en la zona de Colón, sobre la avenida Lezica. Su aspecto de residencia europea, las torres, los amplios jardines y las dimensiones de la propiedad lo convirtieron en una construcción singular dentro del paisaje montevideano.
El paso del tiempo, sin embargo, estuvo lejos de ser amable con la mansión. Desde aproximadamente la década de 1960 atravesó prolongados periodos de abandono y deterioro. Hubo distintos usos e intentos de recuperar el inmueble, mientras vecinos de la zona promovieron actividades destinadas a preservar un edificio estrechamente vinculado a la memoria del barrio.
En 2012 se produjo uno de los capítulos decisivos para su conservación. La Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación anunció su instalación en la finca mediante un comodato por cinco años. El organismo uruguayo describía entonces la propiedad como Monumento Histórico Nacional y Patrimonio Arquitectónico y planteaba convertirla también en un espacio relacionado con actividades culturales y patrimoniales.
La protección institucional no borró, sin embargo, aquello que durante décadas se había contado sobre sus habitaciones.
Más de un siglo después de la muerte de Idiarte Borda, resulta imposible explicar la fama popular del castillo atendiendo únicamente a su arquitectura. Su identidad quedó unida a una secuencia excepcional: fue proyectado para un presidente que murió asesinado antes de poder habitarlo; su esposa se instaló posteriormente allí y comenzó a decir que todavía lo veía en los pisos superiores; décadas de abandono añadieron nuevas historias y una boda dejó uno de los testimonios más inquietantes asociados al inmueble.
Por eso la torre ocupa un lugar especial en la memoria del castillo.
Era allí, según el relato conservado sobre Matilde Baños, donde la presencia de Idiarte Borda parecía repetirse con mayor insistencia. El presidente que nunca consiguió estrenar su residencia habría terminado convirtiéndose, dentro de la tradición oral de Montevideo, en su habitante más persistente.
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ACERCA DEL CORRESPONSAL
JOSé MANUEL GARCíA BAUTISTA
José Manuel García Bautista es corresponsal de Prensa Mercosur en Sevilla, España. Periodista, escritor y comunicador, cuenta con una amplia trayectoria en sucesos, actualidad, información general y periodismo de misterio. Su formación en Comunicación, Electrónica Industrial, Ingeniería Técnica Industrial y Relaciones Laborales, junto con su especialización en comunicación institucional y redes sociales, aporta una perspectiva multidisciplinaria al trabajo periodístico y fortalece la presencia de Prensa Mercosur en España.
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