

El Instituto Flamenco del Mar (VLIZ) anunció el 13 de octubre dos hallazgos raros en el mar del Norte belga. A finales de septiembre, un técnico de un parque eólico vio entre tres y cuatro atunes rojos. Nadie había registrado esta especie allí desde los años sesenta. Esa misma semana, el instituto capturó tres cazones jóvenes a 23 kilómetros de la costa y marcó a dos con transmisores.
El VLIZ da por fiable el aviso de los atunes, aunque nadie pudo grabarlos. Los cazones, en cambio, pasaron por las manos de los científicos a bordo del buque oceanográfico RV Simon Stevin.
Torpedos frente a Thorntonbank
El avistamiento ocurrió en un parque eólico del banco de Thorntonbank, durante unas tareas de mantenimiento. El técnico vio saltar peces de 1,5 a 2 metros a apenas cincuenta metros de él. Según su relato, recogido por el VLIZ, los animales estaban cazando. «Eran como torpedos que atravesaban el agua a enorme velocidad y desaparecían de inmediato», contó.
La escena fue tan rápida que no hay imágenes, pero el instituto confía en un testigo que lleva ocho años observando marsopas, delfines, focas y caballas.
En septiembre de 2024, el portavoz del VLIZ Jan Seys repasó el regreso del atún rojo al norte de Europa. Bélgica aún no tenía entonces registros confirmados de ejemplares vivos.
Del arenque a la ICCAT
El atún rojo del Atlántico (Thunnus thynnus) visitaba con frecuencia el mar del Norte hasta mediados de los sesenta. Entre 1950 y 1963, la costa occidental de Noruega y el mar del Norte tuvieron incluso una pesquería comercial.
Según el VLIZ, los expertos atribuyen su desaparición sobre todo a la pesca intensiva de atún en el sur de Europa y en el golfo de Vizcaya. También pudo influir el hundimiento del arenque, su presa favorita, en los años sesenta y setenta.
La Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT) aprobó un plan de recuperación en 2007. Desde entonces, los adultos vuelven al mar del Norte y al Báltico al final del verano. El cambio ya se nota en el regreso del atún rojo al canal de la Mancha, y encaja con los trabajos que muestran que el atún rojo del Atlántico se desplaza hacia el norte.
Tres cazones jóvenes marcados
El equipo del VLIZ capturó tres cazones (Galeorhinus galeus), dos hembras y un macho, de entre 55 y 60 centímetros y unos dos años y medio. Es apenas un tercio de lo que mide un adulto, que puede llegar a 170–190 centímetros.
A esa edad suelen vivir en aguas costeras poco profundas, y luego amplían poco a poco su territorio. Los transmisores de dos de ellos servirán para seguir sus movimientos.
Los registros antiguos de la especie en aguas belgas son muy escasos. Las campañas de arrastre del Instituto de Investigación Agrícola, Pesquera y Alimentaria de Flandes (ILVO) no habían sacado ni un cazón desde 1985, hace 41 años.
La Lista Roja de la UICN clasifica al cazón como vulnerable en Europa y en peligro crítico en el mundo. Figura además en el apéndice II de la Convención sobre Especies Migratorias. Los pescadores belgas no pueden quedárselo.
Según el comunicado del VLIZ sobre los dos hallazgos, sus poblaciones europeas han caído un 76 % en ochenta años. Es uno de los tiburones más pescados del planeta y no madura hasta los 10–15 años. El instituto lo describe como una especie «inofensiva para las personas» que no soporta mucha presión pesquera.
Cámaras con cebo de ELASMON
La captura formó parte de ELASMON, un proyecto sobre tiburones y rayas que coordina el ILVO. Lo ejecutan el VLIZ y el Instituto Real Belga de Ciencias Naturales (RBINS). La ficha del proyecto en el ILVO lo sitúa entre septiembre de 2024 y agosto de 2027.
El equipo prueba cámaras submarinas con cebo y telemetría acústica, es decir, receptores bajo el agua que captan las señales de los animales marcados. El RBINS aporta su experiencia con cámaras submarinas que no molestan a los animales.
Con esos datos, el ILVO quiere elaborar «un plan de gestión sostenible, con medidas de protección adecuadas» para la parte belga del mar del Norte. Es un mar muy presionado, como muestra un estudio sobre los cambios irreversibles en sus ecosistemas.
Atunes sin grabar, cazones sin censo
El avistamiento de los atunes depende de un solo testigo, y sin fotos ni vídeos nadie puede revisar la identificación. El propio VLIZ advierte de que no está confirmada con imágenes.
El dato de 1985 tampoco prueba que el cazón faltara cuatro décadas, solo que las redes del ILVO no lo sacaron. El VLIZ admite que aún desconoce qué papel tienen las aguas belgas para este tiburón y cuánto tiempo se queda en ellas.
Foto: VLIZ
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