
¿ALI BABA Y LA CUEVA DE LOS LADRONES?
Luego de la catástrofe que afectó el occidente y centro del país, las entrañables tierras del Valle del Cauca, Chocó, eje cafetero y tangencialmente a la bella Antioquia, los colombianos empezaron con entusiasmo, desprendimiento y fervor a donar lo que estuviera a su alcance para apoyar a esa dolida parte de Colombia, damnificada por el terremoto del 10 de agosto pasado.
El mundo entero se mostró generoso y solícito y desde otras tierras empezaron a llegar aportes en dinero y especie para aliviar la penosa situación de esa casi mitad del país, abrumada por el dolor, las carencias y pérdidas derivadas del sismo.
Comenzaba el gobierno de Abelardo en medio de su algarabía propagandística, mostrando con arrogancia como una victoria aplastante lo que a duras penas fue un triunfo muy disputado y también cuestionado.
No quisieron hacer empalme, pretendiendo generar un parteaguas con el gobierno anterior, situado en sus antípodas ideológicas, y alimentar una narrativa de que el gobierno Petro había dejado en ruinas la economía del país, muy en contravía con lo que mostraban informes de respetables entes internacionales.
“La hecatombe les madrugó”, aseguraban muchos que, de entrada, consideraban de lo más razonable dar un compás de espera a que los recién llegados se acomodaran en sus despachos. De alguna manera, las personas comprendían que se habían juntado varias cosas que ponían en aprietos a cualquier gobierno, más aún a uno que recién comenzaba:
- Una tragedia de importantes dimensiones,
- Un gobierno que apenas llevaba tres días posesionado.
Pero además había unas situaciones adicionales que agravaban lo anterior:
- La falta de un empalme con el gobierno anterior,
- La pugnacidad con el gobierno saliente,
- La polarización exacerbada por la reciente campaña electoral.
De la Espriella había hablado de involucrar en su gobierno personas de alto perfil técnico, profesional, patriótico y ético, presuntamente no “contaminadas” con los vicios de una clase dirigente corrupta y vendida de la cual se distanciaba y renegaba, “los de siempre”. No en vano hablaba de que ellos eran “Los defensores de la patria”.
Aprovechando los ecos de su reciente y larvaria victoria, dispuso un direccionamiento de todas las donaciones en dinero y especie hacia una fundación creada por su esposa, en aras de “transparencia”. En las miradas de muchos colombianos, incluyendo políticos de oposición y aliados, empresarios, líderes gremiales y sindicales, empezaron a aparecer sombras de preocupación. ¿Por qué no canalizar todos esos donativos a través de ONGs de amplio reconocimiento y prestigio como la Cruz Roja?
Unido a lo anterior empezaron las críticas por algunos actos reprochables: Visitas relámpago a zonas afectadas para tomarse fotos y videos con extras, para promocionar la imagen del ya no candidato, sino presidente en ejercicio; presentaciones en espacios cerrados rodeado de su impresionante aparato de seguridad y decenas de personas, a algunas de las cuales saludaba con la mano y mandaba frívolamente besos como si se tratara de una candidata a concurso de belleza, en tanto el país se debatía entre las dolorosas pérdidas y las acuciantes necesidades.
Para acabarla de completar, por esos días su ministro de vivienda, un cuestionado pastor santandereano, destituido de la alcaldía de Bucaramanga por doble militancia e investigado por el robo de insumos y “chatarra” durante su corta alcaldía, fue sorprendido por la prensa en medio del disfrute de unas vacaciones de playa, apetitosa cena y refrescante cerveza en Santa Marta, justamente cuando la gente se lo figuraba en la zona de desastre haciéndose cargo de la reconstrucción de las ciudades demolidas por el fenómeno telúrico.
Súmese a lo anterior la falta de información y acceso transparente al manejo de las donaciones, las cada vez mayores dudas respecto a ello, la desconfianza que tales hechos generan entre una parte de la ciudadanía y los entes internacionales.
El caso es que las donaciones cesaron o simplemente se redujeron…Los damnificados continuaron en su agonía, las dudas de la gente se expresan con cada vez mayor volumen e insistencia y las de gobiernos extranjeros se gestionan con mayor discreción y en voz baja. Las explicaciones, sin embargo, brillan por su ausencia.
El gobierno reacciona con violencia denigrando de sus críticos, la prensa “amiga” calla, pero en escenarios como el Congreso y espacios críticos de la prensa independiente las dudas hallan su cauce con, progresivamente, mayor intensidad.
¿Qué pasó con los dineros e insumos donados?, ¿Dónde se encuentran?, ¿Que se ha hecho con ellos?
De recordar que en algún momento el gobierno de la Espriella negó la entrada a personas experimentadas que venían a ayudar en las labores de rescate, expresando un criterio político de sólo aceptar sin ambages apoyo de países aliados con Trump y la ultraderecha global. Por supuesto, luego de ser blanco de críticas por parte de tirios y troyanos, parcialmente reversó sus decisiones.
Además, ha pasado mucha agua bajo el puente: Paseo, debidamente televisado y exaltado por sus bodegas y la prensa amiga, por entre bolsas blancas conteniendo cadáveres ensangrentados de paramilitares y guerrilleros dados de baja en bombardeos y operativos de las fuerzas armadas del estado, ataques con drones de los insurgentes de todos los pelambres a la fuerza pública, paros armados en ciudades señeras con grave afectación del turismo, del empleo, deterioro brutal de los ingresos de la población, su percepción de seguridad y el derrumbe del mercado, porte de un arma por parte del presidente, en fin: Señales inequívocas de la asunción de un gobierno autoritario, a las que se suma el ataque a la prensa independiente y la imposición de censura. Todo ello no hace sino sumarle a la atmósfera de desconfianza y odio, un componente de miedo.
Han pasado prácticamente dos meses de este gobierno, la guerra se nos volvió a echar encima. Los hallazgos de las probadas proezas de agentes extranjeros como Cerimedo, granjero de bots, y Negre, difusor y creador de bulos en redes sociales, aumentan el nivel de incertidumbre, inseguridad y temor.
No sólo no se sabe qué pasó con las donaciones, también da miedo preguntar por ello. Cualquiera puede ser víctima de amenazas y agresiones del gobierno y sus áulicos. Levantar la voz puede saldarse en un país como este con una veloz cápsula de plomo, el asesinato moral o el asedio económico.
Hoy la patria milagro de Abelardo empieza a parecerse, cada vez más, al tercer Reich de Adolfo.
POR CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.

