El robo de las manos del ex presidente argentino Juan Domingo Perón es uno de los episodios más misteriosos y polémicos de la historia argentina reciente. El misterio amenaza ser eterno, como tantos otros misterios argentinos. Ya lleva treinta y nueve años y parece nadar a gusto en el barro de la indiferencia, el olvido, el temor, la sospecha, la paranoia, la conspiración, el absurdo, los yerros, la necedad y algunas muertes dudosas, a las que se les adjudica relación directa con el caso.
Un Entorno Complicado en un Tiempo Radical
El robo ocurrió en junio de 1987, cuatro años después del regreso de la democracia con el gobierno de Raúl Alfonsín.
El clima del país en junio de 1987 estaba bastante alterado, sobre todo después de la rebelión militar carapintada. En ese mes estallarían treinta y tres bombas, a un promedio de más de una por día, en locales de la UCR, y en casas de jueces, políticos, sindicalistas, en colegios y en cines, mientras el poder militar enarbolaba su descontento por los juicios por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura que, en ese año movido, se extendía por debajo de la jerarquía de los comandantes enjuiciados en 1985.
Lo que sabemos que pasó
En una fecha no precisada entre el 10 y el 23 de junio de 1987, profanaron en el cementerio de Chacarita la tumba de Perón. Los autores, aún desconocidos, violentaron la bóveda familiar, abrieron el ataúd, serrucharon las manos embalsamadas del general, robaron su sable y un poema que su tercera esposa, María Estela Martínez de Perón, había dejado enmarcado en el ataúd a modo de ofrenda última.
No se pudo explicar en la causa cómo fue que los profanadores lo hicieron sin ser vistos, ni escuchados, ni siquiera intuídos. Tampoco se supo cómo fue que lo hicieron en un espacio tan estrecho, una bóveda familiar a pocos metros de la gigantesca entrada del cementerio, necesitando manipular el pesado ataúd ubicado en el subsuelo al que se accedía por mezquinos escalones de mármol; cuáles herramientas usaron, por qué lo hicieron, para qué, y adónde es que están los restos del cadáver de Perón. Los investigadores consideraron que no se trató de un robo común, ya que requería conocimiento del lugar y una planificación previa.
La Carta de Rescate
Después del robo aparecieron comunicaciones atribuidas a un grupo que se identificó como “Hermes IAI y los 13”. En esos mensajes se exigía ocho millones de dólares a cambio de devolver las manos y los objetos robados. Las autoridades del PJ, destinatarias de las cartas y de los posteriores llamados de los autores dijeron que no tenían lo solicitado y que, de tenernos, no lo pagarían. Luego de un tiempo, las llamadas terminaron.
La Investigación y sus Sospechas
La investigación judicial intentó determinar quiénes fueron los responsables y cuál fue el objetivo del robo. El 1 de Julio el juez Jaime Far Suau inspeccionó la bóveda junto a uno de los investigadores del caso, el jefe de la comisaría 29ª Carlos Zunino. También participó del procedimiento el jefe de la Policía Federal, Juan Angel Pirker. El juez Jaime Far Suau, inspeccionó la tumba de Perón acompañado por médicos forenses y peritos. Se determinó que habían partido el cristal de vidrio blindado -de 9 centímetros de espesor y 170 kilos de peso para cuya apertura eran necesarias 12 llaves- El Vidrio estaba engarzado en un marco de acero que protegía el cadáver embalsamado que también había sido agujereado, dejando ver ahora los brazos del general con las manos seccionadas, probablemente con un tipo de sierra con que los cirujanos usan para cortar huesos.
Los peritos calcularon que, por el “serrín cadavérico” acumulado, los cortes eran recientes. La gorra militar de Perón no había sido robada, estaba caída a un costado del ataúd. El sable sí, faltaba. Los técnicos también determinaron que los profanadores habían trabajado al menos por dos horas y extrañamente nadie los había molestado ni escuchado. Hallaron también restos de velas cerca del ataúd, un protector de goma con forma de dedo usado, tal vez, para evitar cortes con la sierra. Era un trabajo de profesionales.
Las teorías conspirativas
Varios son los hechos que alimentan las teorías conspirativas sobre el tema pero lo más inquietante son las muertes y los atentados ocurridos con protagonistas cercanos a la causa.
La primera muerte violenta del caso fue la del sereno Luis Paulino Lavagno, que trabajaba en el cementerio de Chacarita cuando profanaron la bóveda de Perón, que había denunciado que lo querían matar y que apareció muerto en lugar y horario de trabajo. El certificado de defunción decretó “paro cardiorrespiratorio no traumático”. Pero el Juez Far Suau ordenó una autopsia que reveló que Lavagna había sido asesinado a golpes.
Igual suerte corrió María del Carmen Melo, una mujer que siempre llevaba flores a la bóveda de la familia Perón. Esta Mujer Había denunciado ante el Juez la presencia de sospechosos que rondaban la tumba de Perón.
También fue sospechosa la muerte del jefe de la Policía Federal, comisario Juan Ángel Pirker, en febrero de 1989. El jefe de la Policía Federal, que participó en el caso desde la primera hora, murió súbitamente en su despacho; se dijo que fue por un ataque de asma.
El 22 de noviembre de 1988, un año y casi cinco meses después del robo de las manos de Perón, el juez a cargo de la Investigación Far Suau murió en un extraño accidente de autos cuando regresaba de Bariloche. El coche del juez volcó y se incendió en una recta plena de la ruta 3 cerca de Coronel Dorrego.
El juez de Bahía Blanca que investigó el episodio nunca creyó en la teoría de un accidente que afirmaba que el Ford había mordido la banquina, embestido a una piedra y volcado.
Era difícil de creer: el auto había quedado destrozado, se había quemado casi por completo, el cuerpo del juez, con la cabeza destrozada, había sido despedido a unos diez o quince metros de los restos de su auto y los neumáticos habían dejado en asfalto una extraña huella auroleada, blanca, que se extendía hacia los costados. Junto a Far Suau, murió quien era entonces su mujer, Susana Guaita.
Sobrevivió de milagro el hijo de la mujer, Maximiliano, que tenía entonces cuatro años. Años después, Maximiliano reveló que su padre ya había sufrido un atentado en una quinta familiar de Moreno. Reveló qué había sentido el día del accidente, cuando viajaba entre dormido en el asiento trasero del Ford Sierra: “Escuché una explosión, como si explotara el calefón de tu casa. Y no recuerdo nada más hasta que me desperté en la clínica de Bahía Blanca”. Para Guaita está comprobado que el auto del juez llevaba los neumáticos cargados con gas y que no hubo un accidente, que se trató de un atentado. Cabe destacar que el juez Far Suau había guardado las respuestas de la viuda de Perón y demás documentos relacionados con su viaje a España en una carpeta negra que lo acompañaba casi siempre. La legendaria carpeta negra del juez desapareció del lugar de la tragedia.
Luego fue el comisario Zunino el responsable de la investigación por el lado de la policía, quien recibió un balazo en la cabeza y también salvó su vida por milagro en un episodio que tenía la marca en el orillo de un atentado, vestido de un robo en su casa: nunca fueron hallados los autores del asalto. Zunino murió en 2004.
Luego de la muerte del Juez, la causa fue cerrada pero a partir de la aparición del juego de llaves que abría el vidrio protector de la tumba, el ex secretario del juez fallecido ahora magistrado Baños reabre la causa albergando en su casa de Adrogué los tres cuerpos de la causa. Unos dias despues de solicitar al Gobierno de Nestor Kirchner se desclasifique la información y se permita a los servicios de inteligencia pudieran revelar lo que supieran del caso, un grupo comando entró en la casa del juez y se llevó los expedientes y su computadora portátil.
Al año siguiente, el juez recibió en su despacho de Tribunales un pequeño ataúd de madera que contenía una bala y una foto suya con un punto rojo en la frente.
Dos años después del robo en la casa de años, en marzo de 2009, el juez, junto a su mujer y a dos custodios de la Federal sorprendieron a dos desconocidos en el parque de la vivienda. Se desató un intercambio de disparos entre el juez, uno de sus custodios y los asaltantes, que lograron escapar por uno de los laterales de la casa que bordea las vías del ferrocarril. La investigación dijo “intento de robo”.
Las Teorías Conspirativas
- Dos autores de un libro sobre el tema sostienen que el robo de las manos de Perón fue ordenado por Licio Gelli, el mafioso que pergeñó en Italia la logia masónica fascista P2, Propaganda Due, y que en 1973 había sido condecorado por Perón con la más alta distinción argentina: el collar de la Orden del Libertador. Según esta hipótesis, el corte de manos unió a la necesidad de un ritual masónico en respuesta al supuesto pacto no cumplido , aunque Poco antes de su muerte en 2015, Licio Gelli negó toda vinculación con el caso en una charla telefónica con uno de los autores
- Grupos Militares: Hay pruebas que señalan que el robo pudo haber tenido algún tipo de apoyo de los servicios secretos argentinos, ya que los ladrones utilizaron una llave para entrar al mausoleo. Las llaves para acceder al féretro habían quedado en custodia de la Casa Militar y luego en posesión del Escribano Mayor del Gobierno. Extrañamente unas copias de esas llaves aparecen en el sótano de la comisaria 29, encargada de la investigación lo que obligo a reabrir la causa.
- Para otros autores de libros sobre el tema, el móvil fue una operación política durante la presidencia de Ricardo Alfonsín, en 1987, cuando se estaba definiendo cómo iba a ser el nuevo poder en Argentina, a pocos días de la renovación de gobernadores provinciales en elecciones. Hubo entonces como 150 atentados a jueces, periodistas, dirigentes, políticos; ya había ocurrido el primer levantamiento carapintada, había una interna milita feroz y tal como lo dijo Antonio Trócoli, el más leal de los ministros que tuvo Alfonsín, ‘mucha mano de obra desocupada de la dictadura”.
- La Venganza Montonera: Tambien se sospechó de un grupo residual de la guerrilla peronista Montoneros: La sospecha de que algunos Montoneros estuvieron involucrados en el robo de las manos de Perón se originó como una venganza del grupo armado en el contexto de la tensión política y social en Argentina durante la dictadura cívico-militar.
- Las Cuentas Secretas: Otra teoría decia que el robo era con fines económicos no políticos planteando dos opciones a: Perón fue enterrado con un anillo en donde estaba grabada la clave de la caja fuerte bancaria de Suiza en donde guardaba su fortuna; opción b: necesitaban sus manos para acceder a una bóveda que se abría con la lectura de la geometría de las manos. La información que llegó del gobierno de Suiza es que no había cuentas bancarias a nombre de Juan Domingo Perón (como si Suiza fuera el único lugar en el mundo con secreto bancario).
- La Masonería inglesa: Los profanadores se identificaron con el enigmático nombre “Hermes IAI y los 13”. Los expertos concluyeron que la firma aludía a un sabio egipcio a quien atribuían la invención de la alquimia. Esto dio pie a una pista esotérica, aún vigente, fogoneada por los que piensan que la profanación fue algún tipo de venganza o ajuste de cuentas de la masonería y las logias secretas con las que Perón tenía contacto. Para denostar esta teoría se argumenta que “No hay pruebas documentales que acrediten que Perón haya sido miembro activo y formal de ellas como para merecer luego un castigo». Aún así, era la mayor sospecha de Isabelita:
- Los Servicios de Inteligencia del Gobierno Radical: En su afán de generar previo a las elecciones nacionales sugiriendo que un triunfo posible del peronismo ya renovado podría revivir la violencia en la argentina ( ésta teoría se sustentada además por los varios atentados que sufrieran muchas casas radicales en diferentes puntos del pais y que la policía encontró a un dirigente radical con una camioneta repleta de explosivos similares a los utilizados en los atentados). En este caso se dice que los responsables debían buscarse dentro de la propia SIDE. La Side estaba a cargo de Facundo Suórez Lastra, el cementerio era administrado por Lucia Aliberti (integrantes de la llamada Junta Coordinadora Nacional a la que se le indilgaron en aquella época situaciones similares a las que hoy se le indilga a La Campora). Esta teoría no fue investigada.
En agosto de 2012, Michael Meeks, entonces secretario general de la CIA, dijo que ese organismo tenía información clasificada que seguiría protegida a menos que la solicitara la justicia de EEUU. Aunque el juez Alberto Baños lo hizo, hasta el día de hoy nunca recibió una respuesta. Y a pesar de que el expediente está inmóvil, la causa sigue abierta. Aunque seis hombres fueron arrestados y cinco procesados, ninguno fue acusado formalmente en relación con el incidente.
Conclusiones?
En 2006 los restos de Perón fueron trasladados a la Quinta de San Vicente, pero las manos nunca fueron recuperadas. El robo de las manos de Juan Domingo Perón continúa siendo uno de los grandes enigmas argentinos. La falta de responsables condenados, la desaparición de los restos y los hechos extraños ocurridos durante la investigación hicieron que el caso permaneciera durante décadas como un misterio. Más allá del hecho policial, el episodio refleja la fuerte carga simbólica que tuvo y sigue teniendo la figura de Perón dentro de la historia política argentina.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
HUMBERTO BENEDETTO
Humberto Benedetto es un político argentino oriundo de Río Cuarto, provincia de Córdoba. Ha desempeñado como parlamentario del Mercosur (Parlasur). Actualmente ejerce como director de Prensa del Mercosur en Argentina.
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