Una digestión saludable no depende de un único alimento ni de un remedio casero. La combinación de una alimentación equilibrada, suficiente fibra, líquidos, actividad física y buenos hábitos al momento de comer puede favorecer el funcionamiento del aparato digestivo y ayudar a prevenir molestias frecuentes como estreñimiento, gases o sensación de pesadez.
Uno de los principales aliados es la fibra alimentaria, presente especialmente en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales. ABC Color destaca entre sus fuentes las manzanas, peras, frambuesas, brócoli, zanahoria, espinaca, avena, arroz integral y cebada. La fibra favorece el tránsito intestinal y puede contribuir a prevenir el estreñimiento. Mayo Clinic señala además que existen fibras solubles e insolubles y que una alimentación variada permite obtener ambas.
No obstante, aumentar la fibra debe hacerse de manera gradual y acompañarse de una adecuada ingesta de líquidos. El agua ayuda a mantener las heces más blandas y facilita el tránsito intestinal. Para los adultos, las necesidades de fibra varían según edad y sexo; las recomendaciones citadas por Mayo Clinic oscilan aproximadamente entre 21 y 38 gramos diarios.
Otro grupo que ha ganado protagonismo son los probióticos, microorganismos vivos presentes en alimentos como yogur natural, kéfir, chucrut y otros fermentados. Su consumo puede contribuir al equilibrio de la microbiota intestinal, aunque los efectos dependen del microorganismo específico, la cantidad y las características de cada persona. Por eso, no todos los productos probióticos tienen necesariamente los mismos efectos.
El jengibre también aparece entre las opciones tradicionalmente utilizadas para aliviar las náuseas y determinadas molestias digestivas. Puede incorporarse fresco a las comidas o utilizarse en infusiones. La hierbabuena, por su parte, es utilizada tradicionalmente para molestias como gases y sensación de hinchazón. Estos recursos pueden formar parte de una rutina saludable, pero no deben considerarse sustitutos de una evaluación médica cuando existen síntomas persistentes.
Las infusiones de manzanilla, menta o anís son otros de los remedios caseros mencionados para facilitar la digestión. Una taza después de una comida puede formar parte de una rutina de bienestar, siempre considerando posibles alergias, interacciones con medicamentos o condiciones particulares de salud.
El conocido agua tibia con limón también suele recomendarse por la mañana. Sin embargo, conviene diferenciar una costumbre saludable de una afirmación médica: beber agua contribuye a la hidratación y puede favorecer el funcionamiento digestivo, pero no existe evidencia de que el limón sea una especie de “limpiador” del aparato digestivo. Mayo Clinic confirma que beber agua durante o después de las comidas no perjudica la digestión y que contribuye a mantener una adecuada hidratación.
La actividad física es otro componente importante. Caminar, realizar ejercicios regularmente y evitar largos períodos de inactividad puede favorecer el tránsito intestinal. ABC Color menciona incluso una caminata de entre 20 y 30 minutos después de comer como una alternativa sencilla.
También importa cómo comemos. Comer demasiado rápido puede favorecer que se ingieran mayores cantidades de alimentos antes de que aparezcan las señales de saciedad. Masticar adecuadamente y dedicar tiempo a las comidas puede disminuir la carga inicial del proceso digestivo y ayudar a evitar excesos. En personas con indigestión, además, Mayo Clinic recomienda prestar atención a alimentos que puedan desencadenar síntomas, como comidas muy grasas, ácidas o picantes, así como alcohol, cafeína y bebidas carbonatadas.
Para quienes padecen estreñimiento ocasional, los primeros pasos suelen ser sencillos: aumentar progresivamente la fibra, beber suficientes líquidos y mantener actividad física. Los laxantes no deberían convertirse automáticamente en la primera opción ni utilizarse de manera prolongada sin orientación profesional, ya que algunos pueden generar problemas cuando se utilizan en exceso.
También es importante saber cuándo una molestia deja de ser un problema digestivo ocasional. Dolor abdominal intenso, sangre en las heces, sangrado rectal, diarrea intensa, cambios inexplicables y persistentes en el hábito intestinal, pérdida de peso sin explicación o estreñimiento que no mejora requieren valoración médica.
En definitiva, cuidar la digestión no requiere recurrir a soluciones extremas. Una alimentación variada rica en alimentos vegetales, suficiente agua, movimiento diario, comidas tranquilas y atención a las señales del organismo constituyen una base mucho más importante que cualquier remedio aislado. Y cuando las molestias son frecuentes o persistentes, la mejor alternativa no es acumular remedios caseros, sino determinar qué las está provocando con ayuda de un profesional de la salud.
Foto: RossHelen / ABC Color
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