
Los salarios de funcionarios, las jubilaciones y pensiones y el servicio de la deuda pública concentran casi el 70% del presupuesto de la Administración Central de Paraguay, una estructura que limita el margen del Estado para aumentar rápidamente las inversiones y responder a nuevas necesidades.
Entre enero y julio de 2026, el financiamiento de los principales componentes del Presupuesto de la Administración Central alcanzó G. 36,95 billones, frente a los G. 35,43 billones registrados durante el mismo período de 2025. El aumento fue de G. 1,52 billones, equivalente al 4,3%.
Sin embargo, el dato más importante no está solamente en cuánto creció el presupuesto, sino en cómo se distribuyeron esos recursos. La partida de Servicios Personales pasó de G. 12,88 billones a G. 14,36 billones, lo que representa un incremento de 11,5% y una diferencia de G. 1,48 billones en apenas un año.
Las jubilaciones y pensiones también aumentaron 11,5%, pasando de G. 5,01 billones a G. 5,59 billones. Entre ambas partidas, el Estado destinó hasta julio G. 19,94 billones, una suma que muestra el peso que tienen los compromisos permanentes dentro de las cuentas públicas.
A estos gastos se suma la deuda. Aunque los recursos destinados a este concepto disminuyeron 10,3%, desde G. 6,16 billones hasta G. 5,52 billones, continúa representando una parte considerable de los recursos disponibles.
Al considerar conjuntamente Servicios Personales, Jubilaciones y Pensiones y Deuda, las denominadas partidas rígidas representan casi el 70% del presupuesto de la Administración Central hasta julio. Se trata de obligaciones cuyo ajuste resulta mucho más complejo en el corto plazo.
El crecimiento de los salarios públicos resulta especialmente relevante porque prácticamente explica por sí solo todo el aumento neto registrado en el financiamiento durante el período analizado. Mientras el presupuesto total creció 4,3%, los Servicios Personales avanzaron 11,5%.
En contraste, las inversiones alcanzaron G. 2,82 billones, con un crecimiento del 12,9%. Aunque el porcentaje de aumento es significativo, el incremento absoluto fue de G. 322.532 millones, muy inferior a los G. 1,48 billones adicionales destinados a Servicios Personales.
También aumentaron los recursos destinados a áreas directamente relacionadas con la prestación de servicios públicos. Los medicamentos recibieron G. 1,89 billones, un 15,2% más que en el mismo período del año anterior, mientras que los alimentos alcanzaron G. 199.873 millones, con un incremento del 5,6%.
Las transferencias crecieron 5,9%, hasta G. 4,31 billones, mientras los servicios básicos aumentaron 14,8%, aunque desde una base mucho menor. En términos absolutos, estos movimientos tienen un impacto considerablemente inferior al registrado en salarios y prestaciones previsionales.
La situación refleja una dificultad estructural para las finanzas públicas paraguayas: cada aumento de los ingresos presupuestarios no necesariamente se traduce en una mayor capacidad para invertir. Una parte importante de los nuevos recursos queda comprometida automáticamente con gastos recurrentes.
Esto reduce el margen disponible para infraestructura, obras públicas, salud, educación y otros programas que requieren recursos adicionales y que pueden modificarse de acuerdo con las prioridades de cada administración.
El problema no significa necesariamente que los salarios, las jubilaciones o el pago de la deuda sean gastos prescindibles. Se trata de obligaciones que el Estado debe cumplir. La cuestión está en el peso que ocupan dentro del presupuesto y en cuánto espacio queda para las políticas que requieren decisiones nuevas.
El escenario adquiere mayor importancia cuando se observa que el crecimiento de algunas partidas consideradas estratégicas es mucho menor en términos absolutos que el aumento de los gastos permanentes.
El desafío para las autoridades económicas consiste, por lo tanto, en conseguir que el crecimiento de los ingresos públicos no termine generando solamente nuevas obligaciones permanentes. Cuanto mayor sea la rigidez presupuestaria, menor será la capacidad del Estado para reasignar recursos cuando aparezcan nuevas prioridades o situaciones de emergencia.
Los datos correspondientes a los primeros siete meses de 2026 muestran precisamente esa tensión. El presupuesto crece, pero buena parte de ese crecimiento queda absorbido por compromisos que tienen escasa flexibilidad. La discusión sobre el futuro de las cuentas públicas paraguayas deberá centrarse no solo en conseguir más recursos, sino también en mejorar la composición del gasto.
Si esta tendencia continúa, el Gobierno tendrá cada vez menos margen para utilizar el presupuesto como una herramienta activa de desarrollo. La capacidad de invertir, construir infraestructura y reforzar servicios públicos dependerá cada vez más de encontrar recursos adicionales fuera de una estructura que ya tiene una parte sustancial comprometida.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
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