
Uno de loss rescatistas ‘Topos Aztecas’ en Cali. JAIR F. COLL
Un grupo de 20 rescatistas internacionales llegó de madrugada a Cali para reforzar las operaciones de búsqueda tras el terremoto que devastó amplias zonas del suroccidente de la ciudad. Los Topos Azteca, voluntarios procedentes de distintos países de América Latina, comenzaron a trabajar en uno de los puntos más críticos, el edificio Ana Pilar, en el barrio Cuarto de Legua, donde siete pisos quedaron reducidos a una enorme montaña de concreto, acero, tuberías y pertenencias.
Golpe a golpe, los rescatistas avanzaron entre los restos de la estructura. Un dron recorrió primero la zona para evaluar las condiciones del lugar. Después, cuando terminó el vuelo, solo ellos ingresaron al área de mayor riesgo. La operación se desarrolla bajo estrictas medidas de seguridad y con una prioridad absoluta: determinar si todavía hay personas con vida bajo los escombros.
Los Topos Azteca aterrizaron alrededor de la una de la madrugada, después de haber participado durante las últimas semanas en las labores de rescate en La Guaira, Venezuela, donde una serie de fuertes movimientos sísmicos provocó graves daños en distintas edificaciones. Su llegada los convirtió en uno de los primeros equipos internacionales de rescate en desplazarse hasta Colombia para apoyar directamente las labores de búsqueda.
En medio de la oscuridad, los especialistas comenzaron a cruzar información obtenida mediante equipos de tecnología sonora, sensores infrarrojos y sistemas de radar capaces de detectar posibles señales humanas debajo de las estructuras colapsadas.
“En este momento las posibilidades de supervivencia son del 20%”, afirmó Pablo Baruch Juárez, paramédico mexicano de 31 años y miembro de Los Topos Azteca, mientras explicaba a gritos, ayudado por un megáfono, la complejidad de la operación.
Según Baruch, algunas de las zonas afectadas fueron intervenidas inicialmente por vecinos y voluntarios que intentaron encontrar a sus familiares y amigos sin contar con equipos especializados ni una evaluación técnica del riesgo. El rescatista advirtió que esa intervención pudo haber aumentado la inestabilidad de algunas estructuras que ya presentaban fracturas.
La llegada de equipos internacionales se produjo después de varios días en los que el Gobierno colombiano sostuvo que las capacidades nacionales eran suficientes para atender la emergencia. La Cancillería confirmó finalmente la aceptación de asistencia internacional, incluida la llegada de especialistas procedentes de Estados Unidos.
En Cali, sin embargo, la movilización de ayuda internacional comenzó antes. El diputado del Valle del Cauca Esteban Oliveros gestionó la llegada de los Topos Azteca, un grupo con experiencia en operaciones de rescate tras grandes desastres.
“La gente ha sido más rápida que el Estado. El Estado debe lograr canalizar esa energía y no verla como una competencia”, afirmó Oliveros mientras avanzaban las labores en medio del polvo, el ruido de las sierras y el movimiento permanente de maquinaria pesada.
El alcalde de Cali, Alejandro Eder, ha agradecido el apoyo internacional, aunque ha insistido en la necesidad de mantener una coordinación estricta para evitar que la presencia de personas no especializadas complique las operaciones. Desde los primeros días de la emergencia había solicitado el envío de equipos especializados a la ciudad.
Héctor Méndez, mexicano y presidente de Los Topos Azteca, asegura que el escenario que encontraron en Cali reúne algunas de las características más complejas que ha enfrentado durante cuatro décadas de trabajo en zonas afectadas por desastres.
“Las dificultades más grandes no siempre son técnicas. A veces hay personas que no dejan entrar a los equipos o que, intentando ayudar, pueden hacer más difícil el acceso”, explicó.
Entre los rescatistas también está Juanita Dueñas, de 49 años, originaria de Piedras Negras, México, quien llegó a Colombia después de participar en las operaciones de emergencia en Venezuela. Su diagnóstico sobre la situación en Cali es contundente. Según relató, encontró pocos especialistas con experiencia en rescates de estructuras colapsadas y una gran presencia de voluntarios.
“Tenemos información de que hay estructuras donde no ha ido absolutamente nadie”, aseguró, dejando abierta la posibilidad de que existan nuevos puntos de búsqueda que todavía no han sido intervenidos.
La información sobre las personas que podrían permanecer atrapadas continúa siendo fragmentaria. En el edificio Ana Pilar, los rescatistas solo habían localizado hasta ese momento un cuerpo sin señales de vida. Al mismo tiempo, familiares y vecinos mantienen la esperanza de que algunas personas puedan continuar con vida bajo los restos de la edificación.
A las labores de búsqueda también se sumó la Guardia Indígena. Comunidades y resguardos del norte del Cauca, entre ellos Caloto, Toribío y Buenos Aires, desplazaron integrantes hacia Cali para colaborar en la remoción de escombros.
“Vinimos con la fuerza y sabiduría ancestral a respaldar las labores de rescate”, afirmó Telma Escué, integrante del resguardo Huellas de Caloto.
La magnitud de la tragedia mantiene a Cali bajo máxima tensión. Las autoridades reportan 74 personas fallecidas y más de 1.000 heridas. En el suroccidente de la ciudad, una de las zonas más golpeadas, al menos 107 edificaciones permanecen en ruinas o presentan colapsos severos, mientras otras 643 tienen daños estructurales de consideración.
Los equipos de emergencia concentran sus esfuerzos en ocho puntos considerados prioritarios. Cuarto de Legua es uno de ellos y el edificio Ana Pilar se ha convertido en uno de los escenarios donde el tiempo juega en contra de los rescatistas.
Pasada la una de la tarde, el reloj marcaba las últimas horas de la ventana crítica de las 72 horas posteriores al terremoto. El dron volvió a sobrevolar la estructura y después se hizo el silencio.
Las máquinas se detuvieron. Los rescatistas permanecieron atentos.
Entre toneladas de concreto, acero y polvo, cualquier sonido puede cambiar el rumbo de la tragedia. Un golpe. Un grito. Una señal.
Por pequeña que sea, podría significar que todavía hay alguien esperando ser encontrado.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN COLOMBIA
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