𝗨𝗻𝗮 𝗰𝗼𝗻𝗱𝗶𝗰𝗶ó𝗻 𝗻𝗲𝘂𝗿𝗼𝗹ó𝗴𝗶𝗰𝗮 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗱𝗮 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗵𝗶𝗱𝗿𝗼𝗰𝗲𝗳𝗮𝗹𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝗽𝗿𝗲𝘀𝗶ó𝗻 𝗻𝗼𝗿𝗺𝗮𝗹 (𝗛𝗣𝗡) 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗽𝗿𝗼𝗱𝘂𝗰𝗶𝗿 𝗽𝗿𝗼𝗯𝗹𝗲𝗺𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗺𝗲𝗺𝗼𝗿𝗶𝗮, 𝗱𝗶𝗳𝗶𝗰𝘂𝗹𝘁𝗮𝗱𝗲𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗰𝗮𝗺𝗶𝗻𝗮𝗿 𝘆 𝗮𝗹𝘁𝗲𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘂𝗿𝗶𝗻𝗮𝗿𝗶𝗮𝘀, 𝘂𝗻 𝗰𝗼𝗻𝗷𝘂𝗻𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝘀í𝗻𝘁𝗼𝗺𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗽𝗮𝗿𝗲𝗰𝗲𝗿𝘀𝗲 𝗮 𝗹𝗮 𝗱𝗲𝗺𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗮𝘀𝗼𝗰𝗶𝗮𝗱𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝗹 𝗔𝗹𝘇𝗵𝗲𝗶𝗺𝗲𝗿. 𝗘𝗹 𝗻𝗲𝘂𝗿𝗼𝗰𝗶𝗿𝘂𝗷𝗮𝗻𝗼 𝗰𝗼𝗹𝗼𝗺𝗯𝗶𝗮𝗻𝗼 𝗙𝗲𝗿𝗻𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗛𝗮𝗸𝗶𝗺, 𝗵𝗶𝗷𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗻𝗲𝘂𝗿𝗼𝗰𝗶𝗿𝘂𝗷𝗮𝗻𝗼 𝗦𝗮𝗹𝗼𝗺ó𝗻 𝗛𝗮𝗸𝗶𝗺, 𝗮𝗳𝗶𝗿𝗺ó 𝗲𝗻 𝘂𝗻𝗮 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲𝘃𝗶𝘀𝘁𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝗥𝟳 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗻 𝘀𝘂 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗶𝗮 𝘀𝗲𝗿𝗶𝗲 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝘀𝗼𝘀 𝗮𝗽𝗿𝗼𝘅𝗶𝗺𝗮𝗱𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝟯𝟴 % 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝘀 𝗱𝗶𝗮𝗴𝗻𝗼𝘀𝘁𝗶𝗰𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗻 𝗔𝗹𝘇𝗵𝗲𝗶𝗺𝗲𝗿 𝗽𝗿𝗲𝘀𝗲𝗻𝘁𝗮𝗯𝗮𝗻 𝗲𝗻 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗛𝗣𝗡. 𝗘𝘀𝗮 𝗰𝗶𝗳𝗿𝗮 𝗻𝗼 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗲𝘅𝘁𝗿𝗮𝗽𝗼𝗹𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗮 𝘁𝗼𝗱𝗮 𝗹𝗮 𝗽𝗼𝗯𝗹𝗮𝗰𝗶ó𝗻, 𝗽𝗼𝗿𝗾𝘂𝗲 𝗽𝗿𝗼𝘃𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗶𝗮 𝗽𝗿á𝗰𝘁𝗶𝗰𝗮 𝗰𝗹í𝗻𝗶𝗰𝗮, 𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗿𝗲𝗮𝗯𝗿𝗲 𝘂𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗯𝗹𝗲𝗺𝗮 𝗺é𝗱𝗶𝗰𝗼 𝗿𝗲𝗮𝗹: 𝗹𝗮 𝗛𝗣𝗡 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗽𝗮𝘀𝗮𝗿 𝗶𝗻𝗮𝗱𝘃𝗲𝗿𝘁𝗶𝗱𝗮 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗼𝘀 𝘀í𝗻𝘁𝗼𝗺𝗮𝘀 𝘀𝗲 𝗮𝘁𝗿𝗶𝗯𝘂𝘆𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗿𝗲𝗰𝘁𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮𝗹 𝗲𝗻𝘃𝗲𝗷𝗲𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗼 𝗮 𝘂𝗻𝗮 𝗱𝗲𝗺𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮.
La importancia de esta enfermedad radica precisamente en que no se trata simplemente de otra causa de pérdida de memoria. La hidrocefalia de presión normal pertenece a un grupo de trastornos en los que se acumula líquido cefalorraquídeo, conocido como LCR, dentro de los ventrículos cerebrales. Estos espacios se dilatan y pueden alterar el funcionamiento de estructuras cerebrales, aunque la medición de la presión del líquido puede encontrarse dentro de valores considerados normales.
El nombre puede resultar paradójico. Si existe exceso de líquido y los ventrículos están aumentados de tamaño, ¿por qué se habla de “presión normal”? La explicación está en que la presión medida mediante determinados procedimientos puede no encontrarse elevada de manera persistente. Por eso, el diagnóstico no depende de una sola cifra, sino de la combinación de síntomas, imágenes cerebrales y pruebas clínicas.
La enfermedad afecta principalmente a personas de edad avanzada. Según Fernando Hakim, citado por R7, su experiencia clínica indica una prevalencia de aproximadamente 4 % entre las personas mayores de 70 años, cifra que podría llegar al 8 % después de los 80 años. Es importante interpretar estos números como estimaciones señaladas por el especialista en la entrevista y no como una prevalencia universal establecida para todas las poblaciones.
Una enfermedad descrita hace décadas
La historia de la HPN está estrechamente vinculada con la medicina latinoamericana. El neurocirujano colombiano Salomón Hakim describió la enfermedad a mediados del siglo XX y posteriormente desarrolló trabajos fundamentales para comprenderla y tratarla.
Su importancia histórica no reside únicamente en haber identificado una nueva enfermedad. El hallazgo modificó la manera en que los médicos podían interpretar determinados casos de pacientes mayores que presentaban una combinación aparentemente inexplicable de deterioro cognitivo, alteraciones de la marcha e incontinencia urinaria.
La llamada tríada clásica continúa siendo uno de los elementos centrales para sospechar la enfermedad. Sin embargo, no todos los pacientes presentan los tres síntomas al mismo tiempo ni con la misma intensidad. Además, esos síntomas también pueden aparecer en otras enfermedades neurológicas, lo que explica parte de la dificultad diagnóstica.
Cuando caminar se convierte en una señal neurológica
Uno de los síntomas que puede ofrecer una pista especialmente importante es el cambio en la forma de caminar.
En pacientes con HPN, la marcha puede volverse lenta, insegura y dificultosa, con problemas para iniciar los pasos y para mantener el equilibrio. Algunas personas sienten como si los pies estuvieran “pegados al suelo”. Este trastorno puede confundirse con problemas ortopédicos, debilidad propia de la edad o enfermedades como el Parkinson.
Por eso, cuando una persona mayor comienza simultáneamente a presentar problemas de memoria y modificaciones importantes en su manera de caminar, los especialistas recomiendan considerar un diagnóstico diferencial amplio.
La pérdida de memoria por sí sola no permite concluir que exista Alzheimer. El propio Ministerio de Salud de Brasil señala que el diagnóstico de Alzheimer requiere una evaluación clínica y que deben considerarse otras causas que pueden producir síntomas cognitivos.
La segunda señal: cambios urinarios
El tercer componente clásico de la HPN son los trastornos urinarios.
Al comienzo pueden manifestarse como aumento de la frecuencia o urgencia para orinar. Con la evolución pueden aparecer episodios de incontinencia. El problema es que este tipo de síntomas es relativamente frecuente entre las personas mayores por múltiples causas, por lo que fácilmente puede atribuirse a problemas urológicos o al envejecimiento.
Cuando los cambios urinarios aparecen junto con dificultades para caminar y deterioro cognitivo, sin embargo, la combinación adquiere un significado diferente y puede justificar una evaluación neurológica más profunda.
¿Por qué se confunde con Alzheimer?
El punto de encuentro entre ambas enfermedades es principalmente cognitivo.
El Alzheimer puede provocar pérdida progresiva de memoria, dificultades para encontrar palabras, problemas para orientarse y alteraciones de las capacidades necesarias para realizar actividades cotidianas. La HPN también puede producir deterioro cognitivo y cambios en el comportamiento.
Pero existen diferencias importantes.
En la HPN suele tener un peso especialmente relevante el trastorno de la marcha, mientras que en el Alzheimer temprano la pérdida de memoria reciente suele ocupar un lugar mucho más destacado. Aun así, ningún síntoma aislado permite realizar el diagnóstico.
La situación se vuelve todavía más compleja porque una persona puede tener más de una enfermedad neurológica simultáneamente. Un paciente podría presentar HPN y además una enfermedad neurodegenerativa. Por eso, descubrir una ventriculomegalia no significa automáticamente que todos los problemas cognitivos tengan como causa la hidrocefalia.
Cómo se investiga la enfermedad
El diagnóstico comienza con una evaluación clínica detallada. Los médicos analizan la evolución de los síntomas, el patrón de marcha, las funciones cognitivas, el control urinario y otros signos neurológicos.
Después suelen utilizarse estudios de neuroimagen, especialmente la tomografía computarizada o la resonancia magnética, para observar el tamaño de los ventrículos y buscar características compatibles con HPN.
En determinados pacientes también puede realizarse una prueba conocida como tap test, que consiste en retirar una cantidad de líquido cefalorraquídeo mediante una punción lumbar y posteriormente evaluar si se produce una mejoría, especialmente en la marcha.
Esta prueba no es perfecta y un resultado negativo no necesariamente elimina todas las posibilidades. Por eso, el diagnóstico requiere integrar la información clínica, radiológica y, cuando corresponde, la respuesta a las pruebas de drenaje.
La diferencia fundamental: existe una posibilidad de tratamiento
Aquí se encuentra uno de los aspectos que hacen que la HPN sea especialmente importante dentro del diagnóstico diferencial de las demencias.
A diferencia de las enfermedades neurodegenerativas, en determinados pacientes con HPN puede existir una mejoría significativa después de tratar el problema de circulación del líquido cefalorraquídeo.
Una de las principales opciones es la colocación de una derivación ventriculoperitoneal, conocida habitualmente como válvula o shunt. El sistema permite desviar parte del líquido desde los ventrículos cerebrales hacia otra zona del organismo, generalmente la cavidad abdominal, donde puede ser absorbido.
La respuesta al tratamiento no es idéntica en todos los pacientes. Los mejores resultados suelen observarse en determinados componentes de la enfermedad, especialmente en la marcha, aunque también pueden mejorar los síntomas urinarios y algunas funciones cognitivas.
Por eso es incorrecto afirmar que una cirugía “cura el Alzheimer”. Lo que puede ocurrir es que un paciente inicialmente considerado como portador de una demencia tenga en realidad una condición tratable, o que la HPN sea responsable de una parte importante de sus síntomas.
Una advertencia sobre la cifra del 38 %
La declaración de Fernando Hakim sobre el 38 % es probablemente el dato que más atención genera en la entrevista, pero necesita contexto.
El especialista explicó a R7 que esa proporción procede de su propia serie de pacientes. No se trata de un estudio poblacional brasileño que permita afirmar que 38 % de todas las personas diagnosticadas con Alzheimer en Brasil tienen HPN.
La diferencia es fundamental desde el punto de vista científico.
Una serie clínica especializada puede estar formada por pacientes que ya fueron derivados precisamente porque existían dudas sobre su diagnóstico. Eso puede generar una concentración mucho mayor de casos de HPN que la que se encontraría en la población general.
Por tanto, el valor de la declaración está principalmente en llamar la atención sobre la posibilidad de errores o diagnósticos incompletos en pacientes seleccionados, no en establecer que casi cuatro de cada diez personas con Alzheimer en el mundo tengan hidrocefalia.
Antes: una enfermedad poco reconocida
Durante décadas, muchas personas mayores con problemas de marcha, incontinencia y deterioro cognitivo podían ser consideradas simplemente pacientes con demencia o con un deterioro asociado a la edad.
La existencia de una enfermedad potencialmente tratable cambió ese escenario.
El desafío histórico ha sido reconocer que el aumento de los ventrículos cerebrales no debe interpretarse de forma aislada y que la combinación de ventriculomegalia más síntomas compatibles puede justificar una investigación específica.
La literatura médica contemporánea continúa señalando que la HPN es una entidad cuyo diagnóstico puede ser difícil y cuya fisiopatología todavía no está completamente esclarecida.
Ahora: una búsqueda por diagnósticos diferenciales
La medicina moderna dispone de herramientas mucho más precisas para investigar estos casos. La resonancia magnética permite observar la anatomía cerebral con gran detalle, las pruebas cognitivas permiten caracterizar el deterioro y las pruebas de drenaje pueden aportar información adicional sobre la posible respuesta al tratamiento.
Al mismo tiempo, el diagnóstico de Alzheimer también ha evolucionado. Las investigaciones actuales incorporan biomarcadores y técnicas de neuroimagen que permiten distinguir mejor diferentes enfermedades neurodegenerativas y causas alternativas de deterioro cognitivo. En Brasil, la Academia Brasileira de Neurologia trabaja en criterios y consensos nacionales para mejorar el diagnóstico de la enfermedad.
El resultado es una medicina cada vez más orientada a no aceptar automáticamente que todo deterioro cognitivo en una persona mayor sea Alzheimer.
Después: el gran desafío será detectar a los pacientes tratables
La principal consecuencia de este debate puede ser un cambio en la forma de evaluar a las personas mayores con síntomas de demencia.
Un paciente que presenta pérdida de memoria junto con una marcha progresivamente más lenta, dificultades para iniciar los pasos y alteraciones urinarias podría necesitar una evaluación que vaya más allá de las pruebas tradicionales de memoria.
El objetivo no es generar falsas esperanzas. La HPN no explica todos los casos de demencia y tampoco todos los pacientes diagnosticados con esta enfermedad mejoran después de una derivación. Además, la cirugía cerebral tiene riesgos y debe indicarse después de una evaluación especializada.
Pero el principio clínico es importante: antes de asumir que un deterioro cognitivo es irreversible, deben descartarse causas potencialmente tratables.
La diferencia entre ambos escenarios puede ser enorme para una familia. En una enfermedad neurodegenerativa progresiva, el tratamiento busca controlar síntomas y preservar funciones durante el mayor tiempo posible. En un paciente correctamente seleccionado con HPN, el tratamiento puede conseguir una recuperación funcional considerable, particularmente en la movilidad.
Un mensaje que trasciende el Alzheimer
El caso de la hidrocefalia de presión normal deja una enseñanza más amplia para la medicina del envejecimiento: los síntomas no siempre revelan por sí solos la enfermedad que los produce.
La pérdida de memoria puede tener múltiples causas. Los trastornos de la marcha pueden proceder de problemas neurológicos, musculares u ortopédicos. La incontinencia puede tener origen urinario, neurológico o metabólico. Cuando varios de estos signos aparecen juntos, la combinación puede ofrecer información mucho más valiosa que cada síntoma por separado.
Por eso, el principal mensaje de la entrevista con Fernando Hakim no debería ser que una gran proporción de diagnósticos de Alzheimer sean incorrectos, porque esa afirmación requeriría evidencia poblacional mucho más amplia. El mensaje más sólido es otro: la hidrocefalia de presión normal existe, puede parecerse a algunas formas de demencia y debe ser considerada en determinados pacientes porque existen tratamientos que pueden modificar significativamente su evolución.
Para las familias que enfrentan un diagnóstico de deterioro cognitivo, esto refuerza la importancia de una evaluación neurológica completa y de preguntar cuáles son las causas consideradas antes de asumir que la pérdida de memoria necesariamente corresponde a Alzheimer. Un diagnóstico diferencial cuidadoso puede ser la diferencia entre limitarse a tratar una enfermedad progresiva y descubrir, en determinados casos, una condición neurológica potencialmente tratable.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
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