𝗨𝗻 𝗽𝗼𝘁𝗲𝗻𝘁𝗲 𝘁𝗶𝗳ó𝗻 𝗗𝗼𝗹𝗽𝗵𝗶𝗻 𝗮𝘁𝗿𝗮𝘃𝗲𝘀ó 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝘀𝘁𝗮 𝗼𝗿𝗶𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹 𝗱𝗲 𝗖𝗵𝗶𝗻𝗮 𝗱𝘂𝗿𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗲𝗹 𝗳𝗶𝗻 𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗺𝗮𝗻𝗮 𝘆 𝗽𝗿𝗼𝘃𝗼𝗰ó 𝘂𝗻𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗱𝗶𝘀𝗿𝘂𝗽𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗺𝗲𝘁𝗲𝗼𝗿𝗼𝗹ó𝗴𝗶𝗰𝗮𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗮ñ𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗴𝗶ó𝗻, 𝗰𝗼𝗻 𝘃𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝘀𝗼𝘀𝘁𝗲𝗻𝗶𝗱𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗵𝗮𝘀𝘁𝗮 𝟭𝟱𝟭 𝗸𝗶𝗹ó𝗺𝗲𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗽𝗼𝗿 𝗵𝗼𝗿𝗮 𝗮𝗹 𝘁𝗼𝗰𝗮𝗿 𝘁𝗶𝗲𝗿𝗿𝗮 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗽𝗿𝗼𝘃𝗶𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝗭𝗵𝗲𝗷𝗶𝗮𝗻𝗴. 𝗟𝗮 𝘁𝗼𝗿𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮 𝗱𝗲𝘀𝗮𝘁ó 𝗹𝗹𝘂𝘃𝗶𝗮𝘀 𝘁𝗼𝗿𝗿𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝗹𝗲𝘀, 𝗶𝗻𝘂𝗻𝗱𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀, 𝗿𝗶𝗲𝘀𝗴𝗼 𝗱𝗲 𝗱𝗲𝘀𝗹𝗶𝘇𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝘆 𝗴𝗿𝗮𝘃𝗲𝘀 𝗽𝗲𝗿𝘁𝘂𝗿𝗯𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝘁𝗿𝗮𝗻𝘀𝗽𝗼𝗿𝘁𝗲. 𝗠á𝘀 𝗱𝗲 𝘂𝗻 𝗺𝗶𝗹𝗹ó𝗻 𝗱𝗲 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝘀 𝗳𝘂𝗲𝗿𝗼𝗻 𝗲𝘃𝗮𝗰𝘂𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗮𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗽𝗮𝘀𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗳𝗲𝗻ó𝗺𝗲𝗻𝗼 𝘆 𝗦𝗵𝗮𝗻𝗴𝗵á𝗶 𝗰𝗮𝗻𝗰𝗲𝗹ó 𝗰𝗲𝗿𝗰𝗮 𝗱𝗲 𝟵𝟱𝟬 𝘃𝘂𝗲𝗹𝗼𝘀 𝗲𝗹 𝗹𝘂𝗻𝗲𝘀, 𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝘀 𝗹𝗮𝘀 𝗶𝗻𝘂𝗻𝗱𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗮𝗳𝗲𝗰𝘁𝗮𝗿𝗼𝗻 𝗰𝗮𝗿𝗿𝗲𝘁𝗲𝗿𝗮𝘀, 𝗹í𝗻𝗲𝗮𝘀 𝗳é𝗿𝗿𝗲𝗮𝘀 𝘆 𝗲𝗹 𝘁𝗿𝗮𝗻𝘀𝗽𝗼𝗿𝘁𝗲 𝘂𝗿𝗯𝗮𝗻𝗼.
El tifón llegó a tierra durante la noche del domingo en las proximidades de Taizhou, en Zhejiang, después de haber afectado anteriormente a Taiwán. Al momento del impacto, los vientos sostenidos alcanzaron aproximadamente 151 km/h, una intensidad suficiente para derribar árboles, dañar estructuras, interrumpir el suministro de servicios y convertir las calles en zonas peligrosas para la circulación.
La tormenta, sin embargo, no se limitó al punto donde tocó tierra. Su enorme campo de lluvias continuó desplazándose hacia el interior de China y afectó también a Anhui, Jiangsu, Shandong, Hubei y Henan, mientras las autoridades mantenían alertas por inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra. Aunque Dolphin comenzó a debilitarse después de entrar en territorio continental, la pérdida de fuerza de los vientos no significó el final de la amenaza: la lluvia acumulada continuó generando riesgos importantes.
Uno de los aspectos más llamativos del fenómeno fue su impacto sobre Shanghái, una de las mayores áreas metropolitanas del planeta. La ciudad registró alrededor de 313 milímetros de lluvia en 24 horas, una cantidad excepcional que, según The Guardian, representa el mayor acumulado registrado allí en aproximadamente 150 años. Sectores urbanos quedaron cubiertos por agua y en algunos barrios el nivel llegó aproximadamente hasta las rodillas de los habitantes.
La situación obligó a modificar el funcionamiento normal de la ciudad. El transporte aéreo fue uno de los sectores más afectados: alrededor de 943 vuelos fueron cancelados en Shanghái, cerca del 40 % de las operaciones previstas, según Reuters. Otras estimaciones difundidas durante la emergencia elevaron el número de cancelaciones en los aeropuertos de la ciudad a más de 1.300, dependiendo del momento utilizado para realizar el balance.
El impacto no quedó restringido a los aeropuertos. También se registraron suspensiones de servicios ferroviarios, interrupciones del transporte urbano y restricciones en diferentes zonas de la ciudad. Las autoridades recurrieron a medidas extraordinarias para limitar los desplazamientos y reducir la exposición de la población durante las horas de mayor peligro.
En Zhejiang, donde el tifón tocó tierra, la situación fue todavía más complicada. Antes de la llegada de Dolphin, las autoridades habían ordenado una evacuación masiva debido a la combinación de viento, lluvia y riesgo de inundaciones. En Wenzhou, más de 900.000 personas fueron trasladadas preventivamente y se habilitaron alrededor de 1.500 refugios, según The Guardian.
La evacuación preventiva explica por qué las autoridades pudieron reducir considerablemente la exposición directa de la población al fenómeno. China cuenta con una extensa experiencia en preparación frente a tifones, particularmente en sus provincias costeras, donde los sistemas de alerta, evacuación y protección de infraestructura se han convertido en elementos esenciales durante la temporada ciclónica.
Las imágenes difundidas durante la tormenta mostraron la potencia de los vientos. En Zhejiang, un camión llegó a volcar debido a las ráfagas, mientras que las calles quedaron convertidas en corrientes de agua. La combinación de fuertes vientos y pavimentos inundados complicó especialmente el trabajo de los equipos de emergencia y las operaciones de rescate.
Una amenaza que comenzó mucho antes de llegar a China
Dolphin no apareció repentinamente sobre la costa china. El sistema tropical recorrió una extensa trayectoria por el Pacífico occidental y anteriormente afectó a Taiwán, además de influir sobre las condiciones meteorológicas en otras zonas de Asia.
En Taiwán, la circulación asociada al sistema provocó lluvias y fuertes vientos antes de que el fenómeno continuara hacia China continental. Esta trayectoria explica en parte por qué Dolphin llegó a la costa oriental china con una estructura meteorológica de gran tamaño y una enorme cantidad de humedad disponible.
La tormenta también estuvo relacionada con precipitaciones intensas en otras partes de la región. En Filipinas, la combinación entre el sistema tropical y el monzón provocó inundaciones y deslizamientos de tierra que dejaron 15 muertos durante varios días de condiciones meteorológicas severas. En Baguio, un deslizamiento causó cinco muertos y dejó personas desaparecidas. Más de un millón de filipinos resultaron afectados y cerca de 98.000 fueron desplazados.
Esto demuestra que un ciclón tropical puede producir impactos muy alejados de su trayectoria central. Incluso cuando el centro de la tormenta no pasa directamente sobre un país, sus bandas de lluvia y su interacción con los sistemas monzónicos pueden generar precipitaciones capaces de provocar inundaciones y deslizamientos.
El agua se convirtió en una segunda amenaza
Cuando un tifón llega a tierra, la atención suele concentrarse en la velocidad del viento. Sin embargo, en grandes regiones urbanas como Shanghái, la lluvia puede convertirse en un problema todavía más prolongado.
Los suelos urbanos tienen una capacidad limitada para absorber grandes cantidades de agua y las superficies de cemento y asfalto aceleran el escurrimiento. Cuando la lluvia supera rápidamente la capacidad de drenaje, el agua comienza a acumularse en calles, túneles, estaciones y zonas bajas.
En el caso de Dolphin, el problema se agravó porque las lluvias continuaron después de que el tifón comenzara a perder intensidad. Los sistemas fluviales de la región también fueron sometidos a una presión considerable. Las autoridades emitieron advertencias para 74 ríos de la cuenca del lago Taihu y del este de Zhejiang debido al aumento de los niveles de agua y al riesgo de inundaciones.
Esto significa que el peligro no termina necesariamente cuando el viento disminuye. Una tormenta puede convertirse progresivamente en un fenómeno de inundación y, posteriormente, en un problema de infraestructura, salud pública y abastecimiento.
Una ciudad global prácticamente detenida
El impacto sobre Shanghái resulta especialmente relevante porque se trata de uno de los principales centros financieros, industriales, logísticos y comerciales de Asia.
La ciudad alberga uno de los mayores puertos del planeta y mantiene conexiones aéreas y ferroviarias esenciales para las cadenas de suministro nacionales e internacionales. Cuando una tormenta obliga a suspender vuelos, trenes y actividades económicas, sus efectos pueden extenderse mucho más allá de las zonas directamente inundadas.
La interrupción del transporte aéreo también afecta a pasajeros internacionales, operaciones empresariales y movimiento de mercancías. La suspensión de trenes puede afectar simultáneamente a trabajadores, estudiantes y viajeros que necesitan desplazarse entre Shanghái y otras ciudades del este del país.
Por ello, el impacto económico de Dolphin no se limita al costo de reparar calles o edificios. También incluye pérdidas de productividad, interrupciones logísticas, cancelaciones comerciales y retrasos en las cadenas de suministro.
Antes: una temporada de tifones que ya mostraba señales de actividad
El tifón Dolphin llega en un contexto meteorológico que los especialistas consideran particularmente activo. Reuters señaló que la temporada de tifones de 2026 podría ser especialmente intensa en el Pacífico noroccidental, en un escenario influido por condiciones fuertes de El Niño y vientos alisios débiles.
La relación entre El Niño y la actividad de ciclones tropicales es compleja y depende de diferentes variables atmosféricas y oceánicas. No significa que cada tifón sea causado directamente por El Niño, pero las condiciones de gran escala pueden modificar dónde se forman los ciclones, cómo se desplazan y qué posibilidades tienen de intensificarse.
Esta circunstancia aumenta la importancia de la preparación para los próximos meses. La temporada ciclónica todavía no terminó y las autoridades de las regiones costeras deberán continuar vigilando nuevos sistemas tropicales.
Ahora: una tormenta debilitada, pero todavía peligrosa
Durante el lunes, Dolphin ya había perdido parte de su intensidad y había pasado de tifón a tormenta tropical. Pero los meteorólogos advirtieron que la disminución de los vientos no eliminaba el riesgo de lluvias torrenciales.
El sistema continuaba desplazándose hacia el interior y podía producir precipitaciones importantes en regiones como Hubei y Henan, mientras otras provincias permanecían bajo vigilancia por inundaciones y deslizamientos.
La atención de los organismos de emergencia pasó entonces de proteger exclusivamente las zonas costeras a vigilar ríos, embalses, carreteras, laderas y áreas urbanas vulnerables.
Hong Kong registró un fenómeno completamente diferente
La influencia atmosférica de Dolphin produjo además un contraste llamativo en Hong Kong. Mientras buena parte de China oriental enfrentaba lluvias e inundaciones, Hong Kong registró una temperatura de 36,9 °C, la más elevada de su historia, según los reportes citados por Reuters y The Guardian.
Este comportamiento aparentemente contradictorio demuestra la complejidad de los sistemas meteorológicos tropicales. Una misma circulación atmosférica puede contribuir a transportar humedad hacia determinadas regiones y, simultáneamente, favorecer condiciones extremadamente cálidas en otras.
Después: el riesgo continúa cuando termina el viento
La fase posterior al tifón puede ser tan compleja como el impacto inicial. Una vez que disminuyen las ráfagas, comienzan las tareas de drenaje, búsqueda y rescate, inspección de edificios, reparación de carreteras, restablecimiento del transporte y evaluación de daños.
Las autoridades deberán comprobar también la seguridad de estructuras afectadas por agua y viento. Edificios, puentes, carreteras y redes eléctricas pueden presentar daños que no son inmediatamente visibles.
En las zonas rurales, el exceso de agua puede afectar cultivos y ganado, mientras que en las ciudades las inundaciones pueden generar problemas sanitarios si alcanzan sistemas de alcantarillado o instalaciones industriales.
La experiencia de China con grandes tifones demuestra que la recuperación puede prolongarse durante días o incluso semanas dependiendo de la magnitud de los daños. La prioridad inmediata será recuperar las conexiones de transporte y garantizar el funcionamiento de los servicios esenciales.
Un aviso para toda Asia
Dolphin también deja una advertencia para otras economías asiáticas densamente pobladas: el crecimiento urbano aumenta la exposición a fenómenos meteorológicos extremos.
Grandes ciudades como Shanghái concentran millones de habitantes, infraestructuras críticas, aeropuertos, puertos, industrias y redes logísticas en territorios relativamente reducidos. Esto genera enormes ventajas económicas, pero también significa que un fenómeno meteorológico excepcional puede provocar interrupciones de gran escala.
La lluvia extrema de Shanghái vuelve a colocar sobre la mesa la necesidad de invertir en sistemas de drenaje, infraestructura resiliente, espacios de retención de agua, alertas tempranas y planificación urbana adaptada al cambio climático.
El desafío que queda
El tifón Dolphin comenzó como una amenaza costera y terminó convirtiéndose en un problema de dimensiones metropolitanas y regionales. Más de un millón de personas evacuadas, cientos de miles de desplazados, cientos de vuelos cancelados, lluvias históricas en Shanghái, inundaciones y riesgo de deslizamientos muestran la capacidad de un solo sistema tropical para alterar simultáneamente la vida cotidiana y las actividades económicas de una de las regiones más dinámicas del planeta.
El antes deja una temporada de tifones marcada por condiciones atmosféricas favorables para una actividad importante; el ahora muestra una China oriental enfrentando inundaciones y perturbaciones de transporte; y el después estará determinado por la capacidad de las autoridades para recuperar la infraestructura y responder a nuevos sistemas tropicales.
La principal lección de Dolphin no está únicamente en sus 151 km/h de viento, sino en la combinación de factores que siguieron a su llegada: lluvia extrema, inundaciones urbanas, evacuaciones masivas y paralización del transporte. En una región donde millones de personas viven y trabajan en ciudades costeras, la preparación frente a estos fenómenos será cada vez más decisiva para proteger vidas y reducir el impacto económico de las próximas tormentas.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
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