Muchos propietarios creen que la lentitud, la rigidez o la falta de interés por jugar forman parte natural del envejecimiento de los perros. Sin embargo, veterinarios advierten que esos cambios pueden ser señales de dolor crónico, una condición frecuente pero muchas veces subdiagnosticada que afecta seriamente la calidad de vida de las mascotas senior. Identificar los síntomas a tiempo permite iniciar tratamientos que reducen el sufrimiento y mejoran significativamente el bienestar del animal.
El dolor crónico se caracteriza por persistir durante semanas o meses y deja de ser una respuesta temporal a una lesión para convertirse en un problema permanente que altera la movilidad, el descanso y el comportamiento del perro. La causa más frecuente en animales mayores es la osteoartritis, una enfermedad degenerativa de las articulaciones, aunque también puede estar relacionada con problemas dentales, enfermedades de la columna, trastornos neurológicos, tumores o dolor abdominal.
Uno de los principales desafíos es que los perros rara vez manifiestan el dolor mediante quejidos o llantos. Como ocurre con otros mamíferos, tienden a ocultar los signos de vulnerabilidad. Por ello, el malestar suele expresarse mediante pequeños cambios cotidianos que muchas veces pasan desapercibidos para sus cuidadores.
Entre las señales más comunes figuran la dificultad para levantarse después de descansar, caminar más lentamente, evitar subir escaleras o saltar al sofá, reducir la duración de los paseos, buscar superficies blandas para dormir o tardar más tiempo en acomodarse para descansar. También puede observarse que el perro se lame repetidamente una articulación sin que exista una herida visible o que modifique su postura al orinar o defecar.
El dolor también puede reflejarse en cambios de comportamiento. Un perro normalmente tranquilo puede mostrarse más irritable, gruñir cuando alguien intenta levantarlo, rechazar las caricias, aislarse o perder interés por actividades que antes disfrutaba. Los especialistas recuerdan que estos cambios no deben interpretarse automáticamente como problemas de carácter, ya que con frecuencia son consecuencia del sufrimiento físico.
Otro aspecto importante consiste en diferenciar el dolor crónico del síndrome de disfunción cognitiva canina, un trastorno asociado al envejecimiento cerebral y comparable, en algunos aspectos, con la enfermedad de Alzheimer en humanos. Mientras este último suele provocar desorientación, alteraciones del sueño y pérdida de rutinas, el dolor generalmente empeora con determinados movimientos o cuando se manipula una zona específica del cuerpo.
Para confirmar el diagnóstico, el veterinario no depende únicamente de radiografías. La evaluación incluye un examen ortopédico y neurológico, el análisis de la forma de caminar y la utilización de escalas internacionales como el Canine Brief Pain Inventory o el Helsinki Chronic Pain Index, herramientas que permiten medir objetivamente la intensidad del dolor y seguir la evolución del tratamiento.
El tratamiento suele ser multidisciplinario e incluye analgésicos específicos para uso veterinario, control del peso corporal, ejercicio moderado, fisioterapia y, en algunos casos, suplementos nutricionales como ácidos grasos omega-3, glucosamina o condroitina, siempre bajo supervisión profesional. Adaptar el hogar con camas ortopédicas, rampas y superficies antideslizantes también puede contribuir a mejorar la movilidad y la calidad de vida del animal.
Los especialistas recomiendan acudir de inmediato al veterinario si el perro deja de comer, presenta dificultad para levantarse, arrastra las patas, respira con esfuerzo, muestra un cambio brusco de comportamiento o manifiesta dolor intenso al ser tocado. En situaciones menos urgentes, grabar un video del animal caminando o realizando las actividades que le resultan difíciles puede facilitar el diagnóstico durante la consulta.
Para los veterinarios, envejecer no significa necesariamente vivir con dolor. Reconocer las señales tempranas y buscar atención profesional permite que muchos perros mayores mantengan una vida activa, cómoda y con una mejor calidad de vida durante sus últimos años, evitando que el sufrimiento sea confundido con una consecuencia inevitable del paso del tiempo.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
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