
Un fallo de software en los dispositivos Coldcard debilitó la creación de las frases semilla, la llave maestra que permite controlar un monedero de bitcoin. Los atacantes aprovecharon esa debilidad para reconstruir claves privadas y vaciar miles de carteras sin tocar los aparatos, infectar ordenadores ni engañar a sus propietarios. La caja fuerte seguía guardada en el cajón. El problema estaba en la combinación.
La primera gran oleada ocurrió el 30 de julio y duró apenas 41 minutos: desaparecieron 1.082,65 bitcoin de 1.196 direcciones. Los ataques continuaron durante los días siguientes y elevaron el balance provisional hasta los 1.755 bitcoin sustraídos de unas 5.000 billeteras, valorados entonces en alrededor de 110 millones de dólares, unos 96 millones de euros. Una sangría digital ejecutada en varias tandas y todavía bajo investigación.
Un robo de 41 minutos que siguió durante días
La primera operación se concentró entre la 1.10 y la 1.51, hora UTC. En ese intervalo, los fondos salieron de las billeteras comprometidas con una precisión casi industrial. Las transacciones compartían patrones técnicos, como una comisión idéntica y anormalmente elevada, que apuntaban al uso de una herramienta automatizada preparada para barrer direcciones en cuanto apareciera una oportunidad rentable.
En los primeros diez minutos, los delincuentes se llevaron cerca de 30 millones de dólares. No avanzaban a ciegas ni iban probando puertas como quien recorre un aparcamiento. Comenzaron por las carteras con saldos más cuantiosos y después descendieron hacia objetivos menores, un comportamiento que sugiere una inspección previa del terreno.
Cuando se conocieron las primeras cifras se hablaba de 594 bitcoin y unos 38 millones de dólares. La estimación quedó vieja en cuestión de horas. El análisis de la cadena de bloques identificó nuevas direcciones afectadas, otras tandas de retiradas y cambios en la forma de agrupar los fondos robados. La tercera oleada utilizó estructuras de transacción más complejas y dispersó el dinero entre numerosos destinos, una maniobra que dificulta seguir el rastro, aunque no lo vuelve invisible.
Los atacantes fueron primero a por los saldos grandes
Jonathan Goodman, un inversor canadiense, perdió alrededor de 1,6 millones de dólares. Sus tres monederos quedaron vacíos en siete minutos, entre las 21.36 y las 21.43 del 29 de julio. El dispositivo estaba guardado en una caja de seguridad y nunca había permanecido conectado a internet. Todo parecía en orden hasta que abrió su cartera de consulta y encontró una hilera de movimientos de salida.
El caso resume la crueldad técnica del ataque. Nadie necesitó robar el aparato, adivinar el PIN, enviar un correo fraudulento o colocar un programa espía. Los bitcoin no están realmente dentro del dispositivo, como podrían estar unas joyas en una caja. Permanecen registrados en la red y pueden ser transferidos por cualquiera que disponga de la clave privada correcta.
Una vez reconstruida esa clave, el ladrón posee el mismo poder que el propietario legítimo. La red de Bitcoin verifica firmas matemáticas, no pasaportes ni intenciones. Si la firma es válida, la operación avanza. Fría, exacta, indiferente.
La caja fuerte falló al fabricar la llave
Cada monedero nuevo nace de una gran cantidad de información aleatoria, conocida como entropía. A partir de ella se genera una secuencia de 12 o 24 palabras: la frase semilla. Esa combinación permite derivar todas las claves privadas y recuperar la cartera incluso cuando el dispositivo se rompe o desaparece.
Para que el sistema sea seguro, el número inicial debe resultar prácticamente imposible de anticipar. En los dispositivos afectados, un error del firmware hizo que la creación de la semilla recurriera a un generador de software predecible, en lugar de utilizar correctamente la fuente de aleatoriedad del hardware. Entraban en juego valores deterministas, como parte del identificador del chip y ciertos registros temporales. Datos con apariencia técnica, sí, pero con un espacio de posibilidades mucho más reducido del necesario.
Los atacantes pudieron reproducir esas combinaciones en sus propios equipos, calcular las semillas posibles y comprobar qué direcciones contenían fondos. Es como fabricar millones de cajas fuertes con cerraduras distintas en apariencia, aunque construidas a partir de un catálogo secreto de pocas llaves. Basta hacerse con el catálogo y tener potencia de cálculo.
La vulnerabilidad se introdujo en una versión del firmware publicada en marzo de 2021. Desde entonces, algunas semillas quedaron marcadas por una debilidad invisible para sus propietarios. El dispositivo podía estar desconectado, intacto y protegido bajo llave; la clave ya había nacido con un defecto.
Actualizar el firmware no repara la semilla antigua
Instalar una versión corregida impide que el dispositivo genere nuevas semillas débiles, pero no transforma las que ya existen. Una actualización cambia el programa, no reescribe retroactivamente la combinación utilizada para crear las claves privadas. La semilla antigua continúa expuesta aunque el aparato muestre el firmware más reciente.
La solución duradera consiste en actualizar primero el dispositivo, crear después una frase semilla completamente nueva y trasladar los fondos a direcciones derivadas de ella. Conviene verificar la copia de seguridad, comprobar la huella digital del monedero y realizar una transferencia pequeña antes de mover el saldo restante. En criptografía, las prisas suelen tener un sentido del humor bastante negro.
Una contraseña BIP-39 fuerte y exclusiva añade una barrera independiente, pero el fabricante aconseja migrar igualmente. El PIN del dispositivo no cumple esa función. Tampoco sirve reutilizar la frase anterior en otro monedero: el problema viaja con la semilla, no con la carcasa.
Qué modelos y versiones de Coldcard están afectados
El aviso oficial incluye las semillas generadas en los modelos Mk2 y Mk3 con firmware desde la versión 4.0.1 hasta la 4.1.9. También afecta a los Mk4 y Mk5 anteriores a la versión estándar 5.6.0 o a la edición Edge 6.6.0X, así como a los Coldcard Q anteriores a la versión estándar 1.5.0Q o Edge 6.6.0QX.
En los Mk2 y Mk3, el firmware 4.2.0 corrige la generación de nuevas semillas. Para el resto de modelos existen igualmente versiones reparadas. La advertencia esencial no cambia: actualizar es necesario, pero los fondos asociados a una semilla creada con software vulnerable deben trasladarse a una cartera nueva.
Existe una excepción para quienes añadieron suficiente aleatoriedad mediante lanzamientos físicos de dados al crear la semilla. Según Coinkite, al menos 50 tiradas privadas e independientes aportan una protección relevante frente a este fallo concreto; con 99 o más se alcanza aproximadamente la entropía completa esperada. Quien no recuerde cuántas realizó, o dude sobre el procedimiento, debería considerar la semilla comprometida.
La autocustodia pierde su aura de invulnerabilidad
Los monederos fríos siguen siendo una herramienta sólida para reducir los riesgos asociados a plataformas de intercambio, aplicaciones conectadas y servicios que custodian fondos ajenos. Mantener las claves fuera de internet elimina numerosos ataques habituales. Lo que no hace es convertir el dispositivo en un objeto infalible.
La seguridad depende de una cadena completa: el diseño del hardware, el firmware, la generación aleatoria, las copias de respaldo, la passphrase, el proceso de actualización y las decisiones del propietario. Basta que falle uno de esos eslabones para que la supuesta fortaleza quede reducida a decorado. En el caso Coldcard, el ataque no saltó el aislamiento físico; lo rodeó aprovechando una debilidad creada años antes.
La vieja máxima cripto de «tus claves, tus monedas» conserva su sentido, pero necesita una segunda línea menos elegante: tus claves, también tus riesgos. La autocustodia evita depender de un banco o de una plataforma centralizada, aunque obliga a confiar en códigos, chips y procesos que pocos usuarios pueden auditar por sí mismos.
Los datos muestran, además, que las billeteras personales se han convertido en un objetivo cada vez más atractivo. En 2022 representaban el 7,3% del valor total robado en ataques relacionados con criptomonedas; en 2024 alcanzaron el 44%. Al mismo tiempo, los grandes golpes se concentran en menos operaciones y producen pérdidas enormes cuando encuentran una grieta.
La bóveda estaba cerrada, la combinación no era secreta
El robo de Coldcard no demuestra que todos los monederos fríos sean inseguros ni que guardar bitcoin fuera de línea carezca de sentido. Demuestra algo bastante menos cómodo: offline no significa invulnerable. Un dispositivo desconectado puede proteger una clave frente a internet, pero no puede convertir en robusta una clave que fue generada con una aleatoriedad defectuosa.
Los delincuentes no derribaron una muralla criptográfica. Encontraron una puerta lateral construida por error, recorrieron las combinaciones disponibles y entraron en miles de carteras mientras sus propietarios dormían, trabajaban o contemplaban tranquilos un aparato encerrado en una caja.
La imagen es difícil de mejorar: una bóveda perfectamente aislada, sin cables y bajo llave, cuyo código podía calcularse desde la otra punta del mundo. El hardware estaba frío. El ataque, no.
Publicado por: Alessandro Elia
Fuente de esta noticia: https://donporque.com/como-robaron-96-millones-en-bitcoin/
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