
Bolivia busca transformar su ubicación geográfica en una de sus mayores ventajas económicas y considera que el ferrocarril debe convertirse en una prioridad nacional dentro de una estrategia integral de logística y transporte. Así lo afirmó el presidente ejecutivo de la Aduana Nacional, Alberto Soto, quien sostuvo que el fortalecimiento del sistema ferroviario, la modernización de los procesos aduaneros y una mayor integración con Brasil constituyen elementos esenciales para aumentar la competitividad del comercio exterior y consolidar al país como un eje estratégico para el tránsito de mercancías entre los océanos Atlántico y Pacífico.
La propuesta va mucho más allá de construir nuevas vías férreas. Las autoridades consideran que la infraestructura física debe ir acompañada por una profunda modernización institucional, basada en la digitalización de los procesos aduaneros, la interoperabilidad entre organismos públicos, la simplificación normativa y una mayor coordinación con los países vecinos. Según la Aduana Nacional, reducir los tiempos de despacho y eliminar duplicidades en los controles fronterizos puede generar un impacto tan importante sobre la competitividad como la construcción de nuevas obras ferroviarias.
Uno de los proyectos con mayor potencial es el Corredor Ferroviario Bioceánico de Integración, una iniciativa impulsada desde hace varios años que pretende conectar los puertos del océano Atlántico, principalmente en Brasil, con los puertos del Pacífico en Chile y Perú, atravesando territorio boliviano. Si el proyecto logra completarse, Bolivia dejaría de ser únicamente un país de tránsito para convertirse en una plataforma logística regional, generando ingresos mediante servicios ferroviarios, almacenamiento, distribución de mercancías, mantenimiento industrial, zonas francas y centros logísticos especializados.
Actualmente, Bolivia ya dispone de una importante infraestructura ferroviaria operativa, especialmente en la denominada Red Oriental, administrada por Ferroviaria Oriental, que conecta Santa Cruz, Puerto Suárez y Puerto Quijarro con la frontera brasileña. Paralelamente existe la Red Occidental, que comunica el altiplano boliviano con puertos chilenos como Arica y Antofagasta. Sin embargo, ambas redes permanecen desconectadas desde hace más de un siglo, obligando a utilizar el transporte por carretera para unir ambos sistemas ferroviarios. La construcción del tramo faltante, estimado en aproximadamente 550 kilómetros, permitiría crear por primera vez un corredor ferroviario continuo entre el Atlántico y el Pacífico.
La integración con Brasil ocupa un lugar central dentro de esta estrategia. El vecino país representa uno de los principales socios comerciales de Bolivia y dispone de puertos atlánticos capaces de movilizar enormes volúmenes de mercancías hacia Europa, Asia y América del Norte. La Aduana Nacional propone implementar controles fronterizos coordinados, donde las autoridades de ambos países trabajen en un mismo centro logístico mediante el sistema de doble cabecera, reduciendo tiempos de espera, costos operativos y trámites administrativos para exportadores e importadores. El proyecto cuenta además con el acompañamiento técnico del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que participa en estudios para optimizar el corredor ferroviario internacional.
El desarrollo ferroviario también adquiere mayor importancia ante los desafíos que enfrenta la Hidrovía Paraguay–Paraná, una de las principales rutas de exportación de Bolivia. Durante los últimos años, las prolongadas sequías y los bajos niveles de los ríos provocaron restricciones a la navegación, incrementando los costos logísticos y afectando el transporte de minerales, granos y otros productos destinados al comercio internacional. Para especialistas en infraestructura, contar con un sistema ferroviario moderno permitiría diversificar las alternativas logísticas del país y reducir la dependencia de una única vía de transporte, fortaleciendo la resiliencia del comercio exterior frente a fenómenos climáticos extremos.
Desde el punto de vista económico, el transporte ferroviario ofrece ventajas significativas frente al transporte carretero. Permite movilizar grandes volúmenes de carga con menores costos por tonelada, consume menos combustible, reduce las emisiones de gases de efecto invernadero, disminuye la congestión vial y mejora la seguridad del transporte de mercancías. Estos factores resultan especialmente relevantes para sectores como la minería, la agroindustria, la industria forestal y el comercio internacional, donde los costos logísticos representan una parte importante del precio final de los productos. Diversos estudios internacionales muestran que el ferrocarril constituye uno de los medios más eficientes para recorridos de larga distancia y cargas masivas.
No obstante, los expertos advierten que la infraestructura ferroviaria por sí sola no garantizará el éxito del proyecto. Bolivia deberá avanzar en la actualización de su Ley General de Aduanas, armonizar su normativa con el Código Aduanero del MERCOSUR y con las disposiciones de la Comunidad Andina (CAN), fortalecer la digitalización de los procedimientos, mejorar la coordinación entre organismos públicos y desarrollar una política nacional de transporte multimodal que integre ferrocarriles, carreteras, hidrovías, aeropuertos y centros logísticos. Solo mediante una planificación conjunta será posible aprovechar plenamente la posición geográfica privilegiada del país en el centro de América del Sur.
Para numerosos analistas, el momento resulta especialmente favorable. La incorporación plena de Bolivia al MERCOSUR, el crecimiento del comercio entre Sudamérica y Asia, la consolidación de nuevos corredores bioceánicos y la necesidad mundial de cadenas logísticas más resilientes crean una oportunidad histórica para que el país deje de ser considerado únicamente un territorio de paso y se convierta en un verdadero centro logístico regional. Si las inversiones en infraestructura ferroviaria, la modernización aduanera y la cooperación internacional avanzan de forma coordinada, Bolivia podría desempeñar un papel cada vez más importante en el comercio intercontinental durante las próximas décadas.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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