
¿A qué te sabe la Palabra de Dios?
Puede parecer una pregunta extraña, pero el tema de la Palabra de Dios como alimento espiritual está presente en toda la Biblia. Al igual que la comida física, la Palabra de Dios nos da vida y satisfacción. Jesús dijo que no podemos vivir solo de pan, sino que necesitamos las palabras de Dios (Mt 4:4). Jeremías dijo que comió las palabras de Dios y que estas le llenaron el corazón de alegría y deleite (Jr 15:16). Isaías describió la Palabra de Dios como un banquete, y David celebró las palabras de Dios como más dulces que la miel.
¿Y tú? ¿Te sabe dulce la Escritura, o las palabras se te vuelven amargas en la boca? Quizás no sientas ningún hambre de la Palabra de Dios. Si anhelas la abundancia y el deleite que promete la Palabra de Dios, pero aún te sientes insatisfecho, hay esperanza. Al igual que desarrollamos nuestro gusto por ciertos alimentos, con la ayuda de Dios, podemos desarrollar el gusto por la Palabra de Dios.
Cuando no tienes apetito por la Palabra de Dios
Quizás tu problema no sea que no disfrutes de las Escrituras, sino que no las estás consumiendo en absoluto. No ansías las Escrituras y tal vez pienses que no las necesitas. Si no tienes apetito por la Palabra de Dios, empieza a leer de todos modos.
Empieza a leer la Palabra de Dios aunque no tengas ganas, y pídele a Dios que despierte en ti un hambre por Su Palabra, que es fuente de satisfacción
Si no tienes hambre de la Palabra de Dios, no es porque no la necesites. ¿Te has dado cuenta alguna vez de que si pasas mucho tiempo sin comer, dejas de sentir hambre? Puede que notes otros signos de que necesitas comida —falta de energía, dolor de cabeza, irritabilidad, mareos— pero es fácil olvidar que los síntomas se deben a la falta de combustible cuando no sientes hambre. No es hasta que das un bocado que tu estómago se despierta y te das cuenta de lo hambriento que estás.
Si examinas tu corazón con honestidad, es posible que veas los efectos secundarios de la desnutrición espiritual. En lugar de un dolor de cabeza, quizá encuentres descontento, impaciencia o falta de amabilidad. Si ese es tu caso, ¡dale un mordisco! Empieza a leer la Palabra de Dios aunque no tengas ganas, y pídele a Dios que despierte en ti un hambre por Su Palabra, que es fuente de satisfacción.
Cuando la Palabra de Dios sabe insípida
Quizás leas la Biblia de vez en cuando, pero te resulta aburrida. No te detengas si no te parece interesante. Sigue leyendo. Es posible que hayas oído que hay que probar una comida que no te gusta entre diez y veinte veces para que te acabe gustando. Del mismo modo, no necesariamente te encantará la Biblia la primera vez que la abras.
Comprométete a desarrollar el hábito constante de leer la Biblia, aunque sea cinco minutos al día. La Biblia se vuelve más emocionante con el tiempo, a medida que empiezas a reconocer la historia general que cuenta y cómo cada libro apunta a Cristo.
Cuando la Palabra de Dios parece una píldora amarga
Las Escrituras no siempre son fáciles de digerir. Nos redarguyen, nos desafían y nos llaman a apartarnos de cosas a las que no queremos renunciar.
Cuando leer la Palabra de Dios se siente como tragar una pastilla gigante, medita en el carácter de Dios. Mientras lees la Biblia, pregúntate: ¿Qué me muestra este texto acerca de quién es Dios? Los mandamientos difíciles son más fáciles de aceptar cuando los recibes en el contexto de una relación con un Dios que te ama y desea tu bien.
Cuando la Palabra de Dios sabe agria
Cuando estás pasando por dudas, sufrimiento o decepción, acercarse a Dios a través de Su Palabra puede resultar difícil. Los versículos sobre confiar en el Señor o regocijarse en todas las circunstancias pueden saber agrios. La tentación es dejar de leer por completo, pero no cierres tu Biblia ni tu corazón.
Una de las cosas más importantes que puedes hacer es orar para que Dios te satisfaga en las Escrituras
Dios nos invita a abrirle nuestro corazón porque Él es nuestro refugio (Sal 62:8). Así que cuéntale cómo te sientes y cuáles son tus dudas. Sé sincero acerca de tu enojo y tu decepción. Él es un lugar seguro. En estos momentos, los salmos son un excelente lugar a donde acudir. En ellos encontramos palabras para expresar nuestros sentimientos y ejemplos de cómo abrir nuestro corazón ante el Señor.
Cuando la Palabra de Dios te deja con hambre
¿Alguna vez te alejas de la Palabra de Dios sintiéndote vacío? Lees las palabras, pero no llegan a tu corazón, y las olvidas rápidamente a medida que sigues con tu día. La Palabra de Dios puede dejarnos insatisfechos cuando la tragamos rápidamente sin saborearla de verdad. Meditar en la Palabra de Dios nos permite masticarla, saborearla y abrir nuestro corazón a Su poder que satisface.
Pero no te detengas ahí; ora con la Palabra de Dios y ora en respuesta a la Palabra de Dios. La Escritura no es una colección de palabras áridas en una página; es la Palabra de Dios hablada para nosotros. Así que únete a la conversación respondiéndole en oración.
Cuando la Palabra de Dios sabe dulce
Por la gracia de Dios, habrá momentos en que las Escrituras te sabrán más dulces que la miel en la boca y te deleitarás en Dios a través de Su Palabra. Cuando eso suceda, ¡alaba al Señor! Sigue leyendo, sigue estudiando y sigue buscando conocerlo aún más.
Pero no te lo guardes para ti; compártelo con los demás. Invita a alguien a leer las Escrituras contigo —quizás a alguien a quien le cueste deleitarse en ellas— y ayúdale a «probar y ver que el Señor es bueno» (Sal 34:8).
Independientemente de cómo te suenen las Escrituras, una de las cosas más importantes que puedes hacer es orar para que Dios te satisfaga en ellas. Estás invitado al banquete de las Escrituras, así que escucha con atención y deléitate en el rico manjar de Su Palabra (Is 55:2).
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Joanna Kimbrel
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/desarrolla-gusto-palabra-dios/
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