
La economía más grande del Mercosur enfrenta en 2026 un dilema monetario de extrema complejidad: una inflación que se acelera gradualmente y unas tasas de interés que se mantienen entre las más altas del mundo, en un escenario marcado por la incertidumbre electoral y el shock energético global. Brasil viene sufriendo una aceleración gradual de su inflación: fue de 4,72% interanual en mayo, cuando venía de 4,39% en abril, 4,14% en marzo y 3,81% en febrero, quedando por encima de la tolerancia del rango meta del Banco Central, de 3% más o menos 1,5 puntos porcentuales. Esta tendencia ascendente, que rompe con la desaceleración observada a principios de año, complica el escenario monetario brasileño y limita el margen del Banco Central para reducir las tasas de interés, en un contexto en que la economía necesita estímulos para sostener el crecimiento.
El origen de las presiones inflacionarias está estrechamente vinculado a factores externos que escapan al control de las autoridades brasileñas. La inflación brasileña ha sorprendido recientemente al alza, debido en gran medida al aumento de los costes de los insumos tras el estallido de la guerra con Irán, aunque también refleja persistentes presiones de demanda. El shock energético derivado del conflicto en Medio Oriente y el cierre temporal del estrecho de Ormuz dispararon los precios del combustible, que se trasladaron a los costos de transporte y, a través de ellos, a toda la cadena de precios de la economía. Este fenómeno ilustra la vulnerabilidad de las economías del Mercosur ante los shocks externos, especialmente los energéticos, y refuerza el argumento a favor de la integración energética regional como mecanismo de protección frente a la volatilidad de los mercados globales.
La política monetaria del Banco Central de Brasil refleja la tensión entre la necesidad de contener la inflación y la de sostener el crecimiento. El deterioro de las perspectivas de inflación reduce el margen para una mayor relajación monetaria, y aunque es probable que el banco central siga recortando los tipos, hasta situar la Selic en el 13,0% a final de año, las preocupaciones inflacionistas podrían obligar a retrasar el ciclo de bajadas. Estas tasas de interés, entre las más altas del mundo en términos reales, tienen un efecto contractivo sobre la inversión y el consumo, frenando el crecimiento de la mayor economía del bloque. El dilema del Banco Central brasileño es clásico: bajar las tasas para estimular el crecimiento arriesga acelerar la inflación, mientras que mantenerlas altas para contener los precios frena la actividad económica, un equilibrio especialmente delicado en un año electoral.
El contexto electoral añade un factor de incertidumbre y volatilidad a las perspectivas económicas de Brasil. El crecimiento se mantendrá en torno al 2% en 2026-27, con la previsión para 2026 revisada al alza hasta el 2,1% por la resiliencia de la actividad y el estímulo fiscal preelectoral. Es probable que el real se debilite en los próximos trimestres, debido a la incertidumbre previa a las elecciones generales del cuarto trimestre de 2026 y al menor diferencial de tipos de interés con Estados Unidos. El estímulo fiscal preelectoral, que impulsa el crecimiento en el corto plazo, genera preocupación sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas y sobre las presiones inflacionarias futuras. La combinación de estímulo fiscal, inflación al alza y debilitamiento de la moneda configura un escenario económico complejo para el gigante del bloque en un momento políticamente decisivo.
Para el Mercosur, el dilema monetario de Brasil tiene consecuencias que trascienden las fronteras del país. Como mayor economía del bloque y principal socio comercial de sus vecinos, la evolución económica de Brasil afecta directamente al comercio intrazona, a los flujos de inversión y a la estabilidad financiera de toda la región. Un Brasil con alta inflación y tasas elevadas, crecimiento moderado y moneda debilitada es un socio comercial menos dinámico para los demás países del bloque, lo que repercute en las exportaciones de Argentina, Uruguay y Paraguay hacia el mercado brasileño. La interdependencia económica del Mercosur hace que los desafíos de cada miembro, especialmente del más grande, se conviertan en desafíos compartidos. La coordinación macroeconómica entre los países del bloque, que sigue siendo una asignatura pendiente de la integración, se vuelve cada vez más necesaria en un contexto de creciente volatilidad económica global.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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