
El Mercosur llega a la recta final de los preparativos de su cumbre del 30 de junio en Luque con la misma tensión estructural que ha marcado su política durante los últimos dos años: el antagonismo entre el presidente argentino Javier Milei y el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, que encarnan dos visiones irreconciliables sobre el futuro del bloque. La diplomacia uruguaya ha resumido durante años esa dinámica con una frase reveladora: «Cuando los grandes se pelean, no son buenas noticias para nosotros», citaba a menudo la diplomacia uruguaya cuando la incipiente rivalidad entre Lula da Silva y Javier Milei asomaba con poner en veredas opuestas a Brasil y a Argentina en la interna del Mercosur. Esta preocupación de los socios menores del bloque ante el choque de los dos gigantes sudamericanos es el telón de fondo permanente de cada cumbre, y la del 30 de junio no será la excepción.
Sin embargo, la experiencia de los últimos dos años demuestra que las diferencias ideológicas, por profundas que sean, no han logrado paralizar al bloque. Las diferencias ideológicas no impidieron que en dos años el bloque cerrara filas —con más sintonía entre cancilleres y diplomáticos que entre mandatarios— para celebrar importantes hitos comerciales como el acuerdo con la Unión Europea y el EFTA. Este dato es fundamental para entender la naturaleza del Mercosur de 2026: mientras los presidentes protagonizan desencuentros públicos y gestos de antagonismo personal, la maquinaria diplomática y técnica del bloque sigue funcionando y produciendo resultados concretos. La distancia entre la política presidencial y la diplomacia profesional es, paradójicamente, lo que ha permitido que el bloque avance a pesar de las tensiones en la cúpula.
Las posiciones de los cinco presidentes ante la cumbre de Luque están claramente definidas y reflejan la heterogeneidad política del bloque. Milei mantiene su exigencia de mayor apertura comercial, flexibilización del Arancel Externo Común para poder firmar acuerdos bilaterales —especialmente con Estados Unidos— y reducción de la burocracia del bloque, con la amenaza implícita de retirar a Argentina del Mercosur si sus demandas no son atendidas. Lula defiende la estructura actual del bloque, el Arancel Externo Común y la negociación colectiva como instrumentos que protegen a sus miembros en un mundo de creciente proteccionismo. Entre ambos extremos, el presidente uruguayo Yamandú Orsi ha construido una posición intermedia que combina la defensa de la integración regional con la búsqueda de mayor flexibilidad para negociar acuerdos individuales, un equilibrio que lo posiciona como un mediador natural en el momento en que Uruguay se apresta a asumir la Presidencia Pro Tempore del bloque.
El contexto de la cumbre de Luque incorpora además un conjunto de disputas comerciales internas que tensionan las relaciones entre los socios más allá del eje Milei-Lula. Brasil teme que el acuerdo entre Argentina y Estados Unidos pueda tensionar el objetivo de libre comercio intrazona y configurar nuevas barreras regulatorias. Por su parte, Uruguay y Argentina mantienen reclamos coincidentes contra Brasil, particularmente en relación con una investigación antidumping brasileña sobre la leche en polvo que ambos países consideran ilegítima. Estas disputas comerciales, aunque técnicas en apariencia, tienen un peso político considerable porque afectan a sectores productivos sensibles y a miles de puestos de trabajo en los países involucrados.
La cumbre del 30 de junio en Luque será, por tanto, un ejercicio de equilibrio diplomático de alta complejidad. Los cancilleres de los cinco países tienen la tarea de gestionar simultáneamente el antagonismo presidencial entre Milei y Lula, las disputas comerciales internas, el traspaso de la Presidencia Pro Tempore de Paraguay a Uruguay y la agenda de temas pendientes que incluye las cuotas de carne, el FOCEM y la eventual ampliación del bloque. El desafío central es lograr que la cumbre del 35.° aniversario del Tratado de Asunción produzca resultados concretos a pesar de las tensiones, demostrando que el Mercosur es más fuerte que las diferencias ideológicas de sus gobiernos. Si los cancilleres lo consiguen, habrán confirmado que la diplomacia profesional del bloque puede prevalecer sobre la confrontación política de la cúpula presidencial.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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