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Hay una dimensión del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea que raramente aparece en los titulares sobre carne, soja y vinos, pero que puede ser la más estratégica de todas en el largo plazo: el Mercosur es un proveedor clave de las materias primas vitales para las transiciones ecológica y digital de Europa, y esa dependencia europea de los minerales del bloque es uno de los argumentos más poderosos que sostienen el acuerdo a pesar de toda la oposición política que enfrenta. Según los datos oficiales de la Comisión Europea, la UE importa del Mercosur el 82% de su niobio, un mineral estratégico utilizado para producir imanes superconductores para escáneres de resonancia magnética y para el tratamiento del cáncer, además de sus aplicaciones en aleaciones de acero de alta resistencia para la industria aeroespacial y automotriz. Esta cifra — 82% del niobio europeo proveniente del Mercosur — revela una dependencia estratégica que ningún análisis del acuerdo centrado solo en los productos agrícolas puede capturar, y que coloca al bloque sudamericano en una posición de poder negociador que sus propios gobiernos no siempre aprovechan con la sofisticación que merece.
Brasil es el mayor productor mundial de niobio, con más del 90% de la producción global concentrada en el yacimiento de Araxá, en Minas Gerais, operado por la Compañía Brasileña de Metalurgia y Minería (CBMM). Esta posición de cuasi-monopolio mundial del niobio brasileño es un activo estratégico de valor incalculable en un mundo que necesita cada vez más minerales críticos para la transición energética y digital. El niobio no es el único mineral estratégico que el Mercosur aporta a Europa: el litio del triángulo Argentina-Bolivia-Chile, el cobre, el grafito, las tierras raras y otros minerales críticos forman parte del paquete de materias primas que hacen del bloque sudamericano un socio indispensable para la ambición europea de liderar la transición hacia una economía verde y digital. Sin acceso seguro y preferencial a estos minerales, la industria europea de baterías, de energías renovables, de equipamiento médico avanzado y de tecnología digital enfrentaría cuellos de botella que comprometerían sus objetivos climáticos y su autonomía estratégica.
El acuerdo Mercosur-UE establece un marco de cooperación en minerales críticos que va más allá del simple comercio: incluye compromisos de inversión europea en la cadena de valor de los minerales del bloque, transferencia de tecnología para el procesamiento local y reglas que buscan garantizar que la extracción de estos minerales sea ambientalmente sostenible y socialmente responsable. Para el Mercosur, esta dimensión del acuerdo representa una oportunidad histórica: en lugar de exportar los minerales en bruto y dejar que el valor agregado se genere en Europa, el bloque puede usar el acuerdo para atraer inversión europea que desarrolle la cadena de procesamiento de minerales dentro de su territorio, generando empleo calificado, transferencia de tecnología y mayor valor exportado por unidad de mineral. La diferencia entre exportar niobio en bruto y exportar imanes superconductores fabricados con ese niobio es la diferencia entre ser un proveedor de materias primas y ser un actor industrial en la cadena de valor global de la transición energética.
La importancia estratégica de los minerales del Mercosur para Europa es también el argumento geopolítico más poderoso que los defensores del acuerdo tienen para resistir la oposición de Francia, Irlanda y los demás países que cuestionan el tratado por razones agrícolas. En un mundo donde China domina el procesamiento global de minerales críticos — controlando más del 60% del refinamiento mundial de litio, cobalto y tierras raras — Europa no puede permitirse depender exclusivamente de Beijing para los insumos de su transición energética. El acceso preferencial a los minerales del Mercosur que el acuerdo garantiza es, en este contexto, una cuestión de seguridad económica y de autonomía estratégica europea que trasciende ampliamente las preocupaciones de los ganaderos franceses. Cuando los eurodiputados voten la ratificación definitiva del acuerdo, tendrán que sopesar los intereses de unos cientos de miles de agricultores europeos contra la dependencia estratégica de toda la industria europea de los minerales críticos del Mercosur. Esa ecuación es la que, en última instancia, puede inclinar la balanza a favor del acuerdo a pesar de toda la oposición política que enfrenta.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, originario de Goiás, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur y Director General de Radio Mercosur. Es miembro de la Asociación Brasileña de Prensa (ABI) y desarrolla su trayectoria en el periodismo internacional, el Mercosur, la integración regional, la geopolítica y los derechos humanos. Cuenta con un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y un Doctorado Honoris Causa.
También fue Director General del Comité Paraguay de la Cámara de Industria y Comercio del Mercosur y las Américas. Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México, recibido en 2021, y el reconocimiento como Amigo de la Niñez y la Adolescencia otorgado por Plan International Paraguay.
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