
La definición más precisa y más ambiciosa del significado estratégico del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea no vino de un diplomático ni de un académico sino del vicepresidente y ministro de Desarrollo, Industria y Comercio de Brasil, Geraldo Alckmin, quien lo describió ante el Congreso brasileño como un instrumento de política económica y externa alineado con una estrategia de desarrollo sostenible e inclusivo. En sus declaraciones con ocasión de la promulgación del acuerdo, Alckmin afirmó que el acuerdo diversifica mercados, reduce vulnerabilidades externas, fortalece la integración del bloque y mejora la resiliencia de la economía brasileña ante choques globales. Esta caracterización del acuerdo — no como un simple tratado comercial sino como un instrumento integral de política económica y externa — es la que mejor captura su significado estratégico para el Mercosur en el contexto de la incertidumbre global de 2026. El acuerdo no es solo sobre aranceles y cuotas: es sobre la posición del bloque en el mundo, sobre su capacidad de resistir las presiones de las grandes potencias y sobre su modelo de desarrollo para las próximas décadas.
La idea de que el acuerdo «reduce vulnerabilidades externas» y «mejora la resiliencia ante choques globales» es especialmente relevante en el contexto del proteccionismo de la administración Trump, que elevó los aranceles promedio de los productos del Mercosur hacia el mercado estadounidense del 2,1% al 12,8% en menos de dos años. En un mundo donde Estados Unidos usa los aranceles como instrumento de presión política y donde China puede restringir las importaciones de los productos del bloque por razones sanitarias o geopolíticas, la diversificación de mercados que el acuerdo con la UE proporciona es exactamente la herramienta que reduce la vulnerabilidad del Mercosur ante las presiones de cualquier gran potencia. Un bloque que exporta a Europa, a Canadá, a China, a Estados Unidos y a los países asiáticos del CPTPP es mucho menos vulnerable a la presión de cualquiera de ellos que un bloque que depende de uno o dos mercados para sus exportaciones. Esa autonomía estratégica que la diversificación proporciona es el beneficio más profundo y más duradero del acuerdo, más allá de las cifras de crecimiento exportador.
El acuerdo eliminará tarifas sobre el 95% de los bienes del Mercosur en un plazo de hasta 12 años por parte de la Unión Europea, con tarifa cero desde el inicio para diversos productos industriales, incluyendo aeronaves y equipamientos de transporte. La ApexBrasil estima que la implementación del acuerdo puede incrementar las exportaciones brasileñas en cerca de 7.000 millones de dólares y ampliar la diversificación de las ventas internacionales del país, beneficiando incluso a la industria nacional. Este énfasis en el beneficio para la industria — no solo para el agronegocio — es importante porque desmiente la narrativa simplista de que el acuerdo solo beneficia a los exportadores de commodities agrícolas y perjudica a la industria del bloque. La realidad es más matizada: el acuerdo beneficia a los sectores industriales del Mercosur que son competitivos internacionalmente —como la industria aeronáutica brasileña de Embraer— y desafía a los sectores que no lo son a modernizarse para competir con las importaciones europeas durante el período de desgravación progresiva.
Para el Mercosur, la caracterización del acuerdo como instrumento de desarrollo sostenible e inclusivo es también un compromiso que el bloque debe cumplir para que el acuerdo cumpla sus promesas. «Sostenible» significa que el crecimiento exportador que el acuerdo genera no debe destruir los biomas del bloque ni violar el Acuerdo de París, cuya observancia es condición del tratado. «Inclusivo» significa que los beneficios del acuerdo deben llegar no solo a los grandes exportadores sino también a las pequeñas y medianas empresas, a la agricultura familiar y a los trabajadores de los sectores exportadores. El desafío para el Mercosur es convertir la retórica del desarrollo sostenible e inclusivo en políticas concretas que garanticen que el acuerdo con Europa genera prosperidad distribuida y crecimiento sostenible, no solo mayor volumen de exportaciones concentrado en los actores más grandes y a costa de los biomas más vulnerables. Esa es la prueba más profunda del acuerdo, y la que determinará si Alckmin tenía razón al describirlo como un instrumento de desarrollo y no solo como un tratado comercial.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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