
Existe una conocida fábula que narra la historia de un rey que poseía dos magníficas águilas. Ambas eran fuertes, majestuosas y habían sido entrenadas para surcar los cielos.
Sin embargo, había un problema.
Mientras una de ellas volaba libremente, alcanzando grandes alturas y explorando horizontes lejanos, la otra permanecía inmóvil sobre una rama.
Los mejores entrenadores, médicos y sabios del reino intentaron descubrir qué ocurría. El águila estaba sana, sus alas funcionaban perfectamente y no existía ninguna enfermedad que explicara su comportamiento.
Aun así, se negaba a volar.
Hasta que un anciano campesino encontró la solución.
A la mañana siguiente, el rey observó maravillado cómo el águila surcaba el cielo junto a la otra.
Sorprendido, preguntó qué había hecho el anciano.
La respuesta fue simple:
«Solo corté la rama a la que estaba aferrada.
Enseñanza Psicológica de la Fábula.
Esta historia no habla realmente de águilas.
Habla de nosotros.
Muchas veces poseemos capacidades, talentos, inteligencia, sensibilidad y recursos suficientes para alcanzar nuestros objetivos, pero permanecemos inmóviles porque seguimos aferrados a una rama invisible.
La pregunta es:
¿Cuál es la rama que te impide volar?
- La Rama de las Creencias Limitantes: Desde la psicología cognitiva sabemos que gran parte de nuestras limitaciones no provienen de la realidad, sino de las interpretaciones que hacemos de ella.
Frases como:
«No soy capaz.»
«No soy suficientemente bueno.»
«Siempre fracaso.»
«No tengo suerte.»
«Ya es demasiado tarde para mí.»
Se convierten en ramas psicológicas.
No porque sean ciertas.
Sino porque terminamos creyéndolas.
Con el tiempo dejamos de intentarlo no porque no podamos, sino porque asumimos que no podremos.
- La Rama del Miedo: Uno de los mayores enemigos del crecimiento personal no es el fracaso. Es el miedo al fracaso.
Muchas personas permanecen años en relaciones dañinas, empleos que detestan o situaciones que las hacen infelices porque la incertidumbre les resulta más aterradora que el sufrimiento conocido.
Paradójicamente, la rama que las mantiene seguras también les impide descubrir hasta dónde podrían llegar.
- La Rama del Dolor Pasado: Las heridas emocionales también pueden convertirse en ramas.
Una traición puede hacer que alguien deje de confiar.
Un rechazo puede hacer que deje de amar.
Una crítica constante puede hacer que deje de creer en sí mismo.
El problema no es la herida.
El problema aparece cuando convertimos una experiencia dolorosa en una prisión permanente.
Porque entonces dejamos de vivir el presente a causa de algo que ocurrió en el pasado.
- La Zona de Confort: La Rama Más Peligrosa
La psicología describe la zona de confort como un espacio donde todo resulta familiar y predecible.
No necesariamente es un lugar feliz.
Simplemente es conocido.
Y muchas personas prefieren una incomodidad conocida antes que una posibilidad desconocida.
El águila no permanecía en la rama porque no supiera volar.
Permanecía allí porque había olvidado que podía hacerlo.
El Papel del Psicólogo: No Enseñar a Volar
Una de las enseñanzas más hermosas de esta fábula es que el campesino no le enseñó a volar al águila.
El águila ya sabía.
Simplemente eliminó aquello que la mantenía aferrada.
Algo similar ocurre en muchos procesos terapéuticos.
El psicólogo no introduce capacidades mágicas en las personas.
Más bien ayuda a identificar:
Miedos.
Creencias limitantes.
Heridas emocionales.
Patrones repetitivos.
Dependencias psicológicas.
Y una vez identificadas esas ramas, la persona comienza a descubrir que siempre tuvo alas.
Una Mirada Desde la Psicología Humanista.
Desde la perspectiva de Carl Rogers y la psicología humanista, todo ser humano posee una tendencia natural hacia el crecimiento y la autorrealización.
En otras palabras:
Las personas nacen con potencial para desarrollarse.
Sin embargo, las experiencias de vida pueden alejarlas de esa capacidad.
La terapia, la reflexión y el autoconocimiento ayudan a reconectar con quien realmente somos.
No para convertirnos en alguien nuevo.
Sino para recordar quiénes hemos sido siempre.
Quizás el problema no sea que te falten alas.
Quizás el problema sea la rama que sigues sosteniendo.
Esa creencia que te limita.
Ese miedo que te paraliza.
Esa herida que aún gobierna tus decisiones.
Esa relación que consume tu energía.
Esa versión antigua de ti mismo que ya no te representa.
Porque muchas veces no necesitamos aprender más.
Necesitamos soltar más.
Y cuando finalmente dejamos ir aquello que nos mantiene inmóviles, descubrimos algo extraordinario:
Nunca dejamos de tener la capacidad de volar. Solo habíamos olvidado que nuestras alas seguían allí.
¿Cuál es la rama a la que sigues aferrado?
Tal vez hoy sea el momento de soltarla.
Porque Dios no creó las águilas para vivir en una rama.
Y tampoco te creó a ti para vivir prisionero de tus miedos cuando fuiste diseñado para extender las alas y alcanzar alturas que aún no imaginas.
«Todas vuestras cosas sean hechas con amor.» Romanos 13:10 (RVR1960)
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ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana y actualmente residente en Cali, Colombia, cuenta con una amplia trayectoria en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.
- ★FILOFOBIA: CUANDO EL MIEDO A AMAR SE CONVIERTE EN UNA PRISIÓN EMOCIONAL.
- ★EL ÁGUILA QUE NO QUERÍA VOLAR: UNA REFLEXIÓN PSICOLÓGICA SOBRE EL POTENCIAL HUMANO.
- ★LOS TRES FILTROS DE SÓCRATES.
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