
Cuando pensamos en las dificultades del aprendizaje solemos imaginar problemas relacionados con la lectura, la escritura o las matemáticas. Sin embargo, existen niños que enfrentan desafíos diferentes: les cuesta abotonarse una camisa, usar correctamente unas tijeras, montar bicicleta, escribir con fluidez o participar en actividades deportivas que para otros parecen sencillas.
Con frecuencia, estos niños son descritos como «torpes», «descuidados» o «poco hábiles». No obstante, detrás de estas dificultades puede encontrarse una condición del neurodesarrollo conocida como Trastorno del Desarrollo de la Coordinación (TDC), también llamada dispraxia.
Aunque es menos conocida que otros trastornos del aprendizaje, la dispraxia puede afectar significativamente la vida académica, social y emocional de quienes la presentan. Por esta razón, es importante que padres, docentes y cuidadores conozcan sus características y aprendan a identificar sus señales tempranas.
¿Qué es la dispraxia?
La dispraxia es un trastorno del neurodesarrollo que afecta la capacidad para planificar, coordinar y ejecutar movimientos de manera eficiente.
Los niños con esta condición comprenden perfectamente lo que deben hacer, pero encuentran dificultades para organizar los movimientos necesarios para realizar determinadas acciones.
No se trata de falta de inteligencia, desinterés o pereza. Tampoco significa que el niño no quiera aprender. La dificultad está relacionada con la coordinación motora y la planificación de los movimientos.
En muchos casos, estas dificultades se hacen evidentes durante la infancia, especialmente cuando aumentan las exigencias escolares y sociales.
Principales características de la dispraxia:
- Torpeza motora: Es una de las señales más visibles.
El niño puede:
Tropezar con frecuencia.
Chocar accidentalmente con objetos.
Derramar líquidos con facilidad.
Caerse más de lo esperado para su edad.
Tener dificultades para actividades deportivas.
Dificultad para escribir
La escritura puede verse afectada debido a problemas en la coordinación fina de los movimientos de la mano.
Es frecuente observar:
Letra irregular.
Escritura lenta.
Fatiga al escribir.
Problemas para sostener correctamente el lápiz.
Problemas en actividades que requieren coordinación fina
Las tareas que exigen precisión suelen representar un reto importante.
Por ejemplo:
Recortar con tijeras.
Atarse los cordones.
Manipular botones.
Armar rompecabezas.
Utilizar cubiertos correctamente.
Lentitud para aprender habilidades motoras nuevas
Algunos niños requieren más tiempo y práctica para adquirir destrezas que otros aprenden con relativa facilidad.
- Dificultades en la organización espacial: Pueden presentar problemas para orientarse, calcular distancias o comprender la ubicación de objetos en el espacio.
Un ejemplo cotidiano
Imaginemos a un niño que entiende perfectamente cómo debe amarrar los cordones de sus zapatos. Ha observado muchas veces el procedimiento e incluso puede explicarlo verbalmente.
Sin embargo, cuando intenta hacerlo por sí mismo, sus manos parecen no responder de la manera esperada. Los movimientos resultan torpes, lentos y desorganizados.
Lo mismo puede ocurrir al copiar un texto, lanzar una pelota o utilizar unas tijeras.
Esta diferencia entre comprender una tarea y ejecutarla adecuadamente es una de las características más representativas de la dispraxia.
¿Cuáles son las causas de la dispraxia?
Aunque las investigaciones continúan avanzando, actualmente se considera que la dispraxia tiene un origen neurobiológico.
- Diferencias en el desarrollo neurológico:
Algunas áreas cerebrales encargadas de planificar y coordinar movimientos pueden desarrollarse de manera diferente.
- Factores genéticos: Se ha observado una mayor frecuencia de dificultades motoras en algunas familias.
- Alteraciones en la integración sensorial: En ciertos casos existen dificultades para procesar e integrar adecuadamente la información que proviene de los sentidos.
- Factores prenatales o perinatales: Algunas condiciones durante el embarazo o el nacimiento pueden aumentar el riesgo, aunque no constituyen una causa única.
Es importante recordar que la dispraxia no es consecuencia de una mala crianza ni de falta de práctica.
Impacto emocional y social.
Las consecuencias emocionales suelen ser tan importantes como las dificultades motoras.
Muchos niños con dispraxia experimentan:
Frustración constante.
Vergüenza frente a sus compañeros.
Baja autoestima.
Evitación de actividades deportivas.
Temor a cometer errores.
Sensación de ser diferentes.
Cuando son etiquetados como «torpes» o «descuidados», pueden comenzar a creer que realmente son incapaces, afectando su confianza y motivación.
Por esta razón, el acompañamiento emocional resulta fundamental.
Medidas de afrontamiento y apoyo.
- Buscar una evaluación profesional: Ante la sospecha de dificultades persistentes en la coordinación motora, es recomendable consultar a profesionales especializados en neuropsicología, terapia ocupacional, fisioterapia pediátrica o desarrollo infantil.
- Favorecer la práctica gradual: Las habilidades motoras mejoran con la repetición constante y el acompañamiento adecuado.
- Evitar las comparaciones: Cada niño tiene un ritmo de desarrollo diferente. Compararlo con hermanos o compañeros solo aumenta la frustración.
- Adaptar las actividades: Algunas tareas pueden requerir herramientas especiales o más tiempo para ser completadas.
- Reforzar las fortalezas: Es importante identificar y potenciar las capacidades del niño en áreas donde se siente competente y exitoso.
- Promover la actividad física adecuada: La práctica de ejercicios adaptados favorece la coordinación, la confianza y el desarrollo motor.
- Trabajar la autoestima: Ayudar al niño a comprender que sus dificultades no definen su valor es una de las intervenciones más importantes.
- El papel de la familia y la escuela: La comprensión de los adultos puede marcar una diferencia enorme en la vida de un niño con dispraxia.
Cuando padres y docentes entienden que existe una dificultad real detrás de ciertos comportamientos, es más fácil ofrecer apoyo en lugar de críticas.
Pequeños ajustes, mayor paciencia y expectativas realistas permiten que el niño desarrolle sus habilidades sin sentirse constantemente juzgado.
¿Puede un niño con dispraxia desarrollarse adecuadamente?
Sí.
Con intervención temprana, apoyo especializado y un entorno comprensivo, la mayoría de los niños logra mejorar significativamente sus habilidades motoras y desarrollar estrategias para afrontar los desafíos cotidianos.
Muchos adultos con antecedentes de dispraxia llevan vidas plenamente independientes, exitosas y satisfactorias.
La clave está en reconocer las dificultades a tiempo y brindar las herramientas necesarias para fortalecer la confianza y la autonomía.
Detrás de cada niño que tropieza con frecuencia, que tarda más en escribir o que lucha por realizar tareas aparentemente simples, existe una historia de esfuerzo que muchas veces pasa desapercibida.
La dispraxia nos recuerda que no todos los desafíos del aprendizaje se encuentran en los libros o en los números. Algunos se expresan a través de los movimientos, de la coordinación y de las habilidades que utilizamos cada día sin pensar en ellas.
Antes de llamar «torpe» a un niño, vale la pena preguntarnos qué está ocurriendo realmente detrás de esa dificultad.
Porque cuando cambiamos el juicio por comprensión y la crítica por acompañamiento, ayudamos a que los niños descubran que sus desafíos no son obstáculos insuperables, sino caminos diferentes hacia el aprendizaje y el crecimiento.
Y cuando un niño siente que es comprendido, encuentra la confianza necesaria para seguir intentándolo una vez más.
«El amor es paciente, es bondadoso. El amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.» 1 Corintios 13:4-7 (RVR1960)
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ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana y actualmente residente en Cali, Colombia, cuenta con una amplia trayectoria en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.
- ★TRASTORNO DEL DESARROLLO DEL LENGUAJE:
- ★DISPRAXIA: CUANDO COORDINAR MOVIMIENTOS SIMPLES SE CONVIERTE EN UN GRAN DESAFÍO.
- ★TDAH: MUCHO MÁS QUE UN NIÑO INQUIETO O DISTRAÍDO.
- ★DISGRAFÍA: CUANDO ESCRIBIR RESULTA MÁS DIFÍCIL DE LO QUE PARECE.
- ★DISCALCULIA: CUANDO LOS NÚMEROS SE CONVIERTEN EN UN DESAFÍO PARA APRENDER.

