
En 1885 Guillermo Hudson, un argentino de padres estadounidenses de origen irlandés que luego moriría sintiéndose inglés, publicó una novela que tituló La tierra purpúrea. La novela, que debería estar incluida en los programas de literatura de nuestro país, se refiere a las andanzas de un inglés de nombre Richard Lamb —personaje que en realidad representa al mismo autor— durante distintas peripecias ocurridas en un viaje en busca de trabajo en el interior de nuestro país, luego de la Guerra Grande.
En una de esas andanzas tiene un cierto desencuentro, estando en una pulpería en Florida, con un viejo domador de nombre Lucero. El viejo, sabiendo que venía de Montevideo, le espeta:
«Era un árbol muy grande que se llamaba Montevideo, y en sus ramas vivía una colonia de monos. Un guen día, bajó del árbol uno de los monos y corrió muy alborotao a través de la pampa, ya gateando como un hombre en cuatro patas, ya andando en dos como un perro, mientras que la cola, sin tener de ande agarrarse, se retorcía como una culebra cuando uno le pone el pie en la cabeza. Por último, llegó a un lugar ande pasteaban unos cuantos güeyes, caballos, avestruces, venaos, cabros y chanchos.
—Amigos —dijo el mono, haciendo gestos y mostrando los dientes como una calavera y con los ojos muy abiertos y redondos como patacones—, les traigo una gran noticia. Vengo a avisarles que muy pronto vamos a tener una revolución.
—¿Ande? —preguntó el güey.
—En el árbol, por de contado, ¿en qué otra parte había de ser? —contestó el mono.
—Eso no nos importa a nosotros —dijo el güey.
—¡Cómo no les ha de importar! —gritó el mono—, cuando muy pronto cundirá la revolución y los degollarán a todos ustedes.
Entonces retrucó el gúey: —¡Mirá mono! Volvete a tu casa y no nos molestés más con tus noticias; no vaya a ser que nos enojemos y te sitiemos en tu árbol como lo hemos tenido que hacer tantas veces dende la creación del mundo; y entonces, si vos y los otros monos bajan del árbol, los lanzaremos al aire con nuestras aspas».
Sin duda, de esta alegoría del gaucho Lucero se desprende el concepto que la gente del interior tenía, hace más de cien años, respecto a la gente y lo que sucedía en Montevideo. En definitiva, la capital era como un árbol lleno de una gárrula de monos que debía ser castigada, y me animaría a sostener que, a pesar de la centuria largamente transcurrida, desde nuestro interior se sigue manteniendo un concepto similar que el gobierno de turno alimenta generosamente.
Altos funcionarios que no pagan los tributos que deberían, una voracidad fiscal que parece no tener límite, altos funcionarios que pretenden evitar perder suculentos salarios privados, etc. Mientras tanto, cierran empresas por doquier; la enseñanza pública y privada comienza a sentir la falta de educandos por políticas que corroen a la familia; las ciudades de todo el país y, especialmente, la capital se encuentran desbordadas por personas en situación de calle, mientras el gobierno demuestra una total incapacidad para tomar iniciativas que resuelvan dichos problemas.
Es claro que ello supone desandar políticas equivocadas y rectificar rumbos, como alentar la burocratización, las políticas contrarias a la estabilidad y desarrollo de la familia, la inocuidad del consumo de drogas o la benevolencia con las actividades delictivas.
El capital político acumulado basado en políticas de género equivocadas y demagógicas, y el agitar fantasmas de hace cincuenta años promoviendo injustas venganzas para provecho material de unos pocos a costa del erario público, ya no rinde, y la disconformidad invade a tirios y troyanos.
Si nos viera el viejo domador Lucero de la novela de Hudson, ¿diría que el árbol parece lleno de monos?
Recorremos un camino lleno de errores, con enormes pérdidas desde el punto de vista material, que incluso no pagarán exclusivamente los contemporáneos, sino que también recaerán sobre la espalda de las futuras generaciones por el peso de un endeudamiento que viene creciendo de manera exponencial tanto en lo nacional como en lo departamental.
La ausencia de personalidades en las que la gente pueda depositar su confianza y sus esperanzas genera preocupación. El país clama a gritos por ejemplos de sacrificio y austeridad que deben provenir de los dirigentes, porque el “pan y circo” que se ha practicado en los últimos tiempos ha desacreditado a la política, particularmente cuando ni siquiera se pueden dar explicaciones claras y satisfactorias sobre beneficios recibidos que no son habitualmente percibidos por los simples ciudadanos.
*Ex senador de la República
Guillermo Domenech
Fuente de esta noticia: https://www.xn--lamaana-7za.uy/opinion/la-tierra-purpurea-ayer-y-hoy/
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