

Por: Wolfgang A. Streich
Cada vez que se celebra la Copa Mundial de Fútbol, el planeta entero experimenta una metamorfosis colectiva. De la noche a la mañana, las sociedades se fragmentan en bloques perfectamente delimitados por nacionalidades. Paralelamente, se activa una maquinaria comercial e industrial gigantesca que vive, precisamente, de exacerbar estas divisiones: banderas, indumentarias y discursos diseñados exclusivamente para identificarnos con «nuestro grupo» y diferenciarnos —a menudo desde el rechazo— del «otro».
En este paradigma global, la identidad se define por la línea fronteriza. La reafirmación de lo propio suele alimentarse, trágicamente, de la rivalidad y de la devaluación del rival. Ante este fenómeno contemporáneo, cabe preguntarse: ¿es la exclusión mutua el único motor capaz de movilizar la pasión humana?
El peligro de los «grupos delimitados»
Desde la perspectiva de la sociología de las organizaciones y el análisis cultural, autores como el politólogo y teólogo Marcos Baker han analizado cómo las sociedades humanas pendulan entre dos modelos de asociatividad: los grupos delimitados y los grupos centrados.
El Mundial de fútbol es el ejemplo perfecto de un grupo delimitado. Su existencia misma depende de una línea periférica rígida: estás dentro o estás fuera de la frontera patria; ganas u obtienes la vergüenza de la derrota. Este esquema no es nuevo. En el siglo I, el Imperio Romano operaba bajo una lógica similar, un sistema feroz de «honor y vergüenza» donde el estatus se adquiría compitiendo y rebajando al prójimo.
Sin embargo, la historia de las ideas también registra revoluciones absolutas contra este modelo. Una de las más radicales ocurrió en la antigüedad con las cartas del apóstol Pablo (específicamente en su epístola a los Gálatas), un texto que, leído hoy desde una óptica estrictamente sociológica, supuso una demolición de los códigos de discriminación de su época. Al afirmar que «ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer», se planteó por primera vez un modelo de grupo centrado: una comunidad donde la identidad no la determina un muro exclusionista o un rito nacionalista, sino la conexión compartida hacia un centro de valores comunes basados en la equidad y la dignidad intrínseca.
El mercado de la exclusión y el sistema de honor
El problema actual con las rivalidades deportivas es que ya no son un mero juego folclórico; se han convertido en un bien de consumo. El mercado actual capitaliza la necesidad humana de pertenencia transformando el patriotismo en un sistema de honor competitivo. Si mi equipo gana, adquiero honor; si pierde, sufro el escarnio público, una dinámica que las redes sociales amplifican hasta el paroxismo.
Corrientes históricas disidentes, como el anabautismo en el siglo XVI, ya advertían sobre los peligros de alinear la identidad humana con los intereses del nacionalismo y las estructuras de poder. Para estos pensadores, los ritos de compromiso social (como el bautismo, entendido como un acto consciente y adulto) no eran para ingresar a un «club exclusivo» o justificar la superioridad sobre otros, sino un despojarse de las ropas viejas del mérito, del estatus social y de las fronteras geopolíticas para asumir una ética de fraternidad universal.
Hacia una integración regional más allá del tablero
Para el espacio del Mercosur y los procesos de integración regional, este debate resulta crucial. Si los ciudadanos de nuestros países solo encuentran cohesión social cuando se enfrentan en una cancha de fútbol o cuando la retórica política apela a la diferenciación chovinista, seguiremos atrapados en el paradigma de la exclusión.
El desafío del periodismo actual y de las ciencias sociales es proponer narrativas que rescaten el valor de los colectivos humanos no por las líneas que los separan del resto, sino por los valores éticos que los aglutinan en el centro: la solidaridad, la justicia social y el reconocimiento mutuo. Construir comunidades que dejen de comerciar con la rivalidad para empezar a cooperar en la diversidad es, quizás, el partido más importante que nos toca jugar en este siglo.
Usted puede continuar el análisis completo de este tema en el blog de Wolfgang Streich
ACERCA DEL CORRESPONSAL
WOLFGANG A. STREICH
Lic. en Periodismo - Lambaré, Paraguay
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