
En los bosques que rodean Manaos, en la Amazonía brasileña, sobresalen del suelo unas estructuras cilíndricas que parecen pequeñas chimeneas. No son obra de personas ni de termitas: las construyen las cigarras, concretamente las ninfas de Guyalna chlorogena, la fase inmadura del insecto.
De acuerdo con la reconstrucción divulgada por la Deutsche Welle, estas ninfas levantan las torres aproximadamente un año antes de completar su metamorfosis.
Las fabrican con una mezcla de arcilla y excrementos y las usan como vía de salida cuando llega el momento de abandonar la vida subterránea y transformarse en adultos.
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El hecho —la existencia de las torres— era conocido desde hacía tiempo; lo que persistía como incógnita era su función exacta y, sobre todo, por qué algunas alcanzan alturas inusuales.
¿Refugio, respiración o ambas cosas?
El misterio llegó a un equipo encabezado por Marina Méga, bióloga de la Universidad Federal de Río de Janeiro, durante una formación en plena selva vinculada al Instituto Serrapilheira.

Allí, con recursos limitados, calor intenso y escasa bibliografía disponible, el grupo se planteó una investigación práctica: si esas torres exigen meses de construcción, reparación y permanencia, ¿qué ventaja evolutiva compensaría ese esfuerzo?
El primer indicio no vino de la arquitectura, sino del entorno: hormigas por todas partes. La Amazonía, con su diversidad de especies y comportamientos, ofrecía un marco obvio para una hipótesis de depredación.
La metamorfosis es una fase especialmente vulnerable: las ninfas son más indefensas y, según el planteamiento del equipo, podrían ya no tener capacidad de excavar con rapidez para refugiarse.
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“Ocho veces menos hormigas”: el experimento de los cebos
Para contrastar esa idea, las investigadoras diseñaron un cebo de campo tan simple como funcional: pequeñas “pizzas” hechas con harina, agua y sardinas, como relató Méga. Colocaron esos cebos tanto sobre la cima de las torres como directamente en el suelo del bosque.
Los resultados, publicados en Biotropica según recoge DW, fueron contundentes: en la parte superior de las torres aparecieron ocho veces menos hormigas que en el suelo.
La diferencia de altura puede parecer pequeña a escala humana, pero para una ninfa inmóvil o en plena transformación, ese margen puede separar la supervivencia de convertirse en alimento.
La lectura del equipo: las torres funcionarían como una barrera práctica frente a depredadores oportunistas, ofreciendo un “punto elevado” que reduce el contacto con las hormigas durante el tramo más delicado del ciclo de vida.
La segunda pista: lluvias, barro y gases atrapados
Durante las observaciones, el equipo detectó otro detalle: tras lluvias intensas, la parte superior de algunas torres se abría. Ese comportamiento llamó la atención por un problema físico conocido en suelos arcillosos: cuando la arcilla se humedece, puede obstruir poros del suelo y dificultar el intercambio de gases.
A partir de esa pista, el grupo formuló una segunda hipótesis: además de refugio, las torres podrían participar en la ventilación del sistema donde la ninfa pasa meses, favoreciendo condiciones de intercambio gaseoso.
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Por qué entraron preservativos al equipo de campo
Probar la hipótesis de ventilación exigía bloquear el flujo de aire sin destruir la estructura. Fue entonces cuando apareció la solución inesperada: condones. La forma de las torres —casi fálica— permitió usar preservativos como sellos flexibles y ajustados. Según DW, el equipo llevó 40 para el experimento.

La explicación práctica, citada por Méga a IFLScience, resume el criterio científico detrás del recurso: necesitaban “algo ligero, flexible, barato y fácil de colocar” que bloqueara el aire sin dañar las torres; los condones, dijo, “funcionaron extraordinariamente bien” para ese propósito.
Qué ocurrió al sellar las torres con preservativos
El sellado no dejó las torres intactas en términos de comportamiento. En los ensayos, las estructuras selladas no se reconstruyeron del mismo modo que las de control.
Al romperlas y observar cómo las ninfas reparaban el daño, el equipo concluyó que la manipulación modificaba su respuesta, una señal consistente con que el cierre superior no sería un detalle trivial, sino un componente funcional.
El tamaño también resultó relevante: las torres más grandes mostraron una reconstrucción más rápida tras el sellado. El hallazgo sugiere que esas estructuras podrían tolerar mejor cambios en la circulación de aire, aunque el trabajo aún no identifica por qué: podría deberse simplemente a mayor cantidad de arcilla, a diferencias del suelo o a la destreza de las constructoras.
Ingeniería fuera del cuerpo: el “fenotipo extendido”
Con estos resultados, el equipo enmarca las torres como algo más que “tierra sobrante”: un fenotipo extendido, es decir, un rasgo que el organismo expresa fuera de su cuerpo para aumentar sus probabilidades de supervivencia. En este caso, el barro se vuelve una extensión funcional de la estrategia vital de la cigarra.
En el panorama que describe la Deutsche Welle, la obra cumple dos ventajas principales: alejar a la ninfa de depredadores —particularmente hormigas— durante la metamorfosis, y contribuir a mantener condiciones favorables para la ventilación y el intercambio gaseoso dentro de la estructura.
Torres récord y preguntas abiertas en la Amazonía
La investigación añadió, además, un dato llamativo de historia natural. Méga explicó que, antes de la expedición, la torre más grande documentada medía alrededor de 40 centímetros.
En el campo, primero encontraron una de 41 centímetros y luego una de 47 centímetros, una altura que las investigadoras describieron como difícil de creer por su estabilidad.
Pese a los avances, el sistema conserva interrogantes clave: qué factores determinan que algunas torres crezcan mucho más que otras y qué explica, en concreto, la aparente resiliencia de las estructuras grandes frente a alteraciones en el “sellado” y la circulación de aire.
Mientras esas respuestas se afinan, el caso ya ofrece una lección de método: en la selva, la creatividad —incluida la de un preservativo como herramienta— puede abrir una puerta sólida a un fenómeno que llevaba años sin explicación.
Fuente: Deutsche Welle
Alba Acosta
Fuente de esta noticia: https://www.abc.com.py/ciencia/2026/06/08/que-tienen-que-ver-condones-hormigas-y-cigarras-un-misterio-amazonico-lo-explica/
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