
Aquí hay algunas ideas específicas sobre cómo queremos compartir el evangelio.
Ora
Recuerda la importancia de la oración en tu evangelización. Cuando Jonás fue salvado del pez, dijo: «La salvación es del SEÑOR» (Jon 2:9). Si la Biblia nos enseña que la salvación es obra de Dios, entonces seguramente debemos pedirle que obre entre aquellos a quienes evangelizamos.
Jesús lo hizo. Su oración en Juan 17 fue por aquellos que creerían en Él mediante la predicación y el testimonio de los discípulos. Y Dios respondió esa oración. Jesús dijo: «Nadie puede venir a Mí si no lo trae el Padre que me envió» (Jn 6:44). Si esta es la obra de Dios, debemos pedirle que la haga.
Pablo también oró por la salvación de aquellos a quienes testificaba. Les escribió a los cristianos en Roma: «Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por [los israelitas] es para su salvación» (Ro 10:1). Podemos trabajar y testificar para la salvación de alguien, pero solo Dios puede finalmente llevarla a cabo. Es Su obra. Así que debemos orar.
Recuerdo una vez que estaba sentado en la biblioteca del seminario en medio de mis estudios cuando de repente me impactó el hecho de que varias personas a las que amaba no se habían convertido, a pesar de que llevaba años orando por ellas regularmente.
Por unos momentos, me pregunté de qué servían todos estos estudios si Dios no escuchaba ni respondía oraciones que obviamente lo glorificarían. Luché con el desánimo por esto. Sin embargo, sabía que mi deber era seguir orando.
Si la Biblia nos enseña que la salvación es obra de Dios, entonces seguramente debemos pedirle que obre entre aquellos a quienes evangelizamos
Algunas de esas personas por las que he orado nunca han sido salvas, que yo sepa. Pero otras sí. Por la gracia de Dios, lenta pero seguramente a lo largo de los años, he visto a muchas personas por las que oraba hace más de veinte años llegar a conocer a Cristo. Humanamente hablando, algunas de estas conversiones eran improbables y sorprendentes, lo que muestra que en última instancia es Dios quien obra en la evangelización, no es algo que hacemos tú y yo solos. Eso produce un fruto maravilloso.
Oramos por asuntos mucho menos importantes todos los días. ¿Por qué no oraríamos por esto? Cuando evangelices, recuerda orar.
Usa la Biblia
La Biblia no es solo para la predicación pública y los devocionales privados. También se puede usar al evangelizar. Un ejemplo interesante de esto se encuentra en Hechos 8, cuando Felipe se acercó al funcionario etíope. El funcionario leía Isaías 53, una famosa profecía sobre el Mesías. Felipe, como dice Hechos 8:35, «comenzando con este pasaje de la Escritura, le anunció el evangelio de Jesús».
La Biblia es la Palabra de Dios y está inspirada por el Espíritu de Dios. El mensaje de Dios puede salir no solo por medio de tus palabras y las mías, sino de Sus propias palabras inspiradas. Podemos saber que Él se deleitará especialmente en mostrar el poder de Su Palabra mientras la usa en las conversiones.
Por eso disfruto tanto hacer un estudio del Evangelio de Marcos como herramienta de evangelización. Confío en que Dios usará Su Palabra de maneras que yo no habría sabido planear.
Es la Palabra de Dios que viene a nosotros la que Su Espíritu usa para transformar nuestras vidas
Recuerdo mi propia conversión y cuán crucial fue en ella mi lectura de los evangelios. Presenta a un no cristiano (o a todo un grupo de ellos en un estudio bíblico) a la persona de Jesucristo tal como se revela en las páginas de la Escritura. Deja que interactúen con las fuentes primarias. Observa cómo el poder, la majestad, el amor y la convicción penetrante de Cristo se manifiestan en las historias, las obras y la enseñanza.
Enfocarnos en la clara enseñanza de la Biblia también muestra a nuestros amigos que no estamos simplemente dándoles nuestras propias ideas personales; más bien, estamos presentando a Jesucristo en Su propia vida y enseñanza.
Así como queremos que la predicación en nuestras iglesias sea expositiva, en la que el punto del mensaje es el punto del pasaje bíblico que se predica, queremos ver a las personas expuestas a la Palabra de Dios porque creemos que Dios desea usar Su Palabra para producir conversiones. Es la Palabra de Dios que viene a nosotros la que Su Espíritu usa para transformar nuestras vidas.
En tu evangelización, usa la Biblia.
Sé claro
Cuando compartas el evangelio, piensa cuidadosamente en el lenguaje que usas. Una de las mejores conversaciones que recuerdo haber tenido sobre evangelización, fue con un amigo judío no creyente. Pronto me correspondía impartir algunas charlas sobre evangelización en un campus universitario, y decidí preguntarle a mi amigo sobre el tema.
Lo llamaremos Miguel. «Entonces, Miguel», le dije, «¿alguna vez te han evangelizado?».
«¿Qué es eso?», preguntó.
«Ya sabes», le dije, «cuando alguien que es cristiano empieza a hablarte de Dios y de Jesús, y a preguntarte si eres salvo».
«¡Ah, eso!», dijo. «Sí, supongo que sí».
En fin, Miguel y yo tuvimos una conversación larga y buena. Ahora bien, la verdad es que yo había evangelizado a Miguel varias veces antes, pero él no se había dado cuenta de que eso era lo que yo hacía. Mientras hablábamos de ello, quedó claro que él pensaba que la evangelización era algo que alguien le hacía a él, en lugar de una conversación en la que él podía participar.
También me di cuenta de que en mis conversaciones anteriores con él había dado por sentado el significado de las palabras. Dios, oración, cielo, bueno, moral, juez y pecado son palabras que no había definido bien. Si simplemente hubiera hecho una presentación de ventas rápida y persuasiva y hubiera logrado que dijera «¡sí!», él habría estado diciendo sí a muchas cosas que él no entendía. Necesitamos ser tanto atractivos como claros cuando presentamos el evangelio.
Ninguno de nosotros tiene una comprensión completa del evangelio, pero debemos tener una idea clara de los conceptos básicos de nuestro mensaje, y debemos ser claros al expresarlos. Si hay un malentendido probable, debemos abordarlo. Debemos hablar de tal manera que se nos entienda. Contextualización es la gran palabra teológica para esto.
Así que, por ejemplo, cuando hablamos de la justificación (y deberíamos hacerlo), debemos asegurarnos de definirla. La justificación es ser declarado justo ante Dios. Pero como pecamos, no estamos bien con Dios. Entonces, ¿cómo podemos ser declarados justos? No podemos, si Dios es verdaderamente bueno, a menos, claro, que tengamos a alguien que actúe como sustituto por nosotros. La justificación, entonces, nos lleva a hablar de muchos temas que están en el corazón mismo del evangelio.
Así que, cuando hablamos con amigos no cristianos sobre el evangelio, queremos asegurarnos de que entiendan lo que queremos decir. Los cristianos en la Biblia tenían una gran preocupación por esto.
Ninguno de nosotros tiene una comprensión completa del evangelio, pero debemos tener una idea clara de los conceptos básicos de nuestro mensaje
Con frecuencia Pablo comenzaba con el Antiguo Testamento cuando hablaba a los judíos, pero cuando habló a un grupo de griegos en Atenas (Hch 17) comenzó citando sus propios dichos. Como escribió a los corintios: «A los judíos me hice como judío, para poder ganar a los judíos… A los que están sin ley, como sin ley… para poder ganar a los que están sin ley» (1 Co 9:20-21).
Un aspecto de proporcionar claridad al compartir el evangelio, que a menudo pasan por alto los evangelistas entusiastas, es la disposición a ofender. La claridad con las afirmaciones de Cristo ciertamente incluirá la traducción del evangelio a palabras que nuestro oyente entienda, pero no significa necesariamente traducirlo a palabras que a nuestro oyente le gusten.
Con frecuencia, los defensores de la evangelización relevante se convierten en defensores de una no evangelización irrelevante. Un evangelio que de ninguna manera ofende al pecador no ha sido entendido.
Mira a Pedro en Pentecostés en Hechos 2. Pedro quería ser relevante, pero esa relevancia dio a sus palabras más filo, no menos. ¿Cómo testificó Pedro a aquellos que deseaba ver salvos? Les dijo, entre otras cosas: «Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo» (Hch 2:36).
¿Relevante? Sí. ¿Agradable? No. ¿Claro? Sin duda.
Debemos ser claros sobre el hecho del pecado (Is 59:1-2; Hab 1:13; Ro 3:22-23; 6:23; Ef 2:8-9; Tit 3:5; 1 Jn 1:5-6). Debemos ser claros sobre el significado de la cruz (Mt 26:28; Gá 3:10-13; 1 Ti 1:15; 1 P 2:24; 3:18). Debemos ser claros acerca de nuestra necesidad de arrepentirnos de nuestros pecados y confiar en Cristo (Mt 11:28-30; Mr 1:15; 8:34; Jn 1:12; 3:16; 6:37; Hch 20:21). ¿Cómo podemos realmente evangelizar sin ser claros sobre lo que dice la Biblia acerca de estos temas?
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Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/evangelio-evangelizacion-mark-dever/
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