
Abril, lluvias mil. Este es un mes que trae en Colombia hitos históricos de triste recordación. Abril es uno de esos lentos meandros de nuestra historia republicana en los que bajo una aparente y engañosa calma de hechos y sucesos trascendentales se revela el vertiginoso devenir de esta sociedad, el implacable discurrir de una interminable hemorragia. Abril Lluvias mil, lluvias torrenciales que hoy, en virtud del cambio climático, parecen haberse desplazado a otras fechas, pero que podrían aún interpretarse como lluvias de lágrimas y de plomo.
El 4 de abril se conmemora en Colombia el día nacional de las víctimas, una fecha de especial importancia en un país atravesado por la violencia. esta fecha adquiere una grande y dura relevancia en un país en el que día a día se registran desapariciones, secuestros, amenazas, asesinatos, torturas, en los que se revelan como determinadores no sólo las autoridades que precisamente estarían constituidas para proteger a la población, sino muchos y diversos actores que han convertido este rico país en un verdadero lodazal de sangre: Un país marcado por la violencia, signado por el dolor de los millones de víctimas, por el temor de su ciudadanía, la incertidumbre de saber si llegaremos al fin del día o de si veremos a todos los nuestros tal como los vimos salir en la mañana rumbo a sus trabajos, a su estudio.
El nueve de abril es una estación muy dolorosa en el trágico viacrucis de nuestra historia: Se conmemora el nefasto Bogotazo, ese terrible grito de muerte de una sociedad cuya esperanza se intentó aniquilar asesinando a su caudillo popular más importante del siglo XX: En el año 1948, justamente el 9 de abril, Colombia se vio sacudida por un hecho atroz que derivó en un estallido social violento, una masacre de la que desconocemos el número total de personas asesinadas, torturadas, desaparecidas.
Ese día un gatillero acabó con la vida de uno de los más populares y críticos políticos colombianos. Un hombre que en una época como nunca de oscurantismo se atrevió a desafiar al establecimiento, a la clase política tradicional, a la aristocracia criolla y a un gobierno de cuya implicación en ese crimen no hay muchas pruebas, pero tampoco dudas.
El 9 de Abril de 1948 fue el día aciago en que las balas asesinas acabaron con la vida de Jorge Eliécer Gaitán, uno de los más importantes caudillos de pura cepa liberal, de pura alcurnia popular, que dio el siglo XX, un hombre que pudo haber llegado a la presidencia de Colombia, que pudo haber transformado esta sociedad pacata, injusta, inequitativa y criminal, un visionario, un fuera de serie, un liberal en el más ambicioso alcance de ese término y condenaron a Colombia a otros cien años de violencia, muerte, impunidad, desigualdad e injusticia.
Desde ese entonces al día de hoy esta sociedad ha canibalizado la esperanza, los gobiernos que siguieron intentaron aniquilar el anhelo de cambio y progreso y se dedicaron a promover la violencia selectiva de estado, el dominio implacable de los verdugos y a repartir generosamente muerte, miseria y abandono a todo lo largo y ancho del país.
El 19 de abril de 1970 se llevó a cabo el robo descarado, perpetrado por Carlos Lleras Restrepo, un criminal autoritario y antidemocrático de unas elecciones presidenciales ganadas por el general Gustavo Rojas Pinilla, para montar a un comodín del establecimiento, el inane y corrupto Misael Pastrana Borrero, padre del inepto y sospechoso de pedofilia Andrés Pastrana, también él expresidente…
Todas esas fechas y conmemoraciones adquieren especial importancia justamente hoy, ad portas de unas nuevas elecciones presidenciales en las que se proyecta como gran favorito a IVÁN CEPEDA CASTRO, un filósofo y defensor de derechos humanos, activista de La Paz, víctima él mismo de la violencia en la persona de su querido padre, el dirigente de izquierda Manuel Cepeda, asesinado él también como lo fuera JORGE ELIÉCER GAITÁN, por el plomo inclemente de los esbirros de una derecha que se ha regodeado en su intento permanente de neutralizar la esperanza, mientras posan sus políticos de víctimas, el candidato del ala progresista de nuestro pueblo, enfrentado a dos candidatos de extrema derecha.
La Colombia que nos legaron los violentos y sus determinadores y financiadores a lo largo de nuestra muy cruenta y tortuosa historia, es una Colombia atravesada por la muerte, un territorio donde la política se ha ido por el camino fácil de estimular el rencor , la división, la polarización y la discordia; una nación donde un expresidente se ufana de presentar un minuto de odio al día para calumniar a sus adversarios, donde un candidato de ultraderecha afirma que el candidato del progresismo es su “enemigo” y se reafirma en diversos escenarios públicos en su intención de que si llega a la presidencia destripará a la izquierda; una dolida patria donde una candidata procedente de la más alta aristocracia latifundista y reaccionaria, en un acto irresponsable de estigmatización, le pide a ese candidato del progresismo, un filósofo, él mismo víctima del accionar de los sicarios en la persona de su muy lamentado padre, un gestor incansable y consistente de paz que “no la haga matar”.
Que tristes y duras son estas campañas donde en lugar de propuestas se rivaliza en la capacidad de urdir ultrajes y acusaciones sin fundamento, donde muchos candidatos viven de inducir a sus, por fortuna, cada vez menos adeptos, a actuar contras la integridad moral y/o física de sus adversarios a quienes convierte criminalmente en sus enemigos.
El pasado 8 de marzo fue la primera entrega de estas elecciones, se llevaron a cabo las elecciones legislativas. Veníamos con la advertencia de que debíamos estar atentos a todo intento de fraude, finalmente el fraude se intentó colar por los resquicios de un sistema electoral frustrantemente vulnerable. Lamentablemente las advertencias se demostraron ciertas, sustentadas y muy peligrosas. Luego de los escrutinios se vinieron a corregir muchas de las actuaciones cuestionables de algunos jurados electorales.
El próximo 31 de mayo se llevará a cabo la primera vuelta de las elecciones presidenciales, las perspectivas no con nada halagüeñas, mucho menos después de los mensajes de odio y de ciertas evidencias de contubernios y reuniones extrañas entre algunos candidatos y personajes que tienen a su cargo el software electoral.
Hoy, en este mes de la Memoria y la Solidaridad con las víctimas, el mes del Bogotazo y del fraude electoral de un 19 de abril de 1970, Colombia, un país con una de las cifras más espeluznantes de asesinatos y desplazamientos internos, un país donde la polarización ha sido el sustento de algunos movimientos que medran a partir del odio, mira con incertidumbre, pero siempre con esperanza hacia un futuro donde se afincan, como último reducto, los sueños de sus ciudadanos.
CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.
- ★COLOMBIA- SEGUNDA VUELTA- ¿EL REGRESO DEL AUTORITARISMO Y LA GUERRA?
- ★EL MENSAJE DE UN APÓSTOL DE LA PAZ
- ★ELECCIONES EN COLOMBIA- PRIMERA VUELTA- EL PAÍS MIRA AL PASADO
- ★CIUDADANOS DE LA CALERA, EN CERCANÍAS A BOGOTÁ, LE SACARON LA CHISPA A LA CHISPA DE LA VIDA
- ★EL JAGUAR, EL FELINO QUE CORRE EL RIESGO DE LLEGAR A SER SOLO UNA LUJOSA MARCA DE AUTOS

