
Brasilia/Bruselas. Brasil y el Mercosur pasaron de ser socios comerciales relevantes a convertirse en piezas estratégicas para la Unión Europea, en un contexto internacional marcado por tensiones comerciales, competencia por materias primas críticas y necesidad de diversificar cadenas de suministro. Esa nueva centralidad quedó reflejada en la aceleración política del acuerdo entre ambos bloques, que después de décadas de negociaciones dio pasos decisivos entre enero y marzo de 2026.
La Comisión Europea sostiene que el acuerdo con el Mercosur garantiza a Europa un acceso más seguro y sostenible a insumos clave para la transición verde y digital. Entre ellos destaca el niobio, mineral del que la Unión Europea importa 82% desde el Mercosur, y que es utilizado en industrias de alto valor tecnológico, como la fabricación de imanes superconductores para equipos médicos. A eso se suma el interés europeo por fortalecer cadenas de suministro consideradas más resilientes y previsibles en un escenario global cada vez más fragmentado.
Para Brasil, el reposicionamiento es doble. Por un lado, se confirma como la principal economía del Mercosur y como la puerta de entrada a un mercado regional de peso. Por otro, gana relevancia como proveedor de alimentos, minerales estratégicos, energía y oportunidades de inversión. La propia Comisión Europea subraya además que el mercado de compras públicas del gobierno federal brasileño supera los 8.000 millones de euros anuales, uno de los atractivos económicos del entendimiento comercial.
El acercamiento no responde solo a motivos económicos. También tiene una dimensión geopolítica. En enero, al defender la firma del acuerdo, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva afirmó que el entendimiento era positivo para Brasil, para el Mercosur, para Europa y para “el mundo democrático y el multilateralismo”. En la misma línea, la presidenta de la Comisión Europea señaló en Brasil que el pacto enviaba un mensaje político fuerte en favor de la apertura comercial y de una gran zona económica integrada.
Esa lectura se reforzó con la evolución del propio proceso institucional. Según la Comisión Europea, el acuerdo político con los cuatro socios fundadores del Mercosur se cerró el 6 de diciembre de 2024 y recibió el aval formal de los países de la UE el 9 de enero de 2026. Días después, el 17 de enero, ambas partes firmaron el pacto. Más tarde, Bruselas notificó que la aplicación provisional del componente comercial comenzará el 1 de mayo de 2026.
En Brasil, el Congreso aprobó el acuerdo en marzo, en una señal de respaldo institucional al giro estratégico del país. La Agencia Brasil informó que esa votación fue presentada como una respuesta a un escenario internacional atravesado por guerras y tensiones comerciales, lo que refuerza la idea de que la asociación con Europa ya no es vista solo como una oportunidad exportadora, sino como una herramienta de inserción internacional y de estabilidad política.
Desde la perspectiva europea, la urgencia también tiene un componente competitivo. Reuters informó que Bruselas decidió acelerar la aplicación provisional del acuerdo para asegurar ventaja de “primer movimiento” frente a otros actores globales. Esa lógica revela una preocupación concreta: si Europa demora, otros socios —especialmente China— pueden consolidar antes su presencia comercial, tecnológica y logística en Sudamérica.
Sin embargo, el acuerdo sigue siendo controvertido. Reuters reportó en enero que eurodiputados impulsaron una revisión jurídica ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, lo que podría ralentizar o complicar parte del proceso político. A ello se suman resistencias de algunos gobiernos y sectores agropecuarios europeos, que temen una mayor competencia de productos del Mercosur, en especial de Brasil y Argentina.
Más allá de esas objeciones, la tendencia de fondo parece clara: en un orden económico menos estable y más disputado, la Unión Europea considera al Mercosur un socio difícil de reemplazar. Y dentro de ese bloque, Brasil aparece como actor central por escala económica, recursos naturales, capacidad exportadora y peso diplomático. El resultado es una relación que durante años avanzó lentamente, pero que hoy adquiere un carácter de necesidad estratégica mutua
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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