En las últimas 24 horas, Uruguay registró un avance decisivo en la ratificación interna del histórico acuerdo de asociación comercial con la Unión Europea, tras la aprobación por parte de comisiones clave del Parlamento. El movimiento posiciona a Montevideo como potencial primer país del bloque sudamericano en completar el trámite legislativo, mientras el tratado enfrenta desafíos jurídicos y políticos en Europa y en otros países del Mercosur.
Un paso parlamentario con impacto regional
En una sesión que ha captado atención diplomática y mediática, la comisión especial del Senado uruguayo aprobó por unanimidad el capítulo comercial del acuerdo Mercosur–Unión Europea, allanando el camino para que el pleno de la Cámara Alta vote la ratificación en los próximos días. Este avance, reportado en las últimas 24 horas, implica que Uruguay podría estar muy cerca de completar su proceso interno antes que otros miembros del bloque sudamericano.
El informe favorable presentado por los ministerios de Economía y de Relaciones Exteriores fue determinante para convencer a la mayoría de legisladores de avanzar sin dilaciones. El ministro de Economia uruguayo destacó que el tratado se enmarca en “un contexto global marcado por incertidumbres geopolíticas, transformaciones productivas y reconfiguraciones de los flujos comerciales”, subrayando la importancia de garantizar una inserción estratégica del país.
Este acuerdo comercial, formalmente firmado el 17 de enero de 2026 después de más de 25 años de negociaciones, incluye un acuerdo de asociación política y cooperación (EMPA) y un acuerdo comercial interino (iTA) que buscan ampliar las relaciones birregionales entre la UE y el Mercosur. Para entrar en vigor, ambos requieren la ratificación de parlamentos nacionales y la aprobación del Parlamento Europeo.
Uruguay en carrera por liderar la ratificación
Aunque Uruguay fue el último socio del Mercosur en remitir el texto del acuerdo al Legislativo, analistas internacionales señalan que Montevideo aún puede convertirse en el primer país del bloque en ratificarlo, un hito de peso diplomático que podría influir en decisiones posteriores de países como Argentina, Brasil y Paraguay. El senador opositor Nicolás Albertoni afirmó que “todo indica que a fin de esta semana podríamos tener la ratificación completa por parte de Uruguay”, lo que demostraría una voluntad política compartida más allá de alineamientos partidarios tradicionales.
El impulso uruguayo ocurre en un momento en que otros países del Mercosur también aceleran sus propios procesos legislativos. En Argentina, por ejemplo, la Cámara de Diputados ya aprobó el proyecto con amplio margen de votos, lo que pone presión sobre los demás socios para avanzar de manera sincronizada.
Obstáculos europeos y la urgencia sudamericana
A pesar del avance parlamentario en Uruguay, el tratado no está exento de desafíos, especialmente en el otro extremo del Atlántico. El Parlamento Europeo votó el mes pasado llevar el acuerdo ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para revisar su compatibilidad legal antes de otorgar su aprobación definitiva, lo que podría retrasar la entrada en vigor del pacto por hasta dos años si la corte decide evaluar todos los aspectos formales.
El voto europeo se produjo tras una intensa disputa entre sectores industriales y agrícolas dentro de la UE, con países como Francia, Polonia y Austria expresando preocupación por posibles impactos de importaciones de productos agropecuarios sudamericanos en los mercados locales.
No obstante, altos funcionarios de la Comisión Europea han subrayado que la entidad podría aplicar el acuerdo de manera provisional tan pronto como el primer país del Mercosur complete su proceso interno de ratificación, incluso en medio de impugnaciones legales. Esta fórmula, si se concreta, permitiría que partes esenciales del pacto entren en vigor antes de que todos los parlamentos europeos finalicen sus procedimientos.
Un tratado de magnitud histórica
El acuerdo Mercosur–Unión Europea está llamado a convertirse en uno de los mayores tratados comerciales bilaterales del mundo, cubriendo mercados con un total aproximado de 700 millones de consumidores y significando una reducción arancelaria formidable entre bloques con fuertes vínculos económicos.
Su ratificación plena implicaría importantes transformaciones en las políticas comerciales de los países del Mercosur, abriendo acceso preferencial a bienes industriales y agropecuarios europeos, y al mismo tiempo liberando exportaciones sudamericanas de barreras arancelarias en múltiples sectores. El impacto económico proyectado por diversos centros de análisis sugiere un aumento de las corrientes comerciales bilaterales y un estímulo para inversiones en infraestructura, logística y manufactura.
Tensiones internas y voces críticas
Pese al consenso parlamentario en Uruguay, sectores sindicales y productivos han llamado a un debate más profundo sobre los potenciales efectos del acuerdo en empleos, industrias locales y estructura económica. La principal central sindical del país, por ejemplo, instó a los legisladores a considerar estudios sector por sector antes de un voto final, argumentando que la falta de análisis detallados limita la calidad del debate.
En paralelo, voces de oposición política han cuestionado el ritmo “exprés” del trámite, advirtiendo que un avance apresurado podría dejar de lado salvaguardias necesarias para proteger a sectores vulnerables de la economía frente a una competencia extranjera intensificada.
Proyecciones y próximos pasos
Con la próxima sesión plenaria del Senado prevista para esta semana y la Cámara de Diputados programada para votar a continuación, el foco en Montevideo está ahora puesto en si Uruguay puede efectivamente completar la ratificación antes que cualquier otro socio del Mercosur. Ese escenario no solo transformaría la narrativa interna del país sobre comercio exterior, sino que también podría servir de estímulo político para que los otros miembros aceleren sus propios procesos legislativos.
En el otro extremo, la atención se desplaza hacia Bruselas y Estrasburgo, donde el Parlamento Europeo y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea definirán si el acuerdo puede avanzar legalmente. La dinámica transatlántica de este proceso es un claro ejemplo de cómo decisiones internas pueden tener implicaciones globales en la regionalización del comercio, en un contexto donde bloques económicos buscan consolidar ventajas competitivas en un orden mundial caracterizado por tensiones comerciales y alianzas estratégicas fluctuantes.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, originario de Goiás, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur y Director General de Radio Mercosur. Es miembro de la Asociación Brasileña de Prensa (ABI) y desarrolla su trayectoria en el periodismo internacional, el Mercosur, la integración regional, la geopolítica y los derechos humanos. Cuenta con un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y un Doctorado Honoris Causa.
También fue Director General del Comité Paraguay de la Cámara de Industria y Comercio del Mercosur y las Américas. Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México, recibido en 2021, y el reconocimiento como Amigo de la Niñez y la Adolescencia otorgado por Plan International Paraguay.
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