
El Ché ya se decepcionó de la izquierda boliviana, allá en 1967 cuando combatía en Bolivia y sintió y vio el comportamiento real de la izquierda boliviana. Muy a pesar de la solidaridad de varios combatientes bolivianos, que murieron además junto a él, el Ché murió también decepcionado por las actitudes de las cúpulas izquierdistas, que no cambian con el tiempo y no aprenden, porque no reflexionan en su mediocridad estructural, de las experiencias de la historia.
Si viviera el Ché en estas coyunturas actuales, por supuesto que estaría profundamente decepcionado de la izquierda boliviana, sobre todo de la izquierda q´ara. Izquierda absolutamente cupular, elitista, sin análisis rigurosos de lo que sucede en Bolivia, oportunista, sólo buscando sus beneficios económicos ocupando ministerios, y los mejores puestos del Estado. Pero totalmente alejada de los problemas del país, alejada como siempre de las bases, de quiénes sólo son utilizados para los votos y los apoyos para que ellos sean burócratas. Todo para el pueblo; pero sin el pueblo.
Y en estos tiempos turbulentos, vemos que esta izquierda no tiene consciencia de lo que sucede en el mundo. El Ché les exigiría por coherencia revolucionaria, que estén en Gaza armas en mano, si es que entienden algo de lo que es revolución. El Ché estaría en Gaza, no discurseando de revolución, como lo hacen los “revolucionarios” bolivianos.
El Ché, ese quijote revolucionario, que demostró con sus actos lo que en realidad significaba ser revolucionario, no con las palabras siempre tramposas, vino a Bolivia a entregar su vida por el bien de los pobres, por la toma de consciencia de la situación de los marginados, por los cambios en el mundo, en bien de la justicia social. Podemos criticar sus desconocimientos de la realidad cultural de Bolivia; pero no podemos fácilmente criticarle, en su coherencia, la actitud de entregar su propia vida en función de los demás.
La izquierda boliviana se atrincheró en estos años agarrándose, como saben hacerlo, de ponchos, abarcas, y todo lo que sea del mundo indígena. Ese mundo que hizo posible el Proceso de Cambio; pero que como siempre, las bases, se equivocan entregando sus sacrificios a otros que nada tienen que ver con los cambios. Lo mismo hizo el proletariado minero, allá en 1952 cuando le entregó su sacrificio en bandeja de oro a la burocracia del MNR, que estos después destruyeron la revolución desde adentro mismo del Estado.
En estos días se recuerda la llegada del Ché y su inmolación en Bolivia, abandonado a su suerte por las cúpulas de la izquierda boliviana. Si la izquierda fuera al menos, por sentido común, crítica y realista, produciría documentos a la altura de aquella izquierda revolucionaria latinoamericana de los años 60 o 70, del anterior siglo. Pero lo que tenemos es una izquierda de adorno, de caviar, de discursos, de café pequeño burgués, de pose y pinta. Esta izquierda por supuesto no producirá ningún documento crítico científico.
La izquierda boliviana elitista es experta en construir mitos y desahogarse con ellos. Inventan líderes y les hacen monumentos y les nombran santos de la revolución. Cuando los hechos contradicen todos esos inventos. Desahogos ante los fracasos constantes de entender este país, en lo cultural, en lo político y fundamentalmente en lo histórico. Y la última experiencia del proceso de cambio, nos demuestra didácticamente que esta izquierda está enamorada de la burocracia, del poder, del acoso laboral y del maltrato a los trabajadores. Pues, esa es la izquierda que tenemos.
Los verdaderos revolucionarios ya están muertos, desaparecidos, muchos en combate; otros en las dictaduras, muchos otros en el olvido cruel e impune de la sociedad y sus distintos gobiernos. La democracia no ha sido precisamente agradecida con todos los combatientes, de todos los tiempos revolucionarios, que se animaron a levantar las armas arriesgando absolutamente todo: familias y su vida misma. Gran parte de ellos y ellas, anónimos y sin propaganda alguna, que supieron hacer algo por el destino de esta Patria. Los verdaderos revolucionarios no están en los libros de historia, ni en los libros de las cúpulas de la izquierda. Ellos son anónimos, casi sin nombres, marginados de las horas cívicas, marginados de todo lo tradicional de la historia. Marginados de los discursos lindos de revolución. Ellos son pueblo anónimo, que dieron todo a cambio de nada.
En estos días se recuerda la llegada del Ché, en medio de terribles problemas del proletariado minero, que incluso sufrirá la masacre de la noche de San Juan. El Ché venció con su muerte. Porque en estos territorios e historias, morir es una manera de ganar. El Ché es parte de las herencias de insurrección por la justicia. Es parte de la memoria de resistencia y combate si es preciso.
Sobre la base de esas herencias de lucha, ancestrales y del siglo XX, se tiene que construir una nueva izquierda. Una izquierda nacionalizada al menos, a los acordes culturales y de las mentalidades nuestras. Una izquierda junto a su pueblo, junto a las bases y con respeto a ellas quiénes son las que se sacrifican en tiempos de lucha. Una izquierda comprometida con la Bolivia profunda, no elitista ni oligárquica.
por: Max Murillo Mendoza
Publicado por: La Voz de Tarija
Fuente de esta noticia: https://lavozdetarija.com/2025/10/10/que-diria-el-che-guevara-de-la-izquierda-en-bolivia/
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