En una declaración oficial formulada en las últimas 24 horas, altos representantes de la Unión Europea han intensificado su llamado a acelerar la ratificación del acuerdo comercial con el MERCOSUR, argumentando que los retrasos prolongados generan pérdidas económicas y limitan la capacidad de la UE para competir globalmente. Esta presión ocurre en un momento de tensiones internas entre gobiernos, parlamentos y sectores productivos europeos, lo que complica una aprobación rápida pero estratégica del tratado suscrito en enero de 2026.
Una posición europeísta frente a la demora
El Comisionado Europeo de Comercio, Maroš Šefčovič, ha señalado en varias intervenciones públicas, incluidas las más recientes en reuniones informales de ministros de la UE, que el acuerdo con el Mercosur —luego de más de dos décadas de negociaciones— debe entrar en vigor lo antes posible. Según Šefčovič, los retrasos en la ratificación han significado cientos de miles de millones de euros en oportunidades de exportación no concretadas y una significativa pérdida de competitividad para las economías europeas frente a mercados externos como Estados Unidos y China.
En declaraciones a medios presentes en la reunión de ministros de comercio de la UE, el comisionado enfatizó que “no podemos operar en este entorno con este calendario tradicional de ratificación, que puede extenderse a dos años o más”, proponiendo en su lugar un marco acelerado de aprobación que acorte a aproximadamente un año los plazos actuales.
Esta propuesta de aceleración cuenta con respaldos parciales de varios Estados miembro importantes, sin que se haya registrado oposición formal en las deliberaciones recientes, aunque sí se mantienen reservas informales entre círculos parlamentarios críticos.
La lógica geoeconómica en juego
Más allá de la retórica política, el empuje europeo por acelerar el proceso se enmarca en una estrategia geoeconómica más amplia. Analistas europeos señalan que el acuerdo con el Mercosur —si se implementa de manera temprana o provisional— podría ayudar a la UE a diversificar sus mercados de exportación y reducir su dependencia de socios tradicionales como China y Estados Unidos, particularmente en sectores de productos industriales y agrícolas de alto valor.
Sin embargo, esta lógica se enfrenta a una realidad política interna compleja: la UE ha demostrado que, a pesar de su capacidad para negociar acuerdos comerciales ambiciosos, enfrenta dificultades para consolidar consensos domésticos que permitan su implementación fluida. Esto se evidencia, por ejemplo, en el hecho de que el Parlamento Europeo solicitó al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) una revisión legal del tratado, un movimiento que puede paralizar su entrada en vigor por hasta dos años si se agotan los procedimientos judiciales.
El estudio crítico de expertos sobre la situación europea destaca que esta tensión entre diplomacia comercial y dinámicas parlamentarias internas pone a prueba la ambición geoeconómica de la UE, ya que la capacidad de promover acuerdos internacionales también depende de la cohesión interna de las instituciones políticas comunitarias.
La oposición interna y el impacto sobre sectores productivos
El empuje por acelerar el acuerdo enfrenta resistencia significativa de actores internos, principalmente relacionados con el sector agrícola europeo. Grupos de agricultores en países como Francia, Polonia y Austria han expresado preocupaciones sobre la competencia de productos provenientes del Mercosur que podrían entrar al mercado europeo con aranceles reducidos, afectando los precios y la producción local. Estas tensiones ya han llevado a protestas públicas y bloqueos logísticos en regiones agrícolas, con demandas dirigidas tanto a gobiernos nacionales como a instituciones europeas.
Adicionalmente, partidos políticos y legisladores de distintos países han condicionado su apoyo a la aprobación del tratado a la inclusión de salvaguardias específicas, tales como controles fronterizos más estrictos o medidas compensatorias para productores afectados por la apertura comercial. Este tipo de exigencias complica una aprobación uniforme y rápida del tratado en el seno del Parlamento Europeo y en las cámaras legislativas nacionales.
Estos debates internos reflejan una discordancia entre la lógica geoeconómica de potenciar acuerdos globales y las realidades electorales y productivas al interior de los Estados miembro, donde sectores clave pesan fuertemente sobre las agendas políticas.
La UE en busca de equilibrio entre pragmatismo y política
Frente a este panorama, la Comisión Europea ha señalado que, aunque el impulso por acelerar no pretende soslayar los mecanismos democráticos, sí busca optimizar los tiempos sin sacrificar los estándares europeos en materia de derechos laborales, normas ambientales y seguridad alimentaria. Esta declaración intenta responder tanto a los críticos como a quienes abogan por una ratificación rápida que desbloquee beneficios económicos inmediatos para exportadores europeos.
La estrategia propuesta por Šefčovič y respaldada por varios gobiernos nacionales apunta a una dualidad pragmática: aplicar provisionalmente partes del acuerdo una vez que al menos un país del Mercosur haya completado su proceso de ratificación interna, mientras se sigue el procedimiento ordinario en el Parlamento Europeo. Este esquema podría acelerar la entrada en vigor de capítulos comerciales, reduciendo fricciones y permitiendo que la UE capture parte de las oportunidades económicas antes de la conclusión completa del proceso legislativo.
Impactos potenciales y proyecciones
Si la Unión Europea logra implementar una vía acelerada para la ratificación del acuerdo con el Mercosur, las implicancias podrían ser múltiples. En lo económico, se anticipa un aumento en los flujos comerciales entre Europa y Sudamérica, con mayores exportaciones tanto de bienes industriales europeos como de productos agrícolas sudamericanos. En el plano geopolítico, una entrada en vigor más temprana consolidaría la postura de la UE como actor capaz de disputar mercados globales con estrategias coordinadas y adaptativas.
No obstante, si las tensiones internas persisten y los procesos parlamentarios se alargan, existe el riesgo de que la UE pierda competitividad frente a otros bloques comerciales que implementan acuerdos de manera más ágil. Esto podría afectar su capacidad de formar coaliciones económicas clave en un mundo donde la rapidez en los acuerdos se traduce en ventajas tangibles para exportadores e inversores.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es un periodista brasileño, originario de Goiás, reconocido por su trabajo en la cobertura de temas internacionales y por su liderazgo en la organización Prensa Mercosur.
Prensa Mercosur: Se desempeña como presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur, un medio centrado en noticias sobre integración regional, geopolítica y derechos humanos en América Latina.
Geopolítica: A menudo comenta y analiza las relaciones diplomáticas entre el Mercosur y grandes potencias como China.
Repatriación (2016): Alcanzó notoriedad en 2016 cuando fue repatriado de Ecuador a Brasil en una misión de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB), acompañado de su familia, tras situaciones de emergencia en el país andino.
Presencia Internacional: Mantiene una fuerte conexión con Paraguay y Ecuador, participando en eventos académicos y diplomáticos, como visitas a la UNILA (Universidad Federal de la Integración Latinoamericana) para fomentar programas de intercambio.
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