A más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, donde el aire es escaso y el frío nocturno corta la respiración, una pequeña localidad andina volvió a celebrar su carnaval con una intensidad que sorprendió incluso a observadores experimentados. Durante los últimos días, imágenes de danzas multitudinarias, músicos tocando durante horas y comparsas avanzando por caminos de tierra se viralizaron en redes sociales y medios regionales.
La curiosidad no fue solo estética o folclórica. Lo que captó la atención fue la resistencia física de los participantes y la naturalidad con la que la comunidad celebró durante jornadas enteras en condiciones que para muchos visitantes resultan extremas.
Fiesta en altura extrema
El carnaval se desarrolló en pleno altiplano andino, una región donde la presión de oxígeno es aproximadamente un 40 % menor que al nivel del mar. Para quienes no están adaptados, incluso caminar puede provocar mareos, fatiga y dolor de cabeza. Sin embargo, los habitantes locales bailaron, cantaron y desfilaron durante horas sin interrupciones visibles.
Antropólogos que estudian estas festividades explican que la adaptación fisiológica a la altura, combinada con una vida cotidiana exigente desde la infancia, permite a las comunidades andinas desarrollar una resistencia notable. “Para ellos no es un esfuerzo extraordinario; es parte de su normalidad”, señalan.
Tradición, identidad y cuerpo
El carnaval andino no es solo una celebración previa a la cuaresma. Es un ritual identitario, donde se mezclan elementos prehispánicos, coloniales y contemporáneos. Las danzas representan ciclos agrícolas, vínculos con la tierra y relatos comunitarios que se transmiten de generación en generación.
El cuerpo cumple un rol central. Bailar en altura no es únicamente expresión artística, sino una forma de afirmar pertenencia al territorio. En ese sentido, la resistencia física se convierte también en un símbolo cultural: quien baila, demuestra que pertenece.
Visitantes, sorpresa y límites
En esta edición, la presencia de visitantes nacionales y extranjeros fue mayor que en años anteriores. Muchos relataron su sorpresa al intentar seguir el ritmo de la fiesta y verse obligados a detenerse por falta de aire. Algunos optaron por observar desde los márgenes; otros decidieron participar de manera más moderada.
Las autoridades locales emitieron recomendaciones básicas para evitar problemas de salud, recordando que el entusiasmo no siempre compensa la falta de aclimatación. Aun así, el interés turístico creció, impulsado por la singularidad del evento.
Viralización y mirada urbana
La difusión en redes sociales transformó el carnaval en un fenómeno urbano-digital. Videos cortos mostrando bailes interminables en paisajes casi lunares generaron comentarios de asombro y admiración. Para muchos usuarios, fue un recordatorio de la diversidad extrema de condiciones de vida en América del Sur.

Especialistas en cultura advierten, sin embargo, sobre el riesgo de reducir estas celebraciones a una postal exótica. “No es un espectáculo pensado para sorprender al exterior”, explican. “Es una práctica viva, con sentido interno”.
Más que una curiosidad
Aunque pueda leerse como una curiosidad llamativa, el carnaval en altura extrema revela algo más profundo: la capacidad de adaptación humana y la manera en que la cultura moldea el cuerpo. Donde otros ven límite, estas comunidades encuentran continuidad.
En tiempos de homogeneización cultural, estas fiestas recuerdan que existen formas de habitar el mundo que no se ajustan a parámetros urbanos ni globales, pero que siguen plenamente vigentes.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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