
Hay recuerdos que no necesitan fotografías para mantenerse vivos. Alcanza con una camiseta, una cancha y el nombre de un compañero para que el tiempo retroceda medio siglo. Marcelino Eduardo Britapaja, el popular “Pirulo” de Huracán de Comodoro Rivadavia y el “Chueco” de sus amigos de Sarmiento, conserva en su memoria una de esas tardes que el fútbol convierte en eternas.
El domingo 7 de noviembre de 1976, Huracán visitó a Argentinos Juniors en La Paternal por la undécima fecha del Campeonato Nacional. El resultado fue una derrota por 2-0 para el conjunto comodorense, pero aquel encuentro tenía reservado un lugar inesperado en la historia: Diego Armando Maradona, con apenas 16 años recién cumplidos, consiguió su primera victoria como futbolista de Primera División.
Cincuenta años después, Britapaja vuelve sobre aquella jornada con la emoción de quien estuvo ahí. No como espectador de una leyenda, sino como futbolista de un Huracán que había conseguido llevar el nombre de Comodoro Rivadavia a las grandes canchas del país. UN CHICO SENTADO EN EL VESTUARIO QUE TODAVÍA NO ERA MARADONA
“Fue maravilloso, fue maravilloso”, repite Pirulo cuando la conversación lo devuelve a aquel domingo.
Y entonces aparece la primera imagen. No es una gambeta ni una jugada extraordinaria. Es Diego, todavía adolescente, sentado junto a otros dos chicos.
“Recuerdo siempre que cuando nosotros llegamos al vestuario y entramos por la puerta, él estaba sentado con otros dos chicos, eran de la categoría de él. Estaba sentado ahí, con esa ilusión, con esa cara de felicidad que solamente te la da el fútbol”.
La descripción tiene la sencillez de una época. Maradona todavía no era el capitán campeón del mundo, ni el futbolista que conquistaría Nápoles, ni el hombre cuyo nombre atravesaría fronteras. Era un pibe que comenzaba a descubrir la Primera División. Había debutado el 20 de octubre ante Talleres de Córdoba. Dieciocho días después le tocaba enfrentar a un equipo llegado desde el sur argentino. Pero Pirulo ya tenía una referencia de aquel talento.
“Yo lo había visto en el 75, en cancha de Vélez, en un partido que jugábamos Vélez y Argentinos Juniors. Lo vi en el entretiempo, porque él era alcanzapelotas y salían a hacer jueguitos. La pelota no se le caía nunca. Era tremendo”.
Aquella demostración informal había quedado guardada en la memoria de Britapaja. Un año después, ese mismo chico estaría enfrente suyo, disputando un partido oficial. LA CAMISETA ROJA, EL NÚMERO 16 Y UNA ZURDA DIFERENTE
Maradona ingresó en el segundo tiempo, con la camiseta roja de Argentinos Juniors y el número 16 en la espalda.
Pirulo recuerda que el joven Diego tuvo que enfrentarse a la marca de futbolistas experimentados, acostumbrados al roce y a las exigencias del Campeonato Nacional.
En su relato aparecen los defensores y mediocampistas de Huracán, las referencias de marca cerca del área y esa sensación de estar viendo a un chico que tenía algo especial. “No fue tanto tiempo como para tener un recuerdo de que agarró la pelota y gambeteó. Sí recuerdo el talento. Cuando paraba la pelota, vos te dabas cuenta de que él sabía, ¿viste? No era un jugador que no sabía”.
Y agrega una descripción que, medio siglo después, parece resumir el nacimiento de una leyenda.
“A la mayoría de nosotros nos quedó ese recuerdo de esa delicadeza para jugar con esa zurda espectacular”.
El partido terminó 2-0, con dos goles de Carlos Álvarez, a los 75 y 86 minutos. No hubo una actuación goleadora de Diego ni una exhibición que anunciara todo lo que vendría. Hubo, simplemente, destellos de un futbolista distinto.
Para los jugadores de Huracán, aquella tarde representaba otro capítulo de su recorrido nacional. Para Maradona fue su primera victoria en Primera División. La dimensión histórica de ese cruce terminaría de comprenderse con los años. HURACÁN, LOS NACIONALES Y EL ORGULLO DE REPRESENTAR A LA PATAGONIA
La historia de Britapaja, sin embargo, no empieza ni termina en Maradona.
Aquel Nacional de 1976 fue el tercero que disputó con Huracán de Comodoro Rivadavia. En una época en la que llegar desde el interior a la máxima competencia del fútbol argentino significaba superar enormes distancias deportivas y geográficas, el Globo había conseguido instalarse entre los grandes.
Pirulo era uno de los representantes de esa generación.
“Yo creo que el mayor orgullo que a uno le puede dar alegría y felicidad es haber salido de mi lugar natal, de Sarmiento, aprendiendo todo lo que uno después llevó a las grandes canchas con la camiseta del Deportivo Sarmiento, y después pasar a Huracán de Comodoro y tener la posibilidad de jugar estos tres Nacionales”.
El delantero conserva una particular manera de interpretar aquella experiencia. Mientras el fútbol profesional crecía alrededor suyo, él sentía que llevaba consigo el espíritu de los jugadores de potrero.
“Uno nunca dejó de ser un jugador amateur. Fue amateur en todo ese tiempo y se mezcló con lo profesional, pero siempre dentro de la cancha estuvo la alegría, el querer hacer las cosas bien hechas”. Ese sentimiento explica el valor que le otorga a haber compartido campo con futbolistas que luego serían reconocidos en todo el mundo.
No se trataba solamente de competir. Era representar a Sarmiento, a Comodoro Rivadavia y a un fútbol patagónico que quería demostrar que también tenía jugadores capaces de estar a la altura de los mejores.
En la memoria de Pirulo, el partido contra Argentinos es inseparable de aquella camiseta de Huracán.
El delantero ya había recorrido buena parte de las canchas del país, había conocido las exigencias de Vélez Sarsfield y sabía lo que significaba enfrentar a equipos profesionales.
Pero en el Globo encontró algo que nunca dejó de acompañarlo: el sentido de pertenencia. “Para mí era inesperado. Nunca me imaginé que todo esto se podía dar y que uno podía llevar la camiseta del Deportivo Sarmiento y la camiseta de Huracán de Comodoro por el mundo entero”.
No habla desde la nostalgia de una gloria individual. Habla de un recorrido colectivo, de compañeros que compartieron viajes, concentraciones y partidos que quedaron registrados en las páginas más importantes del deporte comodorense.
Por eso, cuando le preguntan qué significa haber enfrentado a Diego Maradona, la respuesta no necesita demasiadas explicaciones.
“Era haber tenido la posibilidad de estar adentro de la cancha con Diego, lógicamente con camisetas diferentes. Haber podido ser rival de Diego era algo que te daba una alegría”.
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