La caída de Ueno Bank en Paraguay hace recordar los funestos días de diciembre de 2001, en especial ahora que Santiago Peña presentó su renuncia a la presidencia y que el Congreso se reúne para definir si se la acepta o procede a realizarle un juicio político.
La combinación “ahorristas atrapados + crisis política” llaman al recuerdo de los memoriosos pero, aunque ambos casos tienen componentes políticos y financieros similares, aun distan mucho de ser equivelentes.
Hasta hace pocos días, el modelo paraguayo era motivo de elogio por dirigentes sudamericanos. El propio presidente Javier Mieli, figuras de su equipo económicos y hasta el expresidente uruguayo Luis Lacalle Pou habían destacado la estabilidad del país mediterráneo.
La intervención de Ueno, de hecho, no es una crisis de todo el sistema, pero al tratarse de una de las entidades con mayor cantidad de clientes del país, se encendieron las alarmas.
Las autoridades del sistema, sin embargo, están buscando actuar con rapidez para que no se produzca una corrida por parte de ahorristas de otros bancos para retirar sus fondos “por temor”. Si eso sucediera, el caso comenzaría a parecerse más a la que se vivió en Argentina.
“Es un banco que presentó irregularidades y por eso se intervino. Van a tener que revisar números, a quién pagar y mientras sucede, los fondos quedan congelados, pero el resto opera normal”, señaló el economista Christian Buteler.
Corralito vs. Ueno: una comparación exagerada
Aquella Argentina de comienzos de siglo se encontraba en una profunda recesión que el gobierno radical de Fernando de la Rua había heredado de Carlos Menem y no había podido revertir.
En ese año había asumido Domingo Cavallo como ministro de Economía y se esperaba que el padre de la Convertibilidad pudiera no sólo salvar la paridad con el dólar, sino también reactivar la economía.
Las declaraciones de quien ocupaba por entonces la secretaría del Tesoro estadounidense rechazando ayudar a la Casa Rosada y un FMI que no quiso volver a comprometerse con el plan de convertibilidad profundizó la crisis.
Aunque su impacto fue innegable en el sistema bancario, la crisis fue del modelo económico en general, con un correlato social funesto.
Para diciembre de 2001 el descalce entre los pesos-dólar y los dólares de respaldos se hizo evidente y, para evitar una corrida cambiaria, el gobierno lanzó una limitación a la extracción de dinero físico a 200 pesos por semana.

Lejos de aquietar las aguas, el calor del verano 2001 encendió las calles y el 19 y 20 de diciembre, luego de declarar el estado de sitio y de la represión de las manifestaciones en todo el país, el gobierno de De la Rua cayó.
A partir de allí habría cinco presidentes en unos pocos días, la declaración del default por parte de Adolfo Rodríguez Saa y la frase con la que pasaría a la historia Eduardo Duhalde: “El que depositó pesos, recibirá pesos. El que depositó dólares, recibirá dólares”.
Allí nacería otra historia, la del “corralón”, la pesificación asimétrica y el pago en bonos que se cancelaría con el Boden 2012 durante la segunda presidencia de Cristina Fernández de Kirchner.
“El origen es distinto al caso paraguayo. En Argentina te quedaste sin dólares por la Convertibilidad y en este da la impresión que es una estafa. Es un banco que por su magnitud afecta al resto, pero el origen es distinto”, explicó Hernán Letcher.
Se calcula que Ueno reunía ahorros de casi 3 millones de ahorristas, casi la mitad de la población del país. Allí es dónde surge la mayor preocupación.
Medidas para la crisis
En principio, las recetas para afrontar la crisis parecen distintas. En Asunción se recurrirá a los fondos especiales para cubrir una cuota de los fondos afectados. En Argentina se optó por restringir la liquidez y terminar otorgando bonos a cambio de depósitos.
El comunicado de la entidad afirma que será el Banco Central del Paraguay el que destinará los fondos a cuentas que los clientes de Ueno tengan en otros bancos o que creará cuentas específicas para esos fines.
Aclaran que se pagarán hasta 121.760.000 guaraníes a cada depositante y aclaran que los bancos podrían tener limitaciones para reintegrar el efectivo por cuestiones logística, por lo que, recomiendan el uso de aplicaciones bancarias.
En ese punto, la solución tiene un correlato con el caso argentino: aquellos 200 pesos dólares que se podían extraer en “físico” no tenían límite en el caso de las tarjetas de débito. Aquella enmienda no sirvió para mitigar la ansiedad por efectivo que tenía la gente. Habrá que esperar que pasa ahora.
Por otro lado, desde lo político, en Argentina la inestabilidad política se reprodujo y la institucionalidad plena se recuperó recién del mandato de cinco presidentes interinos.
Ese capítulo recién empieza en Asunción, aunque todo hace prever que el Partido Colorado, a través del expresidente Horacio Cartes, seguirá rigiendo los destinos del Paraguay.
https://www.cronista.com/economia-politica/ueno-bank-y-el-corralito-en-que-se-diferencia-la-crisis-de-paraguay-con-la-de-argentina-en-2001/
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