
Los cuidados mueven al mundo. No faltan fuentes ni argumentos técnicos que lo avalen. Desde barrer una casa, llevar a un hijo al hospital o atender a un anciano y hasta tener en la cabeza el menú diario: estos laburos permiten que la población sobreviva.
Según la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo 2021 del INDEC, 6 horas y 7 minutos es el promedio diario entre las mujeres de 14 años o más que destinan a la realización de trabajo de cuidado no remunerado. Entre los varones que lo hacen, el promedio es de 3 horas y 30 minutos. A esto se suma que el 89,9% de las mujeres realiza trabajo doméstico no remunerado, frente al 68,3% de los varones, incluyendo tareas como cocinar, limpiar y ordenar el hogar.
Cada 29 de octubre, se conmemora el Día Internacional del Cuidado y el Apoyo. Pero acá poco nos importa esa cháchara. Lo que queremos saber es: ¿Por qué una tarea fundamental para la supervivencia humana recae casi siempre sobre las mujeres? ¿Qué consecuencias tiene en la salud de las mismas? ¿Por qué si una niña se dedica al cuidado de sus hermanos, abuelos o primos debe resignar su futuro escolar y laboral? ¿Las maternidades siempre son dulces y tiernas, o están atravesadas por problemáticas, culpas, sobrecarga de trabajo y picos de estrés?
Para no indignarnos tanto y hablar con las que saben, El Grito del Sur se comunicó con Flora Curci, creadora de Malabaristas del Cuidado, un grupo de sociólogas argentinas que trabajan investigando los cuidados y la penalización de la maternidad.

¿Cómo se creó Malabaristas del Cuidado?
Trabajé 5 años dentro de una corporación haciendo investigación de mercado. Sin embargo, al año y medio de tener a mi hija me invitan a retirarme, justamente por tareas de cuidado, lo que implica ser mamá y la falta de conciliación con las políticas de la empresa. A partir de ahí me empezó a hacer ruido el tema. Además empecé a estudiar una maestría en géneros y conocí a Sofia Sarubbi, mi socia en Malabaristas del Cuidado. Juntas empezamos a cranear la posibilidad de abrir este espacio hablando de la penalización por maternidad y por qué nos habíamos quedado fuera del mercado laboral formal por ser madres. Queríamos abordar el “trabajo de ser madres”, que nos llevó a tener que flexibilizar nuestros empleos formales y trabajar en otras cosas. Empezamos a conocer otras historias, a entender que hoy el trabajo formal es casi una imposibilidad para las personas que maternan.
¿Por qué pensar los cuidados desde una perspectiva sociológica y no desde el abordaje más tradicional y cuantitativo?
La idea es problematizar los cuidados desde la vida cotidiana. A veces se habla desde la economía feminista, se habla desde el cuidado concreto de los niños, pero también está el cuidado de una casa, de una pareja, de las mascotas y de las plantas. El cuidado sostiene al mundo. Si vos no hacés trabajo doméstico dentro de tu casa, se prende fuego en 2 minutos.
Nosotras hablamos de una trama social rota porque hay una comunidad que hoy no nos ayuda a cuidar. Porque nos podemos pelear entre nosotros, se pueden fragmentar los partidos, pero si quienes cuidamos dejamos de cuidar, esa trama se rompe y estamos todos sonados.
¿La falta de políticas de cuidado también afecta al fenómeno de la baja de natalidad?
La baja de la tasa de natalidad es multifactorial, pero sí creo que tiene que ver con la falta de políticas públicas respecto al cuidado. Las maternidades están en peligro de extinción por la narrativa productiva neoliberal. Porque las políticas están pensadas para un trabajador ideal, que está 100% disponible, 24/7. Esa lógica no se puede trasladar a una persona sobre la que socialmente han recaído las tareas de cuidado.
Entonces la política neoliberal de productividad extrema, de hiperproductividad pensando siempre en el rendimiento, obviamente no va a estar pensando en cuidar, en tener un familiar enfermo, en tener un hijo al que tenés que responderle, en tener una mascota enferma. Y en algún punto se aboga por una individualización extrema también. Hay muchas mujeres en puestos jerárquicos que te dicen: «Yo ni siquiera me pregunté por la maternidad a mis 30 porque estaba persiguiendo la zanahoria y cuando se me vino encima la edad pensé por qué no lo hice antes o por qué no congelé óvulos». En un sistema tan pensado de forma patriarcal, no sabés que el reloj biológico corre.
Silvia Federici -teórica feminista que escribió largamente sobre los trabajos de cuidado- dice que son uno de los pilares del capitalismo y que “eso que llaman amor es trabajo no pago”. ¿Los trabajos de cuidado tendrían que tener una remuneración o con la repartición igualitaria es suficiente?
Es una discusión el tema de la remuneración. Por algún lado se habla de que “eso que llaman amor es trabajo no pago”, pero al mismo tiempo decís: ¿le tengo que poner un precio a ese trabajo? De alguna manera sí, porque estás dentro de un sistema capitalista que todo lo cuantifica. Incluso un hijo y tener un proyecto colectivo.
El punto no sé si es ponerle un precio a ese trabajo. El tema es tener corresponsabilidad. Y en ese sentido quizás no necesariamente tenga que ver con ponerle un precio a esa corresponsabilidad, a ese trabajo, sino tener en cuenta que esas horas que nosotras no podemos ponerle al trabajo productivo también valen.
Hay que hacer un cambio cultural, hay que trabajar mucho en políticas de corresponsabilidad y hay que tener licencias parentales iguales y obligatorias. El mensaje que nos da cuando un hombre tiene 2 días de licencia y una mujer 3 meses es que el padre es prescindible y que la madre no. Ya hay una narrativa ahí.
¿Qué relación hay entre los cuidados y el cuidado indirecto o la “carga mental”?
El cuidado indirecto es al que llamamos carga mental. Esa situación de que las feminidades siempre estamos planificando y con un paso adelante de lo que hay que hacer que después se traslada a un cuidado directo porque vos sabés qué es lo que hay que hacer porque averiguaste, porque ya lo tenías en la cabeza. El cuidado indirecto es toda la información que nosotros tenemos por esta carga mental con la que estamos constantemente encima.

¿Y cómo se resuelve?
Bueno, también hay que dejar espacios de cuidado, porque sino con tanta cosa encima, con tanta carga naturalizada pensamos que el otro lo va a hacer mal y eso también lo tenemos que hackear de alguna manera.
Por último, hablemos de los hombres. ¿Por qué tienen tan naturalizado delegar el trabajo de cuidados en madres, hijas, esposas o empleadas domésticas? En general, la mayoría de las veces las que hablan de cuidados son las mujeres y feminidades. ¿Cómo se podría hacer para que empiecen a concientizarse?
No tengo la respuesta, pero creo que hay que dejar de hacer todo y bajar los estándares. Nadie se va a morir porque quede una toalla tirada. Por otra parte, me parece que los varones subestiman todo lo que hay que hacer respecto al cuidado, a los hijos, a la casa, a los adultos mayores. En ese aspecto, redistribuyendo el cuidado también puede ser más liviano para los dos lados.
Es muy difícil, son ideas muy cristalizadas pero tenemos que dejar de venderle muñecas a las nenas, porque las enseñamos a cuidar de muy chiquitas y dejar de venderle pelotas a los chicos y decir que son más físicos. Si le regalamos muñequitas a las nenas, lo primero que van a aprender es a cuidar.
https://elgritodelsur.com.ar/2026/10/si-le-regalamos-munequitas-a-las-nenas-lo-primero-que-van-a-aprender-es-a-cuidar/
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