
Hay cargas que llevamos en silencio y que van apagando nuestra paz: la falta de perdón, el orgullo, la envidia, los malos pensamientos y la codicia. Cuando las alimentamos, pueden afectar nuestra manera de vivir y de relacionarnos con los demás.
La falta de perdón nos mantiene pendientes de una herida. Perdonar lleva tiempo y no significa justificar el daño ni volver a confiar en quien nos lastimó. Es posible buscar paz conservando los límites que necesitamos.
El orgullo nos dificulta reconocer nuestros errores, pedir ayuda y ofrecer una disculpa sincera. A veces, por querer tener siempre la razón, dejamos de escuchar a quienes amamos.
La envidia convierte la alegría ajena en una comparación dolorosa. Nos lleva a mirar lo que otros tienen mientras olvidamos nuestros propios dones, esfuerzos y oportunidades. La gratitud nos ayuda a reconocer lo valioso de nuestra vida.
Los malos pensamientos, cuando los alimentamos deliberadamente, pueden sembrar desconfianza, desprecio o deseos de venganza. Un pensamiento involuntario no define quiénes somos; podemos reconocerlo y elegir cómo actuar, sin convertirlo en una palabra hiriente o una acción que haga daño.
La codicia nos hace sentir que nunca es suficiente. El deseo de acumular dinero, poder o posesiones puede desplazar la generosidad y llevarnos a descuidar nuestros vínculos. Aspirar a progresar es saludable; también necesitamos preguntarnos qué estamos dispuestos a sacrificar para conseguirlo.
El rencor, la mentira y la falta de empatía también deterioran nuestras relaciones. Por eso, cuidar el corazón requiere revisar nuestras intenciones, asumir responsabilidades y reparar el daño que hayamos causado.
Podemos empezar con actos sencillos: agradecer, hablar con honestidad, alegrarnos por el bien ajeno, compartir y pedir perdón. Acercarnos a Dios también puede ayudarnos a encontrar fortaleza para cambiar y humildad para aceptar apoyo.
¿Qué estás alimentando hoy en tu corazón y qué necesitas comenzar a transformar?
“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí”. Salmos 51:10 (Reina-Valera 1960)
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ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana y actualmente residente en Cali, Colombia, cuenta con una amplia trayectoria en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.

