
Algo inusual pasa bajo el volcán Masaya, donde habitan cerca de 2 millones de personas. Investigadores de Penn State localizaron mediante satélite dos reservorios de magma ocultos en el coloso nicaragüense, lo cual podría ayudar a mejorar el pronostico de erupciones.
Un volcán famoso por su resplandeciente lago de lava esconde un sistema magmático más complejo de lo imaginado antes. Científicos de Penn State hallaron evidencias sobre dos reservorios de magma no reconocidos bajo el Masaya en Nicaragua, algo que plantea nuevas dudas sobre cómo la roca fundida se mueve bajo la superficie. El descubrimiento fue publicado el 19 de octubre de 2026 en Geophysical Research Letters, y adquiere relevancia especial debido a que unos dos millones de personas viven a menos de 21 kilómetros del volcán, siendo además un destino turistico muy popular.
Utilizando seis años de observaciones por satélite, los investigadores rastrearon los cambios sutiles en el terreno alrededor del Masaya. Hallaron que una sección del volcán se hundió primero para luego elevarse, señal que posiblemente magma fresco entraba en un reservorio profundo. Por otro lado, el terreno cerca al cráter activo Santiago y su lago de lava seguían hundiéndose, sugiriendo que un depósito más somero y separado actuaba distinto. Estos datos revelan que el sistema magmático subterráneo del volcán es quizás bastante más complicado de lo que se creía antes.
Esas observaciones ayuda a los expertos comprender mejor cómo el magma se mueve bajo el Masaya y podrían mejorar el monitoreo y pronóstico de erupciones futuras, explicó Lizzie Johnson, autora principal del estudio, quien obtuvo su licenciatura en Geociencias por Penn State en mayo pasado. Su trabajo, realizado junto a Young Cheol Kim —doctorando recién graduado en Geociencias por la misma universidad— forma parte de una línea investigativa más amplia que busca entender los peligros volcánicos en zonas tropicales densamente pobladas. Esta investigación se enmarca dentro de un esfuerzo internacional para mejorar la prevención de desastres en Centroamérica. Ubicado cerca de la capital nicaragüense, el Masaya es un volcán de compleja geología que presenta múltiples calderas y cráteres superpuestos. Las calderas resultan ser grandes depresiones, formadas usualmente cuando el terreno se hunde tras el retiro del magma en una cámara subterránea. Pese a que los científicos estudiaron el Masaya por años, el movimiento magmático a través de pasadizos y reservorios subterráneos sigue siendo poco comprendido. Estos sistemas cambian con el tiempo, lo que dificulta determinar con exactitud qué sucede bajo el volcán en cada momento. Es crítico tener una comprensión exhaustiva de la actividad volcánica del Masaya y los peligros asociados, ya que unas dos millones de personas viven cerca, además la caldera es un parque nacional y destino turístico popular, señaló Johnson. Pese a que el Masaya no ha lanzado lava importante desde 1772, su desgasificación constante suele generar niveles peligrosos de dióxido de azufre. Resulta que este gas dañino se libera cuando el magma se acerca a la superficie; sin que ocurra una erupción, las concentraciones altas crean condiciones de riesgo para visitantes o comunidades cercanas.
Young Cheol Kim explico que monitorear el volcán constantemente es esencial para distinguir la actividad normal de los cambios que indican peligros crecientes. Hacer un seguimiento continuo nos ayuda a entender la actividad base para identificar si todo esta cambiando, dijo. Y si existe necesidad de alertar a la gente, lo podemos hacer oportunamente. Algunos cambios en el comportamiento volcánico señalarían una actividad crecida o una erupción, y tener datos base sólidos es fundamental para tomar decisiones de protección civil con criterio.
Para investigar la actividad interna del Masaya, los investigadores analizaron mediciones obtenidas por el satélite Sentinel 1, el cual observa el volcán cada doce días aproximadamente. Los expertos aplicaron el radar de apertura sintética interferométrica InSAR, una tecnología la cual detecta cambios diminutos sobre la elevación de superficie terrestre.
Al comparar registros satelitales obtenidos en tiempos diferentes, los investigadores identifican zonas donde el suelo se eleva o se hunde. Resulta una técnica valiosa en regiones tropicales, pues la nubosidad constante suele volver poco fiables a las imágenes convencionales.
La penetración de nubes es clave para los volcanes porque muchos, como el Masaya, se encuentran en zonas tropicales con mucha nubosidad, explica Kim. Al observar todas las capturas satelitales por múltiples años, podemos ver cómo la distancia entre el satélite y el terreno cambia, detectando dónde se hunde o eleva. El radar de apertura sintética manda señales de microondas a la superficie, permitiendo al satélite recoger datos incluso cuando las nubes cubren el suelo. La interferometría compara las señales de radar que regresan para detectar variaciones en la distancia entre el satélite y el terreno.
Entre 2018 y 2024 las mediciones satelitales revelaron un patrón interesante. En el inicio del estudio, el suelo en la caldera del Masaya experimentó un hundimiento paulatino, desplazándose hacia abajo. Tiempo después, esa misma área empezó a elevarse. Los expertos consideran que tal cambio sugiere variaciones en el magma almacenado bajo el volcán. Cuando el magma sale del reservorio, la tierra encima suele hundirse. Si ingresa nuevo magma, aumenta la presión interna y, por tanto, la superficie se levanta. Detectar ambos comportamientos simultáneos en zonas distintas fue la clave para proponer que existían dos reservorios separados.
Este hallazgo tiene implicaciones prácticas para gestionar el riesgo volcánico en Nicaragua. Las autoridades junto con el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales INETER podrían integrar estos datos en sus sistemas de monitoreo, especialmente cuando se trata de interpretar señales sobre deformación del terreno durante los meses próximos. El Masaya, siendo parte del Parque Nacional Volcán Masaya y uno de los atractivos turísticos principales de Nicaragua, cada año recibe decenas de miles de personas que visitan el borde del cráter Santiago, donde el lago de lava se muestra espléndido. Conciliar la actividad científica y turística con la protección de dos millones de ciudadanos es ahora una prioridad renovada para las autoridades.
El equipo de Penn State planea extender el periodo de observación para verificar si los dos reservorios identificados siguen evolucionando de forma independiente y entender mejor la velocidad con la que el magma se desplaza entre ellos. También busca combinar datos InSAR con mediciones de gas y sismología local para construir un modelo cuantitativo del sistema magmático del Masaya. En un futuro próximo, los resultados podrían aplicarse a otros volcanes tropicales con lago de lava como el Erta Ale en Etiopía o el Nyiragongo en la República Democrática del Congo donde el monitoreo con satélite puede marcar la diferencia entre una alerta temprana o una tragedia.
- Penn State University (2026, 19 octubre). Something strange is happening beneath a volcano near 2 million people. ScienceDaily.
- Johnson, L. et al. (2026). Two active magma reservoirs indicated at Masaya volcano. Geophysical Research Letters.
- Satélite Sentinel-1 / ESA — técnica InSAR.
- INETER (Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales) — monitoreo operativo.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CLAUDIA VALEAN CARPA
Inventora en España desde 2022 y profesional con sólida trayectoria en liderazgo, gestión estratégica y dirección de equipos. Con experiencia internacional vinculada al ámbito de la investigación y más de 17 años de experiencia en gestión profesional y desarrollo organizativo.
Comprometida con la excelencia, la innovación y el crecimiento continuo, considero que el liderazgo se construye a través de la perseverancia, la visión estratégica y la capacidad de generar valor en cada proyecto. Destaco por mi capacidad de organización, coordinación de equipos y orientación a resultados en entornos dinámicos y de alta responsabilidad.



















