
El daño que le hacen a nuestras sociedades algunos políticos con su invocación al odio por tener una visión diferente de país, por profesar una fe diferente, por proceder de un entorno cultural distinto, por el color de piel, por la forma de hablar o de vestir, es simplemente colosal. Aquí en Colombia el gobierno decidió operar bajo una intensa y continua propaganda en la que refuerza las acusaciones sin pruebas en conta del gobierno anterior, intenta crear un consenso de rechazo a los lideres del progresismo, del centro y hasta de la propia derecha, busca acallar a personajes reconocidos y prestigiosos de la prensa que no corresponden a la denominación de “prensa amiga” o “prensa foca”, esa que aplaude todo el tiempo lo que el mandatario dice, aún antes de que lo diga, y lo que el histriónico señor hace, aún antes de que lo haga.
El odio campea en estas tierras donde la violencia hizo su nicho hace ya mucho tiempo, un país construido a sangre y fuego, literalmente, donde la gente se mata por cualquier cosa, porque si en algo somos expertos los colombianos es en idear formar crueles de matarnos bien sea física o moralmente.
Las campañas políticas siempre tienden a exacerbar esos rencores anacrónicos, lo que antes fue un pugilato entre liberales y conservadores hoy lo es entre la ultraderecha al mando y todas las líneas de todos los matices, incluso de derecha, que no comparten los métodos ni las palabras del señor de la Espriella y sus esbirros.
Muy triste, peligroso y mediocre gobernar mirando hacia atrás, con los ojos fijos en el espejo retrovisor, retrotraer y aplicar formatos y contenidos que hace ya mucho tiempo demostraron su ineficacia y su perversidad, mirar para otro lado mientras a nuestro derredor, como sucede hoy en la querida Argentina, estallan crisis sociales generadas a partir de la precariedad y la miseria de una gran mayoría de la ciudadanía provocadas por decisiones de sus gobernantes.
Entonces, uno se encuentra con medidas que parecen salirse de toda lógica: En lugar de mejorar la progresividad de los impuestos se busca eliminar impuestos a los más pudientes e imponer aumentos en impuestos regresivos como el IVA, se hace toda una campaña de desprestigio hablando de que la economía del país sufre una severa crisis sin que se exponga una argumentación técnica al respecto, lo cual termina incrementando los intereses con que se consigue en el exterior plata prestada para el país, hace huir la inversión extranjera y debilita terriblemente la economía induciendo una crisis basada sólo en la retórica política irresponsable y apátrida de quienes llegan.
Uno sabe que muchas de los planes del estado requieren que se apele a instancias internacionales para conseguir los recursos necesarios para hacerlos realidad, pero si hay algo deletéreo son las medidas draconianas y antisociales que impone el Fondo Monetario Internacional.
De recordar que no hace mucho una señora Cristhine Legarde, en su calidad de directora por esa época del FMI, ella misma de avanzada edad, señalaba, desde una perspectiva macroeconómica, que el aumento de la tasa de dependencia de la tercera edad plantea retos importantes para la sostenibilidad del gasto público en pensiones y sanidad, lo que hacía imperativo pensar y desarrollar reformas estructurales.
En muchos sectores ese mensaje se entendió como un ataque a las personas de edad que, por razones obvias, no pueden ser tan productivas y son, con cada día que pasa, más y más dependientes del apoyo y los subsidios que un estado les pueda brindar, más aún en países como los nuestros con severa precariedad en su vocación social.
Pero claro, el FMI no es un convento de monjitas de la caridad, nunca lo ha sido y mas que ayuda lo que busca es privatizar las propiedades que tienen los estados tercermundistas: Sus intervenciones han generado profundos debates y fuertes críticas a lo largo de los años, en el entendido de que las medidas panacea que promueve ese organismo de última instancia para países en quiebra, tales como la austeridad fiscal, la desregulación y la privatización de empresas estatales terminan en ventas de ocasión de importantes recursos estatales a capitales extranjeros a precio de huevo, debilitando el rol del Estado, encareciendo servicios básicos e incrementando la desigualdad social en los países presuntamente rescatados, sin que se incidan problemas estructurales como la corrupción, la evasión fiscal, la precaria configuración de sus regímenes impositivos por lo general regresivos y poco progresivos.
En Colombia cada día que pasa se hace evidente la verdadera naturaleza de la Patria Milagro de la cual hablaba el señor de la Espriella en campaña: La patria milagro, fruto del maridaje funesto entre el fraude y el odio, no es la patria de todos, es un ente restrictivo que convierte en “milagro” lo que debiera ser fruto de la aplicación de una propuesta con alto contenido social, redistributivo, donde no se conviertan los derechos en privilegios, pero eso, por supuesto, no entra en la órbita elitista y clientelista del gobierno del impostado felino.
El “milagro”, para este gobierno, hijo de las acciones confabulatorias de Negre, gran generador de bulos y calumnias y de Cerimedo, manipulador de la opinión pública vulnerable a través de sus granjas de bots, será, sin duda, el “milagroso” enriquecimiento de los socios del gato bocón que detenta el poder y del propio mandatario (Y de su esposa, como parece sugerirlo la falta de transparencia y la no rendición diáfana de cuentas de los donativos canalizados a través de su fundación y que tienen como destino los damnificados del terremoto del 10 de Agosto pasado).
En un gobierno que busca, como ya lo hemos vivido, el unanimismo, basado no en la presentación de una profusa argumentación sino en la difusión delirante de mentiras ad hominem para desacreditar el disenso, el asedio digital de sus críticos, amenazas, la persecución y la creación de realidades alternas a partir de la repetición como letanías de bulos, el milagro será poder poner en práctica la libertad de opinión, el derecho a recibir información veraz y documentada y la libertad de prensa.
En un gobierno así será un milagro que persista el pensamiento crítico, el ejercicio no solo de los derechos enunciados arriba, sino de todos los derechos humanos y ejercer la valentía de discrepar.
POR CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.

