
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, afirmó que mantendrá una relación de cooperación con Estados Unidos, pero dejó claro que su Gobierno no aceptará presiones ni acciones que considere una violación de la soberanía mexicana. La mandataria sostuvo que la relación con Washington debe construirse sobre la base del respeto, la igualdad y la reciprocidad, en un momento de creciente tensión por las decisiones estadounidenses de cancelar visas a ciudadanos mexicanos políticamente relevantes.
Sheinbaum hizo sus declaraciones al referirse nuevamente a la cancelación de visas estadounidenses, entre ellas la de Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador. La presidenta consideró que algunas de estas decisiones podrían tener una motivación política y no necesariamente responder a cuestiones de seguridad.
La mandataria evitó, sin embargo, plantear una ruptura con Washington. México necesita mantener una relación de cooperación con Estados Unidos, especialmente en materia de seguridad, comercio y protección de los mexicanos que viven en territorio estadounidense. Su estrategia consiste en preservar el diálogo sin aceptar condiciones que puedan interpretarse como subordinación.
Sheinbaum sostuvo que defender la soberanía no significa buscar una confrontación. En su planteamiento, México puede cuestionar públicamente determinadas decisiones estadounidenses y, al mismo tiempo, mantener abiertos los canales diplomáticos para resolver las diferencias.
La presidenta también reclamó que cualquier acusación contra ciudadanos mexicanos sea acompañada por pruebas que puedan ser evaluadas por las autoridades mexicanas. Su posición parte de la idea de que la cooperación en seguridad debe realizarse mediante mecanismos institucionales y no mediante actuaciones unilaterales.
El tema adquiere mayor importancia debido al incremento de la presión estadounidense sobre dirigentes y figuras vinculadas con la política mexicana. La cancelación de visas se convirtió en uno de los principales puntos de tensión entre ambos gobiernos y provocó fuertes reacciones dentro de Morena, el partido gobernante.
Sheinbaum recordó además episodios históricos en los que México enfrentó presiones de Washington y reivindicó la tradición diplomática mexicana de autodeterminación y no intervención. Mencionó especialmente la Doctrina Estrada como uno de los antecedentes de la posición que actualmente sostiene su Gobierno.
La presidenta también cuestionó la política seguida por administraciones mexicanas anteriores en materia de cooperación con agencias estadounidenses. Su crítica se concentró especialmente en el período de Felipe Calderón, al que acusó de haber permitido una presencia demasiado amplia de organismos estadounidenses en México.
La discusión se conecta directamente con la lucha contra el crimen organizado. Estados Unidos ha incrementado la presión sobre México para obtener resultados contra los carteles y, paralelamente, ha formulado acusaciones contra figuras políticas mexicanas por supuestos vínculos con organizaciones criminales.
Sheinbaum busca diferenciar dos conceptos: cooperación y subordinación. Su Gobierno acepta trabajar conjuntamente con las agencias estadounidenses cuando existen acuerdos y autorización mexicana, pero rechaza cualquier operación que pueda realizarse dentro del territorio nacional sin conocimiento o consentimiento de las autoridades mexicanas.
Ese principio ya había sido expresado por la presidenta en otras ocasiones. En julio sostuvo que los agentes estadounidenses autorizados para trabajar en México deben cumplir con la Constitución y las leyes nacionales, y que las autoridades mexicanas deben conocer sus actividades. También afirmó que México no busca un conflicto con Washington, pero que no permitirá violaciones a su soberanía.
La relación bilateral atraviesa así una etapa compleja. México necesita a Estados Unidos como principal socio comercial, mientras Washington considera fundamental la cooperación mexicana para enfrentar el tráfico de drogas, la migración y otros problemas de seguridad regional.
Ese nivel de interdependencia obliga a ambos gobiernos a mantener canales de comunicación incluso cuando existen fuertes diferencias políticas. Sheinbaum parece apostar precisamente por esa fórmula: negociar, cooperar y mantener la relación, pero establecer límites claros.
El escenario también tiene una dimensión política interna. Las decisiones de Washington sobre visas y las acusaciones contra dirigentes mexicanos están siendo utilizadas tanto por el oficialismo como por la oposición dentro de sus respectivas estrategias. Sheinbaum acusa a sectores opositores de utilizar las medidas estadounidenses para presionar al Gobierno, mientras sus adversarios cuestionan la capacidad de Morena para enfrentar las acusaciones provenientes de Estados Unidos.
La defensa de la soberanía se convirtió así en uno de los principales ejes del discurso internacional de Sheinbaum. La presidenta intenta mantener una relación funcional con Donald Trump sin aceptar que la cooperación en seguridad se transforme en una puerta para la intervención estadounidense en asuntos internos mexicanos.
Por ahora, la estrategia no apunta a romper con Washington. Al contrario, México continúa participando en mecanismos de cooperación y recientemente decidió mantener la participación de su secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, en una conferencia de la DEA en Argentina, una decisión que muestra que el Gobierno mexicano no pretende cerrar los canales de colaboración.
El mensaje de Sheinbaum combina firmeza diplomática y pragmatismo: México continuará dialogando y cooperando con Estados Unidos, pero no aceptará que esa relación implique renunciar a su autonomía. En un contexto regional marcado por una política estadounidense más activa en materia de seguridad, la presidenta mexicana intenta establecer una frontera política clara: cooperación sí, pero bajo las leyes mexicanas y con respeto a la soberanía nacional.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, originario de Goiás, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur y Director General de Radio Mercosur. Es miembro de la Asociación Brasileña de Prensa (ABI) y desarrolla su trayectoria en el periodismo internacional, el Mercosur, la integración regional, la geopolítica y los derechos humanos. Cuenta con un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y un Doctorado Honoris Causa.
También fue Director General del Comité Paraguay de la Cámara de Industria y Comercio del Mercosur y las Américas. Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México, recibido en 2021, y el reconocimiento como Amigo de la Niñez y la Adolescencia otorgado por Plan International Paraguay.
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