Luiz Inácio Lula da Silva, el dirigente sindical que emergió de las fábricas del cinturón industrial de São Paulo para convertirse en una de las figuras centrales de la política latinoamericana, fue proyectado como ganador de la segunda vuelta presidencial de Brasil del 25 de octubre de 2026, en una elección que podría otorgarle un cuarto mandato presidencial. La proyección de Datafolha, difundida durante el escrutinio, situaba a Lula por delante del senador Flávio Bolsonaro, después de que este último hubiera terminado primero en la primera vuelta. El resultado abre una nueva etapa para Brasil y para el MERCOSUR, en un momento en que las diferencias ideológicas entre Lula y el presidente argentino Javier Milei han pasado de los discursos políticos a las relaciones diplomáticas y a las discusiones sobre el futuro de la integración regional.
De la pobreza en Pernambuco a las fábricas de São Paulo
La historia política de Lula comenzó mucho antes de su llegada al Palacio del Planalto. Nació el 27 de octubre de 1945 en Garanhuns, en el estado brasileño de Pernambuco, en una familia de recursos limitados. Cuando era niño, se trasladó con su familia a São Paulo en busca de mejores oportunidades. Desde muy joven trabajó para contribuir al sustento familiar y pasó por distintos empleos antes de formarse como tornero mecánico en el Servicio Nacional de Aprendizaje Industrial (SENAI). Su incorporación a la industria metalúrgica lo llevó a São Bernardo do Campo, en la región del ABC paulista, uno de los principales centros industriales de Brasil.
Fue en ese entorno donde comenzó a construir su identidad política. El crecimiento de las fábricas, las condiciones laborales y las demandas salariales de los trabajadores metalúrgicos crearon un escenario de movilización sindical durante los últimos años de la dictadura militar. Lula se incorporó al Sindicato de los Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema en 1969 como miembro suplente de su dirección. En 1972 fue elegido primer secretario y, en 1975, asumió la presidencia sindical con un amplio respaldo de los trabajadores. Su liderazgo se desarrolló en una época en la que las organizaciones sindicales enfrentaban restricciones políticas y las reivindicaciones laborales podían convertirse en conflictos directos con el régimen.
Las huelgas que lo convirtieron en una figura nacional
La proyección nacional de Lula se consolidó a finales de la década de 1970, cuando encabezó grandes movilizaciones de trabajadores metalúrgicos en el ABC paulista. En marzo de 1979, una huelga reunió a decenas de miles de operarios que reclamaban mejores salarios y condiciones laborales. Las protestas adquirieron una dimensión política porque cuestionaban no solo las condiciones de trabajo, sino también las limitaciones impuestas a la organización sindical durante la dictadura.
En 1980, otra movilización provocó la intervención gubernamental en el sindicato y la detención de Lula y otros dirigentes, acusados bajo la legislación de seguridad nacional. Su encarcelamiento reforzó su notoriedad pública y lo situó entre los principales representantes del movimiento obrero brasileño. Sin embargo, su trayectoria no quedó limitada al sindicalismo. Lula comenzó a defender la necesidad de que los trabajadores tuvieran una representación política propia, capaz de disputar el poder institucional y participar en la elaboración de las políticas públicas.
El 10 de febrero de 1980 participó en la fundación del Partido de los Trabajadores (PT), junto con sindicalistas, intelectuales, dirigentes sociales y representantes de distintos movimientos populares. La nueva organización se propuso construir una alternativa política vinculada a los derechos laborales, la participación ciudadana y la reducción de las desigualdades. En 1983, Lula también participó en la creación de la Central Única de los Trabajadores (CUT), que se convertiría en una de las principales centrales sindicales del país.
De las derrotas electorales a la llegada al Palacio del Planalto
La transición democrática abrió el camino para que Lula trasladara su liderazgo social a la competencia electoral. En 1982 se presentó como candidato al Gobierno de São Paulo, aunque no consiguió la victoria. En 1986 fue elegido diputado federal constituyente por ese estado y participó en el proceso político que desembocó en la Constitución de 1988. Dos años después de su primera candidatura presidencial, el país celebró elecciones directas para elegir al jefe del Estado, y Lula llegó a la segunda vuelta de 1989, en la que fue derrotado por Fernando Collor de Mello.
También perdió las elecciones presidenciales de 1994 y 1998 frente a Fernando Henrique Cardoso. Aquellas derrotas obligaron al PT a ampliar su base electoral y a modificar aspectos de su estrategia para alcanzar sectores que no se identificaban plenamente con la izquierda sindical. En 2002, Lula concurrió con una coalición más amplia y una propuesta que combinaba la inclusión social con compromisos de estabilidad económica. Su victoria marcó un cambio histórico: un dirigente surgido del movimiento obrero alcanzaba la Presidencia de la mayor economía de América Latina.
Durante sus dos primeros mandatos, entre 2003 y 2010, su Gobierno impulsó programas de transferencia de ingresos, políticas de valorización del salario mínimo y medidas orientadas a ampliar el consumo interno. Brasil también se benefició del crecimiento de la demanda internacional de materias primas y de un contexto favorable para sus exportaciones. Lula fue reelegido en 2006 y concluyó su segundo mandato con elevados niveles de aprobación. La combinación de crecimiento económico, políticas sociales y protagonismo internacional consolidó su figura dentro y fuera de Brasil, aunque su Gobierno también estuvo marcado por controversias y escándalos de corrupción que afectaron al sistema político.
La caída, la prisión y el regreso a la política
Después de abandonar la Presidencia, Lula continuó siendo una figura influyente del PT, pero su trayectoria quedó atravesada por las investigaciones de la Operación Lava Jato. En 2017 fue condenado en un proceso relacionado con corrupción y lavado de dinero, y en 2018 ingresó en prisión, lo que le impidió participar en las elecciones presidenciales de ese año. Su detención provocó una profunda división política y generó repercusiones dentro y fuera de Brasil.
En 2019 recuperó la libertad después de que el Supremo Tribunal Federal modificara el criterio sobre el momento de ejecución de las penas. En 2021, el mismo tribunal anuló sus condenas al considerar que el tribunal que lo había juzgado carecía de competencia y declaró la parcialidad del juez Sergio Moro en uno de los procesos. Las decisiones restablecieron sus derechos políticos y le permitieron volver a competir electoralmente.
En 2022 Lula derrotó al entonces presidente Jair Bolsonaro en una segunda vuelta extremadamente ajustada, con el 50,90 % de los votos válidos frente al 49,10 % de su rival. La diferencia fue de aproximadamente 2,1 millones de votos. Su regreso al Gobierno, en enero de 2023, representó el retorno de un dirigente que había pasado de la organización sindical a la Presidencia, después de derrotas electorales, procesos judiciales y una intensa polarización nacional.
Una nueva victoria proyectada y una diferencia que todavía debe medirse oficialmente
La segunda vuelta del 25 de octubre de 2026 volvió a colocar a Lula frente a un candidato vinculado al bolsonarismo, el senador Flávio Bolsonaro. En la primera vuelta, Flávio había obtenido el 47,03 % de los votos válidos, frente al 45,16 % de Lula, según la totalización electoral publicada por el Tribunal Superior Electoral. Sin embargo, durante la segunda vuelta, la proyección de Datafolha situó al presidente en funciones por delante de su adversario cuando el escrutinio ya había avanzado considerablemente.
La proyección difundida por Folha de S.Paulo, basada en el 86,41 % de las urnas contabilizadas en ese momento, atribuía a Lula el 51,45 % de los votos válidos y a Flávio Bolsonaro el 48,55 %. La diferencia estimada era de 2,90 puntos porcentuales. Es importante distinguir esa proyección del resultado definitivo: al cierre de esta información, la totalización oficial todavía debía concluir y los porcentajes finales podían variar.
Si se confirma oficialmente, la victoria tendrá una dimensión histórica. Lula habrá conseguido ganar cuatro elecciones presidenciales, aunque sus mandatos no hayan sido consecutivos: 2002, 2006, 2022 y 2026. También habrá logrado remontar la desventaja de la primera vuelta, una señal de la importancia de la distribución territorial del voto y de la capacidad de movilización de las coaliciones en la fase definitiva de una elección.
La comparación con 2022 también exige prudencia. En aquella elección, Lula venció a Jair Bolsonaro por 1,8 puntos porcentuales. La proyección de 2026 muestra una diferencia estimada mayor, pero el balance definitivo debe esperar los resultados oficiales. Además, los adversarios y las circunstancias políticas no son idénticos: en 2022 Lula se enfrentó al presidente en funciones, mientras que en 2026 compitió contra Flávio Bolsonaro, que buscaba heredar el apoyo electoral del bolsonarismo.
Lula y Milei: dos modelos políticos y económicos enfrentados
La relación entre Lula y Javier Milei representa una de las principales tensiones políticas de América del Sur. El presidente brasileño procede de la izquierda sindical y defiende un papel activo del Estado en la protección social, la reducción de las desigualdades y la promoción del desarrollo económico. Milei, por su parte, construyó su identidad política sobre el liberalismo económico radical, la reducción del gasto público, la desregulación y la limitación de la intervención estatal en la economía.
Las diferencias se trasladan a la política exterior. Lula ha defendido históricamente el fortalecimiento de los mecanismos multilaterales y de la integración sudamericana, mientras que Milei ha cuestionado aspectos del funcionamiento del MERCOSUR y ha reclamado una mayor flexibilidad para que los países miembros negocien acuerdos comerciales con terceros. Ambos gobiernos pueden coincidir en la conveniencia de ampliar mercados, pero difieren sobre el ritmo de apertura, el margen de negociación individual de cada Estado y la protección de determinados sectores productivos.
La disputa también ha adquirido un componente personal. En julio de 2026, la decisión de Milei de respaldar públicamente la candidatura de Flávio Bolsonaro en Brasil, acompañada de críticas e insultos contra Lula, agravó la crisis diplomática entre Buenos Aires y Brasilia. Brasil llamó a consultas a su embajador en Argentina, una medida que evidenció la gravedad del deterioro político. El episodio confirmó que la rivalidad entre ambos presidentes ya no se limita a diferencias ideológicas o comerciales: también afecta los canales diplomáticos que tradicionalmente han permitido administrar los desacuerdos entre los dos mayores socios del MERCOSUR.
¿Qué cambia para Milei dentro del MERCOSUR?
La proyección de una nueva victoria de Lula plantea a Milei un escenario regional complejo. El presidente argentino deberá relacionarse con un mandatario brasileño que, si se confirma el resultado, iniciará otro período de Gobierno con legitimidad electoral renovada. Esto no significa que Argentina vaya a quedar aislada ni que el MERCOSUR vaya a romperse, pero sí aumenta la importancia de la negociación diplomática para evitar que las disputas presidenciales bloqueen decisiones económicas de interés común.
Brasil es uno de los principales socios comerciales de Argentina y ambos países mantienen cadenas industriales integradas, especialmente en sectores como el automotor, la energía, los productos químicos y los bienes intermedios. La relación económica no depende exclusivamente de la afinidad entre sus presidentes. Empresas, trabajadores, gobiernos provinciales y sectores productivos necesitan que continúen funcionando los mecanismos de comercio, transporte y cooperación fronteriza.
El problema para Milei será conciliar su estrategia de apertura económica con las reglas comunes del bloque. El Gobierno argentino ha defendido la posibilidad de negociar con mayor rapidez acuerdos comerciales individuales y reducir barreras, mientras que Brasil ha sostenido una apertura más gradual y coordinada con los demás miembros. Estas diferencias pueden volver a aparecer en las reuniones del MERCOSUR, particularmente en las discusiones sobre aranceles, acuerdos externos y mecanismos de protección de las industrias nacionales.
La continuidad de Lula podría fortalecer la posición brasileña a favor de preservar la negociación conjunta del bloque, aunque el resultado dependerá también de Paraguay, Uruguay y Bolivia, de sus prioridades económicas y de los acuerdos que puedan alcanzarse. El MERCOSUR no es una estructura que un presidente pueda modificar unilateralmente en todos sus aspectos: las decisiones centrales requieren negociación entre los Estados miembros y, en muchos casos, procedimientos nacionales de aprobación. Por ello, el escenario más probable no puede describirse como una ruptura automática, sino como una etapa en la que la capacidad de negociar y administrar diferencias será decisiva.
La elección argentina de 2027 y el efecto de la política regional
La política brasileña también entra en el calendario de Milei por una razón electoral. Argentina celebrará elecciones presidenciales en 2027 y Milei podrá buscar la reelección inmediata conforme al marco constitucional argentino, que permite un segundo mandato consecutivo. La campaña todavía no ha llegado a su fase definitiva, pero las decisiones de política exterior y los alineamientos internacionales ya pueden adquirir una dimensión doméstica.
El presidente argentino ha utilizado sus diferencias con dirigentes de izquierda latinoamericanos para reforzar su identidad política y presentar su proyecto como parte de una corriente internacional favorable a la desregulación económica y a una mayor libertad de mercado. Su respaldo a Flávio Bolsonaro en Brasil también mostró que está dispuesto a intervenir de manera visible en disputas electorales de países vecinos. Sin embargo, no hay elementos suficientes para afirmar que ese posicionamiento determinará el resultado de la futura elección argentina: el voto de 2027 dependerá de la evolución de la economía, los salarios, el empleo, la inflación, la situación fiscal y la capacidad del Gobierno para sostener apoyo político interno.
Una eventual victoria de Lula podría convertirse en un punto de contraste para la campaña de Milei, especialmente si ambos gobiernos mantienen estrategias económicas diferentes. El mandatario argentino podría enfatizar su propuesta de apertura y reducción del Estado frente al modelo brasileño de políticas sociales y mayor intervención pública. Al mismo tiempo, la persistencia de tensiones diplomáticas podría generar costos para Argentina si afecta la cooperación comercial con su principal socio regional. La cuestión central será si Milei consigue separar la competencia política de la gestión de los intereses económicos compartidos o si la confrontación presidencial continúa trasladándose a las decisiones del bloque.
El desafío regional: competir políticamente sin paralizar la integración
La relación entre Lula y Milei será una de las variables políticas más relevantes para el futuro inmediato del MERCOSUR. Ambos presidentes representan modelos económicos distintos y mantienen una relación personal deteriorada, pero los vínculos entre Brasil y Argentina siguen siendo estratégicos para la producción, el empleo y el comercio de ambos países. Las empresas que operan a ambos lados de la frontera necesitan reglas previsibles, y los países miembros del bloque requieren acuerdos que permitan ampliar sus exportaciones y atraer inversiones.
Para Lula, una nueva victoria presidencial proyectada abre la oportunidad de consolidar su agenda regional, aunque deberá enfrentar restricciones fiscales, un Congreso brasileño con una presencia importante de fuerzas conservadoras y las dificultades de construir acuerdos políticos. Para Milei, el desafío será avanzar en sus objetivos económicos sin debilitar los vínculos comerciales que necesita Argentina y sin convertir cada desacuerdo con Brasil en una crisis institucional.
La campaña presidencial argentina de 2027 se desarrollará en un escenario en el que la relación con Brasil será difícil de ignorar. La política exterior, el MERCOSUR y la integración económica pueden convertirse en asuntos de debate electoral, pero sus consecuencias exceden la competencia entre los dos presidentes. La estabilidad del comercio regional, el acceso a mercados y la cooperación productiva afectan directamente a empresas y trabajadores de ambos países.
La trayectoria de Lula muestra cómo un líder surgido de las fábricas puede transformar una organización sindical en una fuerza política capaz de ganar repetidamente la Presidencia. Su posible cuarto mandato, sujeto a la confirmación oficial de los resultados, se produce en un momento de fuerte polarización regional. El futuro del MERCOSUR dependerá menos de la afinidad personal entre sus presidentes que de su capacidad para mantener abiertos los canales de diálogo, cumplir los compromisos comunes y encontrar soluciones a las diferencias comerciales. Para Milei, la etapa que comienza será una prueba de su capacidad para combinar la confrontación política con la gestión de una relación económica indispensable para Argentina.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, originario de Goiás, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur y Director General de Radio Mercosur. Es miembro de la Asociación Brasileña de Prensa (ABI) y desarrolla su trayectoria en el periodismo internacional, el Mercosur, la integración regional, la geopolítica y los derechos humanos. Cuenta con un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y un Doctorado Honoris Causa.
También fue Director General del Comité Paraguay de la Cámara de Industria y Comercio del Mercosur y las Américas. Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México, recibido en 2021, y el reconocimiento como Amigo de la Niñez y la Adolescencia otorgado por Plan International Paraguay.
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