El relato comenzó el 1 de mayo de 1987 en El Peñascal, en La Chorrera, y terminó convirtiendo a un agente de policía en uno de los personajes más singulares de la historia ufológica de Panamá. Décadas después, su testimonio continúa circulando y conserva episodios tan llamativos como el supuesto interés de Manuel Antonio Noriega.
La tarde del 1 de mayo de 1987 cambió la vida de Máximo Camargo. Tenía 49 años, era policía y se encontraba en El Peñascal, un sector entonces semimontañoso de La Chorrera, cuando, según contó después, vivió un encuentro que no pudo explicar en términos convencionales. Camargo sostuvo que vio una nave y seres de apariencia humana que flotaban en lugar de caminar, y aseguró que llegó a entrar en aquella supuesta nave antes de regresar a tierra. Su historia atravesó rápidamente las fronteras de Panamá y terminó asociada incluso a Manuel Antonio Noriega, el hombre fuerte del país en aquellos años. Lo comprobable es la existencia del testimonio y su repercusión pública; no existe evidencia verificable que permita establecer que la supuesta abducción extraterrestre ocurrió realmente.
Una tarde de 1987 convirtió a Máximo Camargo en un personaje conocido
Camargo no era una figura pública antes de aquel episodio. Una información publicada en 2012, basada también en los recuerdos de su esposa, Leonicia Frías, lo describe como un policía que durante la década de los ochenta llevaba una vida alejada de la notoriedad. Todo cambió cuando empezó a contar lo sucedido aquella tarde de mayo.
Su versión situaba el comienzo del encuentro en El Peñascal, dentro del corregimiento de Barrio Balboa de La Chorrera. Según relató a su familia y posteriormente en entrevistas, allí apareció un ser que no parecía humano. Camargo decía que aquella figura no caminaba sobre el terreno, sino que se desplazaba flotando. Después habría sido conducido hasta una nave y finalmente devuelto al mismo lugar.
Con los años, el relato incorporó numerosos detalles. Camargo describía una nave gris con luces de distintos colores y sostenía que uno de los seres le había hablado y tocado la cabeza. En otras versiones de su testimonio habló de individuos con cabellos dorados hasta los hombros, vestidos con largas túnicas. También aseguraba haber sido examinado y haber recibido una bebida a la que atribuía la capacidad de proporcionarle conocimiento.
No se trató, además, de una historia que Camargo presentara como un único encuentro. Con el paso del tiempo afirmó haber realizado numerosos viajes y sostuvo que sus supuestos contactos continuaron. Una publicación reciente que recuperó el caso recoge que llegó a hablar de cerca de 57 viajes. Esa cifra forma parte exclusivamente de su relato y no cuenta con una comprobación independiente.
Su experiencia terminó siendo presentada públicamente como el caso del primer panameño que había mantenido un supuesto contacto con seres extraterrestres. La historia adquirió suficiente notoriedad para que Camargo recibiera invitaciones para hablar fuera de Panamá. Fuentes periodísticas panameñas recogen que participó en conferencias y que su nombre llegó a conocerse en países como España, Bolivia, Venezuela y Estados Unidos.
Aquella fama tuvo otra cara. Su esposa recordó años después que la familia sufrió burlas y que en el vecindario los llamaban con expresiones relacionadas con extraterrestres y platillos voladores. Camargo, sin embargo, mantuvo durante años la misma versión sobre aquello que aseguraba haber vivido.
La historia llegó incluso a investigadores y divulgadores especializados en misterios. Tras la muerte de Camargo, una crónica recordó que el escritor español J. J. Benítez llegó a visitarlo, una muestra del recorrido que había alcanzado fuera del entorno local un episodio iniciado en un área rural de La Chorrera.
De los supuestos mensajes extraterrestres al interés atribuido a Noriega
El relato de Camargo fue creciendo porque no se limitaba a describir una nave o a sus ocupantes. El policía decía haber recibido mensajes y advertencias destinados a la humanidad. En grabaciones recuperadas años después aparece explicando que tenía la misión de dirigirse a líderes de distintos países para transmitirles la necesidad de unirse y prepararse ante acontecimientos futuros.
Algunas de las predicciones atribuidas a aquellos contactos resultan especialmente reveladoras al revisarlas con el paso del tiempo. Entre ellas figuraban un periodo de 48 horas de oscuridad relacionado con un fenómeno solar en el año 2000, una gran hambruna en 2020 y la aparición en 2023 de un astro de enormes dimensiones que alteraría la órbita terrestre. Ninguno de esos acontecimientos se produjo en los términos anunciados.
Precisamente las profecías constituyen uno de los capítulos que conectan la historia de Camargo con la política panameña de la época. Su esposa aseguró en una entrevista que Manuel Antonio Noriega llegó a mandar a buscarlo para que le predijera su futuro. Una crónica de 2010 recoge expresamente ese recuerdo familiar.
La afirmación sobre aquella reunión debe manejarse con cautela: está sustentada en testimonios posteriores del entorno de Camargo, no en documentación oficial conocida que permita reconstruir qué ocurrió, cuándo tuvo lugar el contacto o qué pudo decirse durante el mismo.
El contexto, sin embargo, ayuda a entender por qué la anécdota sobrevivió durante décadas. Después de la invasión estadounidense de Panamá de diciembre de 1989 aparecieron informaciones sobre objetos y materiales vinculados a prácticas rituales en lugares frecuentados por Noriega. En enero de 1990, el Pentágono informó incluso de que una sustancia inicialmente confundida con cocaína en una vivienda asociada al exgeneral era en realidad un material empleado en rituales de vudú. Las historias sobre el interés de Noriega por prácticas esotéricas formaron parte desde entonces de su imagen pública, aunque algunas informaciones de aquellos días estuvieron rodeadas también de propaganda y exageraciones.
Hay otro episodio todavía más difícil de precisar. Una publicación de 2026 señala que durante el gobierno de Ernesto Pérez Balladares, entre 1994 y 1999, agentes del Servicio de Protección Institucional fueron a buscar a Camargo a su domicilio para llevarlo a la Presidencia. Una crónica publicada tras la muerte del chorrerano también recuerda que agentes del SPI fueron enviados a localizarlo, aunque el propio autor señalaba que desconocía con certeza el motivo.
La falta de documentación disponible obliga a separar esos episodios de los hechos que sí pueden establecerse: Camargo existió, fue policía, hizo público su relato en 1987, alcanzó notoriedad dentro y fuera de Panamá y mantuvo durante décadas que sus experiencias habían sido reales.
La historia sobrevivió a Camargo y todavía forma parte de la memoria de La Chorrera
El paso del tiempo no borró el caso. En 2010, cuando habían transcurrido 23 años desde aquel 1 de mayo, Camargo seguía siendo recordado por su supuesto viaje en un OVNI. Para entonces su estado de salud había cambiado drásticamente. Había sufrido un derrame en agosto de 2008 que le impedía hablar y requería ayuda para realizar actividades cotidianas. Se comunicaba mediante señas que interpretaba su esposa.
Dos años más tarde, cuando tenía 74 años, una nueva visita periodística constató que la historia continuaba acompañándolo. Seguía viviendo en La Chorrera y dependiendo de su pensión como policía, mientras su familia afrontaba las consecuencias de su delicado estado de salud.
Máximo Camargo murió en noviembre de 2019. Su fallecimiento volvió a colocar su nombre en la prensa panameña y recuperó un relato que ya llevaba más de tres décadas instalado en el imaginario popular.
La historia ha seguido circulando después de su muerte. En octubre de 2020, el programa Pananormal Podcast dedicó su primer episodio íntegramente al caso bajo el título “Máximo Camargo, el primer abducido panameño”. El programa, de unos 50 minutos, recuperó el personaje y su experiencia para una nueva generación que no había vivido la repercusión mediática de finales de los ochenta.
También volvió a aparecer en la conversación pública en 2023, coincidiendo con un renovado interés internacional por los objetos voladores no identificados. Una publicación panameña recordó entonces las predicciones de Camargo y el relato que el propio chorrerano había contado años antes sobre tres personajes de color dorado y sus supuestos viajes con ellos.
Incluso la geografía de El Peñascal ofrece hoy una curiosidad relacionada, al menos popularmente, con aquella historia. En los mapas aparecen vías denominadas Calle Venus, Calle Mercurio, Calle Saturno y Calle Neptuno. Una publicación de 2026 presentó esos nombres como una suerte de recordatorio local del episodio de Camargo, aunque no hay documentación pública localizada que permita afirmar que las calles fueran bautizadas oficialmente en homenaje a su supuesto encuentro extraterrestre.
Esa diferencia es importante para entender el caso casi cuatro décadas después. No hay pruebas verificables de una nave nodriza aterrizando en El Peñascal, de seres de cabello dorado flotando sobre el terreno ni de los viajes espaciales que Camargo decía haber realizado. Lo que sí está documentado es el extraordinario recorrido social de su testimonio.
Un policía de La Chorrera contó en 1987 que había entrado en contacto con seres no humanos. La historia llegó a periódicos, programas de radio, conferencias internacionales y publicaciones especializadas; provocó burlas hacia su familia, despertó el interés de investigadores y quedó vinculada a una anécdota sobre uno de los personajes políticos más controvertidos de la historia panameña. Más de treinta años después de aquella tarde en El Peñascal, Máximo Camargo continúa siendo una referencia inevitable cuando en Panamá se habla de ovnis, abducciones y supuestos encuentros con seres de otros mundos.
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ACERCA DEL CORRESPONSAL
JOSé MANUEL GARCíA BAUTISTA
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