El comisario europeo de Comercio, Maroš Šefčovič, defendió este 11 de agosto de 2026 el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur y afirmó que la Comisión Europea mantiene la expectativa de que la reducción de aranceles termine traduciéndose en menores precios para los consumidores europeos. Sin embargo, su declaración incorpora una importante advertencia: Bruselas no ha calculado cuánto de esos beneficios quedará efectivamente en manos del consumidor, porque la transmisión de los precios a lo largo de la cadena agroalimentaria depende de factores como la estructura del mercado, los costos, los contratos y los márgenes de intermediación. La discusión adquiere especial relevancia ahora que el Acuerdo Comercial Interino UE-Mercosur se aplica provisionalmente desde el 1 de mayo de 2026 y comienza a poner a prueba, en el mercado real, las promesas económicas que durante años acompañaron las negociaciones.
La declaración de Šefčovič se produjo en respuesta a una pregunta parlamentaria formulada desde sectores críticos del acuerdo. El comisario rechazó la idea de que el pacto esté diseñado para perjudicar a los consumidores o a los productores europeos y sostuvo que la eliminación progresiva de aranceles debería contribuir a hacer más eficiente el comercio entre ambas regiones.
La cuestión central, sin embargo, no es solamente cuánto bajan los aranceles, sino quién termina capturando el beneficio económico generado por esa reducción. Si un producto llega a Europa con menores costos de importación, el precio final podría disminuir, pero también puede ocurrir que parte de ese ahorro sea absorbido por importadores, distribuidores, supermercados u otros intermediarios.
El propio Šefčovič reconoció que la Comisión Europea no ha cuantificado específicamente cómo se distribuirán las ganancias a lo largo de la cadena de suministro. Bruselas considera que esa transmisión depende de múltiples variables y que no existe una fórmula automática mediante la cual una reducción arancelaria se convierta en una reducción equivalente del precio en el supermercado.
El acuerdo ya dejó de ser solamente una promesa
Durante más de 25 años, el acuerdo UE-Mercosur fue objeto de negociaciones, controversias políticas y fuertes presiones de sectores agrícolas europeos y sudamericanos. El entendimiento político se alcanzó finalmente el 6 de diciembre de 2024, y la Unión Europea y los cuatro países fundadores del Mercosur —Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— firmaron el Acuerdo de Asociación y el Acuerdo Comercial Interino el 17 de enero de 2026.
El cambio decisivo ocurrió el 1 de mayo de 2026, cuando el acuerdo comercial interino comenzó a aplicarse provisionalmente. Esto significa que el debate ya no se encuentra exclusivamente en el terreno de las proyecciones económicas: empresas, productores, importadores y consumidores comenzaron a operar bajo las nuevas reglas comerciales.
La aplicación provisional tampoco significa que todo el acuerdo de asociación esté definitivamente ratificado. El instrumento comercial interino deberá ser sustituido por el acuerdo de asociación una vez completados los procedimientos institucionales correspondientes. El acuerdo de asociación requiere, entre otros pasos, el consentimiento del Parlamento Europeo y la ratificación de los Estados miembros de la UE.
Esto convierte a los próximos meses en una etapa particularmente importante: será posible comenzar a comparar las expectativas económicas con los resultados reales.
¿Dónde podrían aparecer las reducciones de precios?
El mecanismo es relativamente sencillo en teoría. Si un producto procedente del Mercosur paga menos arancel para ingresar al mercado europeo, disminuye uno de los componentes de su costo de importación. Si los demás costos permanecen estables y existe competencia suficiente, los importadores pueden trasladar una parte de ese ahorro al precio final.
Pero existen otros componentes.
Entre ellos aparecen transporte, seguros, almacenamiento, distribución, financiación, energía, salarios, costos logísticos y márgenes comerciales. Por eso, una reducción arancelaria de determinado porcentaje no significa necesariamente que el consumidor encuentre ese mismo porcentaje de reducción en el supermercado.
Además, los mercados europeos no funcionan de manera idéntica. La concentración empresarial, la competencia entre distribuidores y las características de cada producto pueden determinar cuánto del ahorro termina trasladándose al consumidor.
Ese es precisamente el punto que Šefčovič dejó abierto: Bruselas espera una reducción de precios, pero no puede garantizar de antemano cuánto será ni en qué productos será más visible.
La otra cara: los productores europeos
El argumento de los precios más bajos genera una tensión inevitable con otro objetivo de la política comercial europea: proteger a los agricultores comunitarios frente a un aumento excesivo de las importaciones.
Šefčovič sostuvo que el acuerdo no está diseñado para desestabilizar a los productores europeos y recordó que la liberalización arancelaria de productos agrícolas considerados sensibles está limitada a volúmenes específicos.
La Comisión Europea, por ejemplo, establece para la carne bovina un contingente de 99.000 toneladas procedentes del Mercosur con un arancel preferencial del 7,5 %. Según la propia Comisión, esa cantidad equivale aproximadamente al 1,5 % de la producción total de carne bovina de la Unión Europea.
En el caso de la carne aviar, el acuerdo contempla un contingente de 180.000 toneladas libres de arancel, incorporado progresivamente durante cinco años. Esa cantidad representa alrededor del 1,3 % de la producción europea.
La estrategia de Bruselas consiste, por tanto, en combinar apertura comercial con límites cuantitativos para determinados productos sensibles.
Europa también necesita materias primas del Mercosur
El debate sobre precios alimentarios puede ocultar otra dimensión estratégica del acuerdo.
La Unión Europea no solamente compra alimentos al Mercosur. También necesita materias primas y recursos estratégicos procedentes de Sudamérica, especialmente en un contexto internacional marcado por las tensiones geopolíticas y la competencia global por minerales y componentes necesarios para las nuevas industrias.
La Comisión Europea destaca que la reducción de aranceles sobre materias primas críticas puede disminuir costos para las empresas europeas y contribuir a diversificar las fuentes de abastecimiento. La lógica es que una mayor variedad de proveedores reduce la dependencia de determinados países y hace más resistentes las cadenas de suministro frente a interrupciones.
Este aspecto convierte al acuerdo en algo más que un tratado agrícola. También forma parte de la estrategia europea para fortalecer su seguridad económica, autonomía industrial y diversificación comercial.
El sector automotor ya empezó a sentir los cambios
Uno de los sectores donde los efectos arancelarios pueden observarse con mayor claridad es el automotor.
La Comisión Europea informa que, desde la aplicación provisional, los aranceles sobre determinados vehículos eléctricos e híbridos europeos exportados al Mercosur bajaron inmediatamente del 35 % al 25 %. Para los vehículos con motores de combustión interna, los derechos se reducen del 35 % al 17,5 %.
En paralelo, los aranceles sobre determinadas piezas y componentes comenzarán un proceso gradual de eliminación que abarcará aproximadamente el 90 % de las exportaciones europeas de autopartes, con un período de desmantelamiento de hasta diez años.
Esto puede favorecer a fabricantes europeos que buscan aumentar su participación en mercados como Brasil y Argentina, pero también introduce nuevas presiones competitivas para las industrias sudamericanas.
El efecto final dependerá de si las empresas utilizan la reducción de costos para bajar precios, ampliar producción, aumentar márgenes, invertir o ganar participación de mercado.
Las máquinas europeas también tendrán menores barreras
La industria europea puede obtener beneficios similares en maquinaria y electrodomésticos.
Actualmente, determinados productos europeos de maquinaria y aparatos enfrentan aranceles de entre 14 % y 20 % en los mercados del Mercosur. El acuerdo contempla su reducción progresiva y la eliminación de aranceles para aproximadamente 93 % de las exportaciones europeas de estos productos, generalmente durante un período de diez años.
Para el Mercosur, esto puede significar acceso a tecnología y bienes de capital a menores costos. Para las empresas europeas, representa una oportunidad para aumentar sus exportaciones hacia un mercado de más de 260 millones de habitantes.
Aquí aparece una de las principales diferencias entre el impacto inmediato y el impacto de largo plazo: algunos beneficios serán visibles desde 2026, mientras otros dependerán de una reducción arancelaria gradual durante varios años.
El acuerdo también tiene un mecanismo de protección
La apertura comercial no quedó completamente desprovista de mecanismos defensivos.
La Unión Europea aprobó en marzo de 2026 una regulación específica para aplicar cláusulas de salvaguardia destinadas a proteger a los productores europeos frente a aumentos bruscos de las importaciones procedentes del Mercosur.
Las reglas permiten iniciar investigaciones cuando determinados indicadores muestran señales de perjuicio grave o amenaza de perjuicio para los productores europeos. En determinadas circunstancias, la Comisión puede suspender temporalmente las preferencias arancelarias.
El sistema intenta responder a una de las principales críticas de los agricultores europeos: que la apertura comercial podría generar una entrada repentina de productos sudamericanos a precios inferiores a los europeos.
La existencia de estas salvaguardias muestra que Bruselas intenta mantener un equilibrio entre dos objetivos que pueden entrar en conflicto: abaratar el comercio y proteger sectores considerados estratégicos o vulnerables.
¿Y qué significa para el Mercosur?
Para Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, el acuerdo abre una oportunidad de ampliar y diversificar las exportaciones hacia uno de los mayores mercados del mundo.
El comercio de bienes entre la UE y los cuatro países fundadores del Mercosur ya alcanzó en 2025 aproximadamente 53.300 millones de euros en exportaciones europeas hacia el bloque sudamericano, mientras que las exportaciones del Mercosur hacia la UE llegaron a 56.100 millones de euros.
La estructura comercial, sin embargo, es diferente a ambos lados del Atlántico. Los productos agrícolas representan una parte muy importante de las exportaciones del Mercosur hacia Europa, mientras que la Unión Europea vende principalmente maquinaria, productos químicos y farmacéuticos y equipamiento de transporte.
Por eso, el desafío para Sudamérica será evitar que el acuerdo se limite a aumentar las exportaciones de materias primas y alimentos. La verdadera oportunidad estratégica está en utilizar el acceso al mercado europeo para impulsar industrialización, transformación de alimentos, tecnología, servicios y productos de mayor valor agregado.
Antes, ahora y después
Antes del acuerdo, las relaciones comerciales entre Europa y Mercosur estaban condicionadas por aranceles elevados y barreras comerciales que durante décadas limitaron el crecimiento del intercambio.
Ahora, con la aplicación provisional desde el 1 de mayo de 2026, comenzó una etapa completamente diferente. Las empresas pueden aprovechar nuevas preferencias arancelarias y los gobiernos pueden comenzar a medir sus efectos reales.
Después llegará la prueba más difícil: determinar si las ventajas comerciales terminan convirtiéndose efectivamente en menores precios, más inversiones, mayores exportaciones, mejores salarios y mayor competitividad.
Y aquí aparece la cuestión central planteada por Šefčovič. La Comisión Europea puede eliminar aranceles y establecer reglas comerciales, pero no controla directamente el precio final que una empresa cobra al consumidor.
Si los costos de importación disminuyen, pero los intermediarios mantienen o aumentan sus márgenes, el consumidor podría recibir solo una pequeña parte del beneficio. Si, en cambio, existe fuerte competencia entre importadores y distribuidores, la reducción de costos podría trasladarse con mayor rapidez a los precios.
Una batalla económica que recién comienza
La declaración de Šefčovič representa, en definitiva, una defensa política y económica de uno de los acuerdos comerciales más importantes firmados por Europa en décadas. Pero también deja expuesto el principal desafío de la etapa actual: pasar de las promesas del tratado a resultados verificables en la economía real.
Europa espera obtener productos y materias primas a costos más competitivos, mientras el Mercosur busca ampliar su acceso a un mercado de alto poder adquisitivo. Los consumidores europeos esperan que una parte de esos beneficios llegue a los supermercados; los agricultores exigen que la apertura no destruya su competitividad; y las empresas de ambos bloques buscan aprovechar nuevas oportunidades.
El acuerdo, por lo tanto, no tendrá un único ganador ni producirá sus efectos de la misma manera en todos los sectores.
La verdadera medición comenzará ahora, con los datos de comercio, precios, inversiones y producción que surjan durante los próximos meses y años. Si la reducción arancelaria se transforma en menores costos y mayor competencia, la promesa de Šefčovič podría materializarse. Si los beneficios quedan atrapados en algún punto de la cadena de suministro, el consumidor europeo podría no percibir la diferencia.
En paralelo, para el Mercosur la cuestión será todavía más estratégica: aprovechar la apertura europea no solamente para vender más productos, sino para producir más, industrializar más y ocupar una posición de mayor valor dentro de las cadenas globales de suministro. Esa será, finalmente, la verdadera prueba del acuerdo que comenzó a aplicarse el 1 de mayo.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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