
Las redes del crimen organizado transnacional operan cada vez más a través de cadenas logísticas, financieras y comerciales que atraviesan múltiples países y jurisdicciones. Ante esta realidad, Brasil y Estados Unidos, que mantienen una cooperación de larga data contra el crimen transnacional, han profundizado el intercambio de inteligencia, el análisis de riesgo y la coordinación operativa para anticipar amenazas y fortalecer la capacidad de respuesta a ambos lados de la frontera.
Como parte de estos esfuerzos, en abril Brasil y Estados Unidos lanzaron el Mutual Interdiction Team (MIT), un mecanismo de cooperación entre la Receita Federal de Brasil (RFB), la autoridad tributaria y aduanera brasileña, y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos (CBP). La iniciativa busca integrar esfuerzos de inteligencia y acciones coordinadas para identificar e interceptar envíos ilícitos de armas y drogas, fortaleciendo el intercambio de información y el análisis de riesgo entre ambos países.
Mediante el intercambio de información sobre cargas, rutas, operadores y otros indicadores de riesgo, las autoridades pueden identificar patrones sospechosos, relacionar envíos aparentemente independientes y orientar las inspecciones hacia cargas de mayor riesgo. El objetivo no es únicamente interceptar un cargamento ilícito, sino contribuir a identificar las organizaciones que lo financian, movilizan y conectan con rutas internacionales.
Según Roberto Uchôa, especialista en seguridad pública y miembro del Consejo Ejecutivo del Foro Brasileño de Seguridad Pública (FBSP), este enfoque reduce la ventaja de las organizaciones criminales. “Sin un flujo continuo de datos internacionales, los controles se vuelven ciegos y puramente reactivos. La gestión y la interoperabilidad de los datos entre los países son indispensables porque eliminan la ventaja logística del crimen”, declaró a Diálogo.
De la inteligencia compartida a la acción coordinada
Una de las primeras operaciones que puso de relieve el intercambio de inteligencia entre Brasil y socios internacionales fue la Operación Timber Shield, realizada a finales de junio por la Receita Federal con participación de la Policía Federal, el Ejército Brasileño y autoridades de Estados Unidos, Bolivia y Chile.
La operación surgió a partir de información compartida entre los países que indicaban la posible presencia de estupefacientes en un cargamento de madera procedente de Bolivia. A partir de esas alertas, las autoridades brasileñas reforzaron los controles sobre la carga y retuvieron ocho camiones que transportaban aproximadamente 260 toneladas de madera en zonas fronterizas de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul.
La sospecha apuntaba a un método de ocultamiento particularmente difícil de detectar: la posible incorporación de cocaína u otras sustancias a la propia madera. Durante las inspecciones iniciales, pruebas preliminares realizadas por autoridades brasileñas y bolivianas indicaron la posible presencia de estupefacientes, lo que llevó a la activación de procedimientos adicionales de fiscalización, investigación y análisis pericial.
El caso se produjo poco después de que las autoridades chilenas anunciaran una operación contra otro cargamento de madera procedente de Bolivia. En junio, el Servicio Nacional de Aduanas de Chile informó la incautación de más de 1080 toneladas de madera contaminada con sustancias ilícitas en 45 contenedores. Según las autoridades chilenas, aproximadamente 100 toneladas correspondían a drogas, principalmente clorhidrato de cocaína y ketamina.
“Esta operación demostró el nivel de madurez alcanzado por la arquitectura de inteligencia interconectada entre los países. El aspecto más positivo fue la capacidad de respuesta inmediata y de coordinación transfronteriza para identificar e interceptar una carga compleja antes de que ingresara al mercado”, afirmó Uchôa.
Los análisis periciales posteriores realizados por la Policía Federal brasileña no confirmaron la presencia de estupefacientes en las muestras examinadas. “Desde el punto de vista institucional y analítico, esto demuestra el rigor y la importancia del debido proceso científico pericial, que evita falsos positivos y, al mismo tiempo, consolida un canal permanente de intercambio de datos internacionales”, dijo Uchôa. Según el experto, “el conocimiento adquirido permitirá perfeccionar los mecanismos de alerta operativa, evitando retrasos logísticos innecesarios para el comercio legítimo”.
Datos, tecnología y análisis de riesgo: la nueva frontera de la cooperación
Si Timber Shield mostró tanto el potencial como la necesidad de verificar rigurosamente la inteligencia compartida, el cambio introducido por el MIT radica principalmente en la construcción de mecanismos permanentes para identificar patrones y riesgos a lo largo de las cadenas logísticas internacionales.
Una de las principales herramientas de este sistema es Desarma, una plataforma digital de la Receita Federal dedicada al rastreo internacional de armas, municiones, piezas, componentes, explosivos y otros materiales sensibles.
El programa permite el intercambio estructurado y en tiempo real de información cuando las autoridades brasileñas y estadounidenses identifican materiales vinculados al otro país. Los registros pueden incluir el tipo de material, el origen declarado, información logística de la carga, número de serie u otros identificadores, así como datos sobre exportadores, remitentes y otros operadores involucrados.
La información consolidada permite identificar patrones, conexiones entre remitentes y destinatarios y ruta recurrentes, facilitando el intercambio de alertas y el mapeo de redes internacionales de tráfico de armas.
Un ejemplo de este enfoque fue la incautación, en mayo de 2026, de componentes de armas ocultos en envíos internacionales en el aeropuerto de Viracopos, en Campinas, estado de San Pablo. Gracias a la inteligencia compartida, los investigadores no se limitaron a interceptar el material, sino que lograron reconstruir toda la cadena logística hasta llegar a los destinatarios finales, demostrando que la cooperación permite golpear a las organizaciones responsables del tráfico y no únicamente al cargamento ilícito.
En este contexto, las aduanas ya no cumplen únicamente una función de inspección de mercancías de entrada y salida, sino que también se convierten en nodos de una red de análisis de riesgo. Cada envío sospechoso contribuye así a alimentar un patrimonio común de información, fundamental para identificar vínculos entre organizaciones criminales que operan a escala transnacional y anticipar sus actividades.
A esta capacidad se suma el “remote targeting”, que permite analizar información e imágenes de cargas antes de su llegada al país de destino. Mediante el intercambio de imágenes de escáneres, información aduanera y otros indicadores de riesgo, las autoridades pueden evaluar anticipadamente determinadas cargas y orientar los recursos de inspección hacia los envíos considerados de mayor riesgo.
De este modo, el control aduanero se convierte cada vez más en un proceso continuo de análisis de riesgo que comienza antes de que la carga llegue a la frontera. Para las autoridades de seguridad y control fronterizo, esta capacidad puede mejorar la selección de objetivos, facilitar la coordinación entre países y reducir el impacto de las inspecciones sobre el comercio legítimo.
Según Uchôa, esta evolución también exige nuevas capacidades profesionales. “Se requiere especialización en inteligencia financiera, química forense y capacitación continua que permita a los operadores interpretar redes logísticas complejas y sofisticadas alteraciones químicas incluso antes de la inspección física”.
En un hemisferio donde las organizaciones criminales utilizan las mismas cadenas comerciales y rutas internacionales para traficar drogas, armas y precursores químicos y mover recursos ilícitos, la cooperación entre Brasil y Estados Unidos ofrece un ejemplo de cómo el intercambio de información aduanera, el análisis de riesgo y la coordinación operativa pueden fortalecer la respuesta frente al crimen organizado transnacional.
Para los países de la región, la experiencia también pone de relieve un desafío común: desarrollar sistemas interoperables que permitan compartir información con rapidez, verificarla con rigor y convertirla en acciones coordinadas contra redes criminales que operan a través de múltiples jurisdicciones.
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