Una pareja de familiares, de 33 y 38 años, fue acusada por el Ministerio Público de Paraguay por el presunto delito de apropiación de G. 170 millones que una paraguaya residente en Suiza había enviado a Ciudad del Este para comprar un terreno y construir una vivienda a su nombre. La investigación sostiene que los acusados, que eran familiares de la denunciante, recibieron entre febrero de 2023 y junio de 2025 transferencias que totalizaron G. 541 millones, aunque solo G. 170 millones estaban específicamente destinados a la adquisición del inmueble y la construcción de la casa. Según la Fiscalía, durante más de dos años la mujer recibió información y fotografías que le hacían creer que el terreno había sido adquirido y que la construcción avanzaba, hasta que en junio de 2025 solicitó que el supuesto inmueble fuera transferido a su nombre y descubrió que nunca había sido comprado y que la vivienda tampoco existía. La fiscala Vivian Andrea Coronel presentó acusación y solicitó que la causa sea elevada a juicio oral.
El caso comenzó con un proyecto familiar que, al menos inicialmente, tenía un objetivo concreto: permitir que una paraguaya que residía en Suiza pudiera disponer de una vivienda propia en Ciudad del Este. Para alcanzar ese propósito, la denunciante comenzó a enviar dinero de manera periódica a sus familiares que permanecían en Paraguay, confiando en que ellos se ocuparían de realizar las gestiones necesarias para adquirir el terreno y posteriormente levantar la construcción.
Las transferencias se realizaron durante un período prolongado, entre febrero de 2023 y junio de 2025. De acuerdo con los informes bancarios incorporados a la investigación, el dinero recibido por la pareja alcanzó G. 541 millones, una cifra considerablemente superior a los G. 170 millones que, según la acusación, estaban destinados específicamente al proyecto inmobiliario. La Fiscalía distingue entre ese monto y el dinero restante, que habría sido enviado como ayuda económica familiar voluntaria.
La diferencia entre ambos montos resulta importante para entender la acusación. No se sostiene que los G. 541 millones hayan tenido necesariamente el mismo destino. La investigación apunta específicamente a que G. 170 millones tenían una finalidad determinada: comprar el inmueble y construir la vivienda. El resto habría correspondido a transferencias realizadas por la denunciante para ayudar económicamente a sus familiares.
La confianza familiar detrás de las transferencias
El elemento central del caso es la relación de confianza existente entre las personas involucradas. Los acusados no serían desconocidos para la denunciante, sino familiares directos, circunstancia que habría facilitado que durante un período prolongado la mujer confiara en la información que recibía desde Paraguay.
Según la acusación, los familiares le comunicaban que el proceso de adquisición del terreno estaba avanzando y posteriormente que la construcción de la vivienda ya había comenzado. Para respaldar esa versión, supuestamente enviaban fotografías de una construcción que no correspondía al inmueble que la mujer pretendía adquirir.
La utilización de imágenes habría permitido mantener durante meses la apariencia de que el proyecto avanzaba. Para una persona que residía en otro país, la distancia geográfica hacía mucho más difícil comprobar personalmente el estado del terreno o verificar si las obras realmente correspondían a una propiedad adquirida a su nombre.
El caso muestra así una modalidad de engaño especialmente delicada: no se habría construido la confianza a partir de una relación comercial entre desconocidos, sino mediante vínculos familiares y la administración de dinero destinado a cumplir un proyecto personal.
El momento en que la versión comenzó a derrumbarse
La situación cambió en junio de 2025, cuando la denunciante pidió que el inmueble supuestamente adquirido fuera transferido a su nombre.
Fue entonces cuando, según la investigación, descubrió que el terreno nunca había sido comprado y que tampoco existía la vivienda cuya construcción le habían mostrado mediante fotografías. La mujer reclamó la devolución del dinero destinado al proyecto, pero no habría obtenido una respuesta satisfactoria.
Ese momento resulta fundamental para la investigación porque transforma una relación económica aparentemente familiar en un conflicto con posibles consecuencias penales. La Fiscalía debió determinar no solamente cuánto dinero había sido enviado, sino también para qué había sido entregado, qué instrucciones habían recibido los familiares y qué ocurrió posteriormente con esos fondos.
A partir de la denuncia comenzó una investigación que permitió reconstruir las transferencias realizadas durante más de dos años.
La Fiscalía reunió documentación bancaria y conversaciones
La acusación presentada por la fiscala Vivian Andrea Coronel no se basaría únicamente en el relato de la denunciante. El Ministerio Público incorporó distintos elementos destinados a reconstruir el recorrido del dinero y las comunicaciones mantenidas entre las partes.
Entre las evidencias mencionadas figuran comprobantes de transferencias, informes bancarios, conversaciones de WhatsApp, documentos notariales, informes de empresas de remesas y declaraciones testimoniales. La combinación de estos elementos permitirá al Ministerio Público intentar demostrar ante un tribunal cuál era el destino acordado para los fondos y qué hicieron posteriormente los acusados.
Los registros bancarios tienen particular importancia porque permiten establecer fechas, montos y destinatarios de las transferencias. En un caso de estas características, reconstruir la secuencia cronológica resulta esencial: cuándo se recibió cada suma, qué explicación se dio a la remitente y en qué momento comenzó a cuestionarse la existencia del supuesto inmueble.
Las conversaciones digitales también pueden adquirir relevancia si permiten demostrar qué información proporcionaban los acusados sobre la supuesta compra y construcción.
De una promesa inmobiliaria a una acusación penal
El caso también permite observar la diferencia entre un incumplimiento económico y un posible delito de apropiación.
No todo conflicto relacionado con dinero constituye automáticamente un delito. Para que una investigación llegue a una acusación penal, el Ministerio Público debe sostener que existen elementos suficientes para considerar que los fondos fueron recibidos con una finalidad determinada y posteriormente retenidos, utilizados o desviados de una manera incompatible con el encargo recibido.
En este expediente, la Fiscalía considera que existen elementos suficientes para presentar acusación contra la pareja por el hecho punible de apropiación. La acusación representa una posición del Ministerio Público y no una condena: corresponderá a la Justicia determinar, durante las siguientes etapas procesales, si los hechos pueden ser demostrados y si los acusados son penalmente responsables.
Por ello, los dos investigados mantienen todas las garantías procesales correspondientes y deberán tener la posibilidad de ejercer su defensa frente a las pruebas presentadas por la Fiscalía.
Un proyecto que nunca pasó del papel
La particularidad del caso es que el objetivo del dinero no era abstracto. Se trataba de un proyecto perfectamente identificable: un terreno y una casa en Ciudad del Este.
La denunciante, residente en Suiza, habría enviado dinero durante más de dos años precisamente porque esperaba transformar esas transferencias en un patrimonio propio en Paraguay. La distancia entre ambos países convirtió el seguimiento del proyecto en una cuestión de confianza.
El hecho de que la supuesta construcción pudiera ser presentada mediante fotografías habría permitido mantener esa expectativa durante un período prolongado. Sin embargo, cuando llegó el momento de formalizar la transferencia del inmueble, la ausencia del terreno adquirido habría revelado que la operación no se había realizado.
En términos económicos, el perjuicio no se limita al valor nominal de los G. 170 millones. También incluye el tiempo durante el cual la víctima creyó estar construyendo un patrimonio y las oportunidades que perdió al destinar ese dinero a un proyecto que, según la acusación, nunca se concretó.
Ciudad del Este y las operaciones inmobiliarias familiares
El caso también llama la atención sobre los riesgos que enfrentan quienes viven en el extranjero y envían dinero a familiares para realizar inversiones o adquirir propiedades en Paraguay.
Las remesas internacionales cumplen un papel importante en numerosas familias paraguayas. El dinero enviado desde países europeos, Estados Unidos y otras naciones suele destinarse a construcción de viviendas, compra de terrenos, educación, salud, emprendimientos y asistencia familiar.
La mayoría de estas operaciones se desarrolla dentro de relaciones de confianza. Sin embargo, esa misma confianza puede convertirse en una vulnerabilidad cuando la persona que envía el dinero no tiene mecanismos independientes para verificar que los fondos están siendo utilizados de acuerdo con las instrucciones recibidas.
El expediente de Ciudad del Este muestra precisamente la importancia de conservar comprobantes bancarios, contratos, documentos notariales, registros de propiedad y comunicaciones cuando se envía dinero para una operación inmobiliaria.
El antes, el ahora y lo que viene
Antes de que surgiera la denuncia, la operación parecía formar parte de una relación familiar prolongada: una mujer que trabajaba o residía en Suiza enviaba dinero a sus familiares en Paraguay para construir su futura vivienda. Durante ese período, las comunicaciones y fotografías habrían reforzado la percepción de que el proyecto estaba avanzando.
Ahora, la situación se encuentra en manos de la Justicia. La Fiscalía ya presentó acusación contra la pareja y pidió que la causa sea elevada a juicio oral, donde deberá sostener con pruebas su versión de los hechos.
Después vendrá una etapa decisiva: el tribunal deberá analizar las pruebas, escuchar a las partes y determinar si los hechos denunciados constituyen el delito atribuido y si los acusados son responsables. También deberá establecerse qué ocurrió con el dinero y si existe posibilidad de recuperar los fondos presuntamente apropiados.
El caso deja además una advertencia para miles de paraguayos que viven fuera del país y envían recursos para comprar propiedades: la confianza familiar no reemplaza la documentación jurídica ni la verificación independiente de una operación inmobiliaria.
En una época en la que las transferencias internacionales pueden realizarse en cuestión de minutos y las fotografías o mensajes digitales pueden crear una apariencia convincente de una operación que en realidad no existe, el expediente de Ciudad del Este demuestra que la distancia geográfica puede convertirse en un factor determinante.
La historia comenzó con el sueño de una casa propia financiada desde miles de kilómetros de distancia. Ahora, ese mismo proyecto terminará siendo discutido ante los tribunales paraguayos, donde la pregunta central será si los G. 170 millones destinados al inmueble fueron efectivamente apropiados de manera ilícita, como sostiene la Fiscalía, o si los acusados pueden ofrecer una explicación jurídicamente válida sobre el destino de los fondos.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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